El Carisma Providencia

Marie Agnès Kernel

Le Charisme Providence. Éditions Sintal, Lovaina, 1982
Prensa Creativa, Medellín, Colombia, 1997
Traducción: S. Betancur


Predicaban la palabra de Dios con valentía.
Tenían un solo corazón y una sola alma.
- Hechos 4, 31-32

 

Contenido

Introducción
Una interrogación
El Directorio

I. Las Hermanas de la Providencia
Su originalidad

1. La Fundación
El encuentro
El llamado
El envío
El establecimiento

2. La Búsqueda de la Identidad
Las instituciones antiguas
Las instituciones más recientes
La novedad

3. La Prueba de la Identidad
Las luchas con la autoridad
Las luchas con la población
Las luchas con la separación
Las luchas con la Revolución

II. De la Casa a la Misión
Las motivaciones evangélicas

1. Del tema de Jesús Niño a la maternidad espiritual

2. El Envío misionero

3. El Valor del Acto: 'Primero actuar, después enseñar'

III. La Providencia revelada
El fundamento teológico

1. La Experiencia de la Providencia

2. El Discernimiento de la Providencia
A. El discernimiento en la vida de Moye
El testimonio de Moye
Los criterios de su discernimiento
La Providencia como palabra que llama
Los datos del entorno
Los datos más personales
El criterio decisivo: su 'mejor querer'
El hombre creador de providencia
La Providencia como lectura del pasado
B. El discernimiento en la vida de las Hermanas
El don de la fe y los datos de la vida
El criterio de discernimiento
La tentación de hacer el bien
La prueba
El significado de la cruz

3. La Justificación
A. La perspectiva evangélica
B. La perspectiva paulina

IV. Un Estilo de Vida
Las cuatro virtudes fundamentales
Las cuatro virtudes
Las virtudes son sólo cuatro
Las virtudes deben ser al menos cuatro
Las cuatro virtudes son interdependientes
Un marco de reflexión

1. La Pobreza
A. Expresión de la pobreza de las Hermanas
Lo que se debe rehusar
Lo que se puede aceptar
Una evolución característica
B. Exigencia de la pobreza
Las riquezas de la pobreza
La pobreza como espacio de manifestación de la Providencia

2. El Abandono en la Providencia
A. La triple tentación del tiempo
La tentación del instante
La tentación del futuro
La tentación del pasado
B. El abandono
El abandono incondicional
La confianza
La complementariedad

3. La Sencillez
A. La sencillez ante los seres humanos
Lo contrario de sencillez: 'el espíritu del mundo'
La sencillez: 'el muro de bronce'
B. La sencillez ante Dios

4. La Caridad
La caridad que la Hermana debe hacer es 'misericordia'
A. La caridad apostólica
Las obras espirituales de misericordia
Las obras corporales de misericordia
La originalidad de Moye
B. La caridad fraterna
La cohesión no es institucional
La cohesión es carismática: 'un corazón y un alma'

Conclusión

Introducción

Jean-Martin Moye, una sacerdote lorenés de 32 años, en 1762 pone en obra un proyecto que guardaba en el corazón: enviar mujeres jóvenes a las aldeas para instruir a las niñas campesinas ignorantes.

Unos veinte años después, en 1785, refiriéndose a los humildes comienzos de su obra, Moye escribe en su 'Historia de las pobres Hermanas de la Providencia': "Despedirían a las Hermanas; dirían que no las querían. De ahí que se les llamara burlonamente 'Hermanas ¿qué haremos con ellas?'"

Hoy, las religiosas de la Providencia, en Europa y demás, a veces podrían estar tentadas a retomar esta expresión, '¿Qué vamos a hacer de nosotras?'

La humilde Marguerite Lecomte y la intrépida Marie Morel y todas sus compañeras de la primera hora comprendieron aquellas actitudes hostiles como un llamado al despojo del Evangelio: "Cuando hayais hecho todo lo que os fue mandado, decid: 'Somos servidores inútiles, no hemos hecho sino lo que debíamos hacer'." (Lucas 17, 10) Y ellas continuaron según la palabra.

En realidad, la enseñanza de Lucas pudo haber sido recibida con desconcierto y hasta con malestar por algunas Hermanas. ¿No eran pues ellas 'servidoras inútiles'? Su institución sorprendió y escandalizó al siglo XVIII en Francia, donde pronto habría de estallar una revolución sin precedentes que actuaría como una bola de nieve en el mundo. Se decía entonces que la obra de las Hermanas era atrevida e inoportuna. Hoy se tiene la tendencia a considerarla como desactualizada, inadaptada a una civilización en la cual el Estado asume las tareas educativas. Más que las actividades de enseñanza y su porvenir, quizás es la razón de ser de las Hermanas lo que está en juego.

Considerada la crisis de aspirantes que golpea rudamente a las diferentes congregaciones surgidas del 'pequeño grano de mostaza', ¿deben desaparecer las Hermanas junto con la necesidad que las hizo nacer? ¿O su originalidad viene de otro lugar y legitima, en los torbellinos del mundo de hoy, su existencia actual y su porvenir?

Para responder a estas preguntas cruciales es necesario interrogar la historia y descubrir la génesis de su institución. Es decir, se debe reflexionar primero sobre los lazos que unen a Moye con sus 'hijas'. ¿Qué representaban para él las Hermanas de la Providencia?

Parece a primera vista -si se considera la rica personalidad de Moye, su dinamismo excepcional- que la obra de las miniescuelas rurales asumida por las Hermanas de la Providencia no sea sino una obra más entre otras para ese hombre extraordinario.

Ordenado sacerdote en Metz el 19 de marzo de 1754, este joven -nacido en Cutting, una ciudad que pertenecía entonces al ducado de Lorena- ha hecho muy buenos estudios, especialmente en Estrasburgo. Pasa sus dos últimos años en el Seminario de S. Simon, en Metz, la ciudad episcopal. Su educación familiar -en una familia profundamente cristiana, con trece hijos- ha formado un joven sólido y equilibrado. Todo lo predestina a una carrera eclesiástica tan honorable como estable.

Considerada su exquisita cultura, sus superiores aspiraban a que Moye se consagrara a la instrucción de los seminaristas. Aunque no ocurrió así, sin embargo fue nombrado vicario en la sede episcopal, y director espiritual del seminario a pesar de su juventud.

En las parroquias hoy desaparecidas de S. Victor, S. Livier y S. Croix, Moye predica, confiesa, visita los enfermos, hace parte de un 'equipo' de catequistas con un amigo sacerdote, Jobal de Pagny. Sin embargo, no es en este contexto urbano, donde las urgencias de la caridad son evidentes, que se inscribe su 'Proyecto' de las escuelas.

Moye se interesará en la formación del clero. Será encargado por Mons. de Mareil de la puesta en marcha de un Gran Seminario en S. Dié, población que entonces no había sido erigida en diócesis. En China (1771-1784), Moye propondrá fórmulas nuevas para el acceso al sacerdocio de los indígenas. Tratará de formar una escuela apostólica en Cutting para el relevo de los misioneros. En 1792, poco antes de su muerte, dará retiros y cursos a los miembros del clero, refugiados como él en Tréveris (Alemania), la sede del arzobispado del cual dependían las diócesis de Metz, Toul y Verdún.

Moye fue también un escritor. Su libro más cuidado, 'El Dogma de la Gracia', seguido por el 'Tratado sobre el Espíritu del Mundo', fue publicado en París en 1768. Es necesario resaltar el tema, en aquel tiempo cuando las querellas y los errores jansenistas no habían sido completamente calmados. En Metz él hizo publicar su 'Colección de Diversas Prácticas de Piedad', de 347 páginas, en la cual se encuentra el 'Acto de Abandono' que nos es querido y familiar, y en China tendrá la osadía de componer, en la lengua del pueblo, el 'Libro de Oraciones del Señor del Cielo'. La 'Vida de Jobal' que permanecerá en manuscrito servirá para la edificación de sus colegas. No es pues la preocupación por aquellas institutoras lo que se ve en la obra de Moye.

Moye se interesa en la misión a partir de su experiencia en las aldeas próximas a Metz, donde quedó consternado por el abandono de las niñitas campesinas, y es en este contexto preciso como se comprende su fundación de las Hermanas de la Providencia. Pero el gran período misionero se sitúa entre 1771 y 1784 en China. Los años pasados en Su-tchuen están marcados por múltiples iniciativas: lucha contra el préstamo usurero, creación de pequeños seminarios campesinos, envío de mujeres 'bautizadoras', conformación de una congregación femenina autóctona.

Las actividades pastorales de Moye son de todo género y van desde la preocupación por la conversión de los luteranos hasta el asunto especial y delicado del bautismo de los niños prematuros; del servicio del clero a la atención de los soldados con tifo en Tréveris. Sus intervenciones son apasionadas, a menudo al borde de la paradoja. Inicia una obra, se entrega a ella de cuerpo y alma, y luego la abandona, en el momento cuando la atiende menos. Suscita envidias, hace enemigos tenaces, pero tiene amigos de una fidelidad irreductible.

Se podría preguntar qué lugar ocupan en una vida tal las escuelas de Lorena. O suponemos que ellas fueron una de sus preocupaciones sostenidas. Pero entonces, ¿fue él un organizador o un padre que inspiraba? La espiritualidad de Moye presentada por el P. Guennou aparecía como esencialmente misionera. ¿Qué afinidad existe entonces con sus hijas abandonadas en la Providencia. ¿Se ha desvanecido a tal punto como para no poderles transmitir una espiritualidad, una motivación que les sea propia?

A lo largo de nuestro itinerario en este libro será necesario tener en cuenta que se impone la distinción entre el 'carisma fundador' de Moye, aquella vocación singular del hombre Moye por suscitar una 'institución de Providencia', y el carisma que es la vocación precisa de aquellas que vivirán según su Proyecto. Las Hermanas tienen su identidad autónoma: la paternidad según el Espíritu lo exige.

Es necesario entonces ponerse en guardia contra la tentación de tomar a Moye como modelo sobre el cual la hermana se debe calcar. La hermana debe ser fiel a lo que Moye, animado por el Espíritu, quiere que ella sea.

Es pues no sólo legítimo sino también una exigencia ineludible referirse a los escritos de Moye sobre sus intenciones específicas acerca de sus Hermanas.

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