| El Espíritu del Mundo
Juan Martín Moye
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Traité sur l'Esprit du Monde, Scolastique Baltazard, Nancy, 1774 Prensa Creativa, Medellín, Colombia, 1998 Traducción: S. Betancur
Contenido
Advertencia
1. Lo que es el Espíritu del Mundo uno de los más grandes obstáculos para la Gracia
2. Suposición que S. Agustín hacía para hacer conocer si se tenía amor a Dios o si se estaba poseído por el espíritu del mundo
3. Cómo el espíritu del mundo se opone al espíritu de la religión
4. Jesucristo opone al falso bienestar del mundo las bienaventuranzas del Evangelio
5. San Juan Evangelista testimonió una aversión particular por el mundo
6. Los males que causa el Espíritu del Mundo
7. La Curiosidad y la Disipación
8. La Sensualidad y el Placer
9. El Orgullo, la Ambición y el Apego a los bienes de la tierra
10. El espíritu del mundo conduce a la irreligión
11. El gran número de impíos que hay en nuestros días es una consecuencia del progreso y del imperio del Espíritu del Mundo
12. El temor que los fundadores de órdenes religiosas le tuvieron al espíritu del mundo y las precauciones que tomaron para que no se insinuara en sus monasterios
13. El Espíritu de Grupo
14. El poco caso que un verdadero cristiano debe hacer de los discursos y de los juicios del mundo
15. La aversión que un cristiano debe sentir por el espíritu del mundo
16. Los medios para protegerse de la corrupción del mundo
17. Cómo se deben comportar para no contraer la corrupción quienes están obligados por su oficio a vivir en el mundo
18. Lo que se debe hacer después de haber estado en el mundo
Conclusión en forma de Oración
Advertencia
El Espíritu del Mundo es tan dominante y tan contagioso que no hay palabras suficientes para combatirlo. Sin embargo, no es tanto para convertir a los mundanos que yo escribo, sino para poner en guardia a los verdaderos cristianos; pues, desgraciadamente, cuando uno se ha dejado infatuar por este espíritu, es muy difícil despojarse de él para llenarse del espíritu de Dios.
El Salvador mismo lo dijo en el Evangelio, que el mundo en su enceguecimiento deplorable no puede recibir al Espíritu Santo (Jn 14:17). Ese es el anatema más fulminante que Jesucristo haya lanzado contra el mundo y sus partidarios; con esa terrible sentencia, Jesucristo juzgó, condenó y reprobó al mundo y a sus adeptos. Además, Jesucristo que oró por los pecadores y por sus mismos verdugos, declaró expresamente que no pediría por el mundo (Jn 17:9), dándonos a entender que el mundo no solamente es indigno, sino incapaz de participar en el efecto de sus ruegos, a causa de la resistencia a la Gracia y a los obstáculos que le aporta con sus malas disposiciones.
De ahí que la redención del mundano sea más difícil que la del más grande malhechor que no haya tenido el espíritu del mundo.
En efecto, se ven pecadores convertirse, pero pocos o ningún mundano. Yo ruego al Señor iluminarlos, pero no me ilusiono con poderlos sacar de su error. En mis intenciones tengo sobre todo a las almas cristianas que son religiosas pero que no le tienen suficiente temor al espíritu del mundo, que quieren incluso acomodarlo con el espíritu de la religión, o que escuchan a los mundanos cuando hablan o razonan de todo con los principios y las máximas del espíritu mundano que los anima, y que podrían dejarse seducir por tales discursos. Pues se ve a veces que, después de haber estado en compañía de mundanos, se destruyen los propósitos y los principios que se han recibido, hasta el punto de claudicar en la fe.
Esas son almas que es necesario proteger contra el espíritu del mundo, preservarlas del contagio inspirándoles aversión por ese mundo perverso y corrupto, que tan a menudo es condenado en el Evangelio.
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