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Hermanas de la Providencia y de la Inmaculada Concepción
Provincia Colombia - Perú
GUÍA VOCACIONAL
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Capítulo 4
Hermanas de la Providencia y de la Inmaculada Concepción
Provincia Colombia - Perú
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La Familia Espiritual Providencia
Hoy, en la Provincia Colombia-Perú, las Hermanas de la Providencia y de la Inmaculada Concepción comparten su carisma con grupos humanos muy diversos. Religiosas y laicos viven de un mismo espíritu, de una misma fuerza, de una misma confianza en la Providencia. Cada una y cada uno - en su pueblo, en su región, en su oficina o en su consultorio - en la medida de sus posibilidades,
son actores de Jesucristo.
Todos ellos, mensajeros de nuestro carisma, forman la Familia Espiritual Providencia.
Hermanas de la Providencia y de la Inmaculada Concepción
Una Hermana de la Providencia es una mujer consagrada, capaz de soledad
y de relaciones profundamente humanas, que ofrece la verdad de su ser
con sencillez y fidelidad a quienes la necesitan.
Consagrar la vida, toda la vida, a Dios y a los otros. Esto no es natural en un tiempo como el actual. Es, sin embargo, la opción que hacen las Hermanas de la Providencia al escoger una vida de entrega total a los designios divinos.
Para las Hermanas de la Providencia el compromiso radical tiende a un solo fin: participar en el dinamismo del Espíritu. Buscar el Reino de Dios y su justicia para todos. Todo lo demás se articula alrededor de esta prioridad fundamental.
Es así como estas mujeres hacen votos de obediencia, de pobreza y de castidad. En un clima de escucha, de cordialidad, la obediencia es una manera de hacer a un lado los deseos, los caprichos, para aceptar continuar una vasta misión: la de Jesús hoy. Al hacer voto de pobreza, las Hermanas de la Providencia quieren dar prioridad a la solidaridad con todos; así como Jesús vivió entre los pobres, las Hermanas quieren dar una prioridad a los más desfavorecidos. En una entrega total de sí, por un amor fraternal, las Hermanas aceptan el celibato para estar más disponibles, pero sobre todo, para ser signos de una unión más grande, de una compasión más universal.
Las Hermanas de la Providencia aspiran, no a ser monumentos de santidad, sino modelos sencillos de humanidad. Como Jesús. Su aspiración tampoco es reconstruir lo que ya existía, sino, innovando poco a poco, inventar maneras nuevas de vivir juntos como colectividad.
Consagradas de la Providencia en el Mundo
Las Consagradas de la Providencia en el Mundo son mujeres que encarnan en sus vidas el Espíritu Providencia en el mundo exterior. Al entregar su vida para ejercer el carisma recibido de Juan Martín Moye revelan la bondad a través de pequeños gestos de amor. Pero la entrega para ellas es un acto integral, sin condiciones, en el que el alma lo apuesta todo a la fe y confían plenamente en los alcances infinitos de la Providencia.
'¿Qué sentido tiene la vida?' Pregunta sorda que gritan muchas personas, algunas muchas veces a lo largo de su vida. Y cuya respuesta la encuentran las Consagradas de la Providencia en el Mundo: mujeres a quienes, por circunstancias muy diversas, no les es posible recibir la gracia de la consagración en la vida religiosa, pero que responden con toda su vida a ayudar a los más necesitados.
Para reestructurar la vida interior o para sosegar un pasado doloroso hay que dar tiempo al tiempo. Esperar el momento en que Jesús nos vuelva a poner de pie, y como hojas al viento nos dejemos llevar hacia los desfavorecidos de este mundo. Obedecer a las razones por las cuales los campesinos pobres de Lorena hace ya más de dos siglos nos llamaron 'Hermanas de la Providencia'.
Las Consagradas en el Mundo escuchan y siguen el llamado de Cristo en un proyecto lleno de visión audaz. En un noble riesgo vivido en la fe y alimentado por la esperanza.
Misioneras laicas Providencia
Las Misioneras Laicas Providencia son mujeres jóvenes, mayores de 18 años, que dedican un año o dos de su vida a revelar, a través de su testimonio personal de vida, el amor y la benevolencia del Dios providente. En este período su visión de la vida, de la gente y del mundo cambian. Aprenden a mirar a su alrededor con una visión nueva, llena de confianza en sí mismas, plena de serena audacia para ejercer su compasión. Este período no es pues un paréntesis en sus vidas, sino un espacio de libertad para decidir su porvenir afectivo, profesional y social con un corazón transformado por el Señor.
Compartir la audacia y la confianza de JM Moye no se improvisa. Por eso, estas jóvenes participan en una formación de dos o tres meses. Es también la oportunidad de profundizar la Palabra de Dios, de seguir las huellas de Cristo, de escoger siempre el servicio de los más pobres. El aprendizaje de la vida misionera se hace en el terreno. Las jóvenes son enviadas en misión a una comunidad de religiosas según sus aptitudes y, sobre todo, en función de las necesidades apostólicas. Comienza la experiencia de la confianza, del servicio. Las jóvenes participan totalmente en la Comunidad: en su misión, en su espiritualidad, en la vida fraterna.
Alfabetizar a niños y adultos. Cuidar enfermos. Trabajar en las comunidades de base y participar en el desarrollo agrícola de un pueblo. Trabajar en la parroquia por la catequesis o la liturgia. Animar grupos juveniles. No falta el trabajo. Esto es lo que hacen las Misioneras Laicas Providencia.
De visita en encuentro, de proximidad en amistad, estas animosas jóvenes se constituyen en apoyo y en esperanza para los rechazados, para los abandonados y olvidados de la sociedad. Y así, como Juan Martín, quien también fue un desplazado, descubren el Tercer Mundo - el mundo de la ignorancia, de la miseria y de la desesperanza.
¿Todo esto es muy ajetreado para ellas? Sí, y también para las Hermanas que las acogen en sus vidas, en su trabajo. ¿Fuente de alegría y esperanza, de plenitud? Sí, ciertamente: sus testimonios lo confirman.
Fraternistas Providencia
Los fraternistas Providencia son laicos que acogen en los acontecimientos de su vida la obra de misericordia del Padre, y llegan así a ser providencia para los otros. Y para este combate sin tregua se arman con el arma biológica más poderosa que existe: la Caridad.
Las fraternidades Providencia están formadas por laicos de todas las edades, de cultura y situaciones diferentes: profesionales, madres y padres de familia, obreros, enfermos ... por todos aquellos que se sientan llamados a acoger en su vida el misterio del Dios Providencia, y quieran llegar a ser providencia para los otros, en especial para los más pobres, los que carecen de amor y esperanza, los solos, los abandonados, los marginados de nuestra sociedad.
Así, los fraternistas Providencia se comprometen a hacerse providencia para todos aquellos con los que se relacionan cada día y a realizar con amor las obras de misericordia del Padre. A participar activamente en la vida de la comunidad local, civil y eclesial, y luchar decididamente por la defensa de la vida y de la justicia social, por la búsqueda de la solidaridad y de la paz. A cumplir sus diversos compromisos en espíritu de servicio, como María, Madre de la Providencia.
Una Hermana de la Providencia es la animadora en los primeros pasos de los grupos. Lazos de amistad, de confianza, del compartir espiritual y apostólico, unen a los miembros de la fraternidad y a las Hermanas de la Providencia. Estos vínculos se manifiestan en encuentros, en tiempos de oración común, en celebraciones de la Congregación, y en participación en el proyecto apostólico de las Hermanas.
Los miembros de la Fraternidad Providencia están unidos entre sí por un mismo espíritu y por un mismo compromiso expresados en un proyecto de Vida. Los encuentros son una fuente de vitalidad, tanto para los fraternistas como para las Hermanas.
Juventud y Amiguitos Providencia
Las fraternidades de niños y jóvenes se establecieron sobre el principio de que se aprende a amar más a Jesús mientras más temprano se comience a orar y a ayudar al prójimo en necesidad. Participando en grupos de ayuda social, organizados y dirigidos por fraternistas, los miembros de la Juventud Providencia encuentran una motivación profunda y esencial para sus vidas.
La Juventud Providencia tiene tres etapas: Amiguitos Providencia (preescolar a 3º primaria), Amigos Providencia (4º y 5º primaria) y Jóvenes Providencia (secundaria en adelante). La vida comunitaria, que inevitablemente genera fricciones, les enseña convivencia, a compartir tanto las alegrías como las dificultades del trabajo, y en consecuencia les inculca múltiples valores, entre ellos: madurez y seguridad en sí mismos, solidaridad y tolerancia, respeto a las diferencias, responsabilidad y sentido de propósito.
Al trabajar por el interés colectivo y no por el individual, al compartir con delicados gestos de amor y de bondad, de ternura incluso, tanto lo que tienen como lo que saben, en el corazón de cada joven y en el grupo entero brota la amistad verdadera: la amistad que comprende y tolera, que perdona y olvida, que participa en la experiencia de la Providencia.
En este laboratorio de la fe, desde niños los jóvenes expresan su vida ante Dios y escuchan su palabra mediante la oración. Reflexionan y dialogan sobre temas y acontecimientos que les ayuden a conocer mejor el mundo y su propia persona.
Mensajeros de humanidad, cada uno de los jóvenes ejerce una misión: se comprometen a hacer cada día el bien en favor de los necesitados, ofreciéndoles lo mejor que tienen y lo que son, con lo cual construyen día a día su persona según el estilo de vida de Jesús. Y se comprometen en la protección de la naturaleza y en el respeto a la vida, otra delicada misión que el Padre providente les confía.
La espiritualidad aún balbuceante de la Juventud Providencia es promesa de grandes obras y representa una buena parte del porvenir de nuestra Congregación.
Maestros Providencia
Miembros del personal docente de las diferentes comunidades educativas Providencia
que viven el Carisma Providencia o dedican parte de su tiempo libre a seguir manifestando en actos fuera de las aulas su fidelidad al espíritu de nuestra Congregación.
Inspirados por la máxima siempre actual de nuestro Fundador, "Nada es más importante que la educación de la juventud; de la juventud depende toda la vida", para los Maestros Providencia, las posibilidades de participar con su saber pedagógico en la búsqueda de justicia social se multiplican con su buena voluntad.
Los frentes de lucha contra la ignorancia son muy amplios y diversos. Por ejemplo: la alfabetización tanto de niños como de adultos, la atención dedicada a los "espíritus tardíos, a los genios lentos" de que hablaba tanto JM Moye, y la transmisión de conocimientos en las Escuelitas Providencia a los marginados de la sociedad, permiten descubrir en los alumnos las oportunidades de vida que los habitan, así como las que les impiden vivir.
A su manera deliberadamente optimista, sintiéndose actores comprometidos en la creación de un mundo más humano, los Maestros Providencia ponen en práctica la austera y oportuna admonición de Gabriel García Márquez: No esperemos nada del siglo 21, pues el siglo 21 espera todo de nosotros.
Profesionales Providencia
Los Profesionales Providencia son mujeres y hombres que ejercen alguna profesión libre y comparten su saber individual con los necesitados, ayudando así a difundir el Carisma Providencia.
Cada quien se compromete a una misión gratuita a su medida: los abogados defienden causas e instruyen sobre derechos fundamentales; las enfermeras, los médicos y los odontólogos cuidan a quienes los necesitan a todas las edades, y preferiendo la fuerza de la evocación sencilla al rigor de la explicación científica, les enseñan principios básicos de higiene, nutrición y prevención; los psicólogos escuchan y orientan; los expertos en sistemas y en informática, los veterinarios y los agrónomos transmiten sus conocimientos y crean conciencia ecológica.
Los artesanos, los artistas, los escritores ...
Cualquiera sea su actividad, con la fuerza de su ejemplo todos los Profesionales Providencia contribuyen, además, a la orientación profesional de la juventud y ayudan a descubrir la dimensión espiritual en las nuevas generaciones.
Sacerdotes Providencia
Portadores y mensajeros de la misericordia del Dios providente, mediante su acción apostólica los Sacerdotes Diocesanos Providencia comparten su tiempo al servicio de los más necesitados dentro de la espiritualidad de nuestra Congregación.
Las Consagradas al Mundo y las Misioneras Laicas son un regreso a nuestros orígenes, ya que las primeras Hermanas de la Providencia fueron jóvenes laicas. Así mismo, los sacerdotes diocesanos que hoy hacen parte de nuestra gran familia espiritual son un renacimiento histórico, pues desde el comienzo de su 'Proyecto' JM Moye se apoyó en la acción y en la reflexión de sacerdotes de su confianza como instrumentos para el engrandecimiento y la elevación de su obra.
Los sacerdotes Providencia por supuesto ejercen muchas tareas, pero por ejemplo, cuando participan en organizaciones de acogida a las legiones de desplazados por las luchas fratricidas en Colombia, hacen precisamente lo mismo que hizo el padre Moye durante su exilio y muerte en Alemania.
Orantes Providencia
Los Orantes Providencia son personas que dan a la oración personal y eclesial un lugar en su vida, que celebran al Señor y la vida con su participación en la Eucaristía y en los Sacramentos, que alimentan su fe con una lectura diaria de la Sagrada Escritura, y si es posible, adquieren una formación bíblica y doctrinal.
Ser religiosa o consagrada en el mundo, o llegar a ser misionera laica o fraternista, no está al alcance de todos. Y sin embargo es posible compartir el espíritu Providencia de una manera muy sencilla: mediante la oración. Centenares de laicos en el mundo, jóvenes y mayores, mujeres y hombres, limitados, enfermos o sanos, sostienen a una persona conocida mediante la oración. A su ritmo, según sus posibilidades.
Periódicamente, a quienes aceptan recorrer este camino espiritual se les envía una comunicación escrita con testimonios, pistas de reflexión, información sobre la misión de la Congregación. Se tejen lazos, nacen amistades. Se organizan encuentros anuales para aprender a conocerse y a darse cuenta de que se ha creado un amplio movimiento.
Orar también es audacia. El lenguaje de la plegaria es una fuerza que a su manera ayuda a mantener y desarrollar la misión Providencia.
Escuelitas Providencia
Entrega audaz y confiada a la providencia del Padre, estas son la escuelitas que Jean-Martin Moyë, aquel carismático e intenso sacerdote lorenés del siglo 18, fundaría hoy.
Basadas en la realidad de la calle, adaptadas, innovadoras, originales, las Escuelitas Providencia no tienen moldes ni leyes de enseñanza. Totalmente personalizadas, en ellas se trata de que cada niño, joven o adulto se sienta único y amado individualmente. Sencillas, sin pretensiones, no buscan resultados publicables.
Esta tarea la llevan a cabo profesores, alumnas, exalumnas, fraternistas y Hermanas de la Providencia.
Las Escuelitas Providencia fueron pensadas para aquellos que tienen un lenguaje diferente; que viven en comunas, en barrios marginados, en la calle, en pandillas; que dan un valor distinto a las cosas y desprecian, atacan y usan a los demás; forman grupos de corta duración y necesitan diversiones violentas; han sido lanzados al alcohol, las drogas, la prostitución, la muerte. Están solos, enfermos, sin afecto, sin amor. Que como JM Moye han sido desplazados de sus lugares de origen por causa de la violencia. Las Escuelitas Providencia pueden entenderlos. Las Escuelitas Providencia quieren recibirlos.
En las Escuelitas Providencia los alumnos se acogen con el contacto de una mano tierna, de una caricia. Con una visión plena de bondad y cariño. Con acompañamiento y comprensión, confianza y lealtad. Con sentido de Providencia. Para que ya en la escuela adquieran hábitos de esfuerzo y perseverancia, aprendan a compartir y a prepararse para el cambio constante de la vida. Y conozcan entonces la alegría y el amor, la confianza y la fraternidad, la fidelidad, la fe, y la Esperanza: los valores cristianos fundamentales.
Samaritanos Providencia de la Calle
Grupo de misioneras laicas que en compañía de voluntarios ejercen el apostolado de la escucha, y una noche a la semana comparten un sencillo alimento con los indigentes de la ciudad.
Para explicar a sus discípulos la noción de 'prójimo' ('mi semejante y mi diferente'), Jesús acude a la parábola del buen samaritano (Lucas 10/29): al ver un hombre tendido en el camino, la gente pasa de largo o da un rodeo, pero el viajero procedente de Samaria tiene compasión de él y le venda las heridas. De igual manera, así sea sólo una noche a la semana, por ahora, los samaritanos Providencia se acercan a los indigentes de la calle, no los eluden, los escuchan, les sonríen, y comparten con ellos una taza de agua de panela y un trozo de pan. También, claro, ropa, juguetes y utensilios domésticos, usados y nuevos, servirán para transmistirles su fe en la humanidad y la esperanza en la vida.
Pensado para quienes confían en la fuerza de lo pequeño, para quienes creen que en lo aparentemente banal se oculta a veces lo esencial, el proyecto Samaritanos de la Calle es otra puerta abierta al horizonte de la misericordia, otro compromiso íntimo con la causa de Jesús.
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Levántate Niña
Si gimes por los tiempos que corren, si piensas que el futuro era ayer, no tomes este camino.
Si cierras tu corazón, tus ojos y tus oídos, a los gritos de los sin amor, de los sin pan, de los sin voz, no tomes este camino.
Si crees que la Iglesia hace triste figura, que los creyentes de aquí y de allá no han entendido nada y no tienen nada que decirte, no tomes este camino.
Si buscas seguridad, abundancia y tranquilidad; si quieres vivir sola, sin nadie y sin ley, no tomes este camino.
Pero si crees en la vida, si el amor se encarna en tu corazón, si la libertad vive en tí como una felicidad, entonces arriésgate, toma el camino.
Si la Iglesia es tu madre, con la cara arrugada y envejecida, bella con la belleza de los resucitados, entonces arriésgate, toma el camino.
Asume el riesgo de la Fe, vete sin equipaje y sin dinero, abre las manos, y en lo más hondo de tu corazón teje los lazos inscritos en el Evangelio: la palabra que abre el espacio de vida. No tengas amor más grande que el dar tu vida. Acoge la alegría que hace pasar las pruebas. Acoge la vida que Dios te da.
Arriesga tu vida. Arriesga tu Fe.
No estarás sola: Vivirás con otras personas que participan de tus mismos ideales. Vivirás en Comunidad como los primeros cristianos, en amor y comprensión; todo lo tendrás en común.
Cristo será el centro de vida, compartirás la oración, la Eucaristía, la Palabra, para ser enviada, testigo del amor benevolente del Padre, guiada por María, según el carisma de Juan Martín Moye.
Levántate Niña.
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Imaginemos un Mundo ...
Un Mundo en el cual más y más laicos, mujeres y hombres, jóvenes y mayores, se sientan llamados y se dejen llevar a ejercer las Obras de Misericordia de Dios.
Que al contemplar el materialismo y la injusticia del nuevo orden económico global se conmuevan con el sufrimiento ajeno y se dejen enviar para anunciar la liberación contenida en el Evangelio y buscar la realización del proyecto divino.
Que se despojen de las preocupaciones de su propio bienestar y de su éxito personal, de la pulsión de adquirir, del impulso de consumir, y fortalecidos por el sentido del otro aprendan a hacer de su sufrimiento, de su soledad, de su apatía e indiferencia, de las visiones negativas de sí mismos, ocasiones de encuentro con el Señor, ofrendas dentro del plan redentor de Cristo.
Que se alejen del alboroto y la trepidación de la vida cotidiana que les impiden dirigir la mirada a lo trascendente y perdurable, y con sentido de gratuidad se comprometan a participar en la guerra contra la miseria, comenzando por la ignorancia: un combate difícil y a largo término que pondrá a prueba todos sus recursos y toda su voluntad.
Que con el coraje de estas convicciones se atrevan a hacer a un lado el egoísmo estructural de la época con su noción dominante de 'cada uno para sí mismo' y la transformen en una actitud solidaria y trabajen por la justicia social para que surjan valores con contenido evangélico entre los seres humanos.
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Himno a la Caridad
La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe, es decorosa; no busca su propio interés, no se irrita, sufre con la injusticia, se alegra con la verdad; todo lo excusa, todo lo soporta. La caridad no acaba nunca. Si no tengo caridad, nada soy.
- San Pablo, Primera carta a los Corintios
Quien no ama a su hermano, al cual ve, no puede amar a Dios, al cual no ve. Amamos a los hijos de Dios si amamos a Dios.
- Primera Carta de San Juan
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Prueba de una Postulante
Juan Martín Moye
Antes de admitir a una postulante, se la hará poner de rodillas y se le preguntará si cree lo que Jesucristo dijo en el Evangelio: "No se inquieten diciendo '¿Qué comeremos? ¿Con qué nos vestiremos?' Esas son inquietudes de paganos. El Padre celestial sabe que ustedes necesitan de todas esas cosas. Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y lo demás se les dará por añadidura." (Mateo 6:26-33)
La postulante hará un acto de fe sobre estas palabras del Evangelio y un acto de confianza en la Divina Providencia que gobierna todo y alimenta a las aves del cielo, según estas palabras de San Pedro: "Depositen todas sus inquietudes en el seno de Dios." (1 Pedro 5:7)
Se le preguntará si confía más en un contrato firmado delante de un notario que en la palabra del Evangelio, firmada con la sangre de Jesucristo.
Si la postulante no tiene una firme confianza en Dios, si no quiere abandonarse en Dios y dejarle el cuidado de su cuerpo y de su alma por el resto de su vida, no será admitida.
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Y los frutos sobrepasarán las promesas de las flores.
- Paul Claudel
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