La mayor parte de su vida la dedicó al Colegio de la Sagrada Familia donde sus alumnas la recuerdan como esa imagen espiritual, fina, delicada, elegante, femenina, amable, siempre con una sonrisa y con una mirada luminosa que daba un brillo a su figura blanca que pasaba por los corredores del Colegio del Peñón desgranando las cuentas de su rosario o imponiendo disciplina en la Jornada adicional, solamente con su presencia, plena de una autoridad bondadosa, ante ella nadie levantó la voz, todo marchaba con una disciplina y una organización impecable como su figura Amante de la Santísima Virgen, la Congregación Mariana, floreció bajo su dirección, maestra de castellano que invitaba a saborear los textos literarios, la poesía, la dramatización. Todo en ella fue bondad y ternura hasta el final de sus días que se fue inclinando, en la mansedumbre del silencio que aguarda, porque volver a habitar silenciosamente dentro de nosotros mismos es el comienzo de la resurrección
Todas sabemos que cada cosecha de trigo fueron semillas que aceptaron morir para darla a la vida Creer contra toda esperanza es permitirnos reconocer ese reducto de luz que nos habita hasta en las noches más oscuras, porque nuestro anhelo más profundo es la vida
Lo único verdadera nuestro, no es lo que podemos construir o conquistar, sino lo que siempre está dentro de nosotros, y podemos dar: nuestra vida La historia sin valor que la transfigure Volver a habitar silenciosamente dentro de nosotros mismos, es el comienzo de la resurrección
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