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Cali, 13 de junio de 2006
Nuestra Hermana Alicia Cuéllar Ortiz descansó en la Paz del Señor.
A los 69 años, 50 de ellos en la Congregación de las Hermanas de la Providencia y de la Inmaculada Concepción, partió nuestra Misionera Alicia Cuéllar, serena, en paz, invocando a la Santísima Virgen, dando un gran testimonio de su amor a la Iglesia, a la Congregación, a todas sus Hermanas, a su familia.
En las comunidades de el Peñón, Seminario Conciliar de Cali, Chinchiná, Guapi, Pichindé, Toro, Pereira, Terrón Colorado, Chanzará, prestó su servicio, siempre alegre generosa y fiel.
Misionera 25 años, 23 de ellos en Chanzará, educadora, profeta, capaz de leer con los ojos y el corazón que saben decir con amor y con pasión lo que Dios quiere y espera que digamos.
Sus ojos de transparente sencillez fueron capaces de contemplar el dolor, el rostro de la injusticia, los destellos de bondad y generosidad de todas estas personas que ávidas de la Palabra, acudían en sus potrillos a celebrar la vida, la Eucaristía, y rendir homenajes a María al son de los tambores y de los arrullos.
En su soledad, plena de Dios y de los otros, los pobres, sus ojos captaron el increíble misterio de las noches estrelladas, el misterio del mar y poco a poco, como un árbol de vida, su pequeña comunidad, su casa, fue creciendo, de sus manos y sus sueños, y desde allí con palabras suaves pero con vigor y entusiasmo fue gritando el Evangelio con la vida, anunciando a todos que Dios es amor, bondad, ternura, misericordia, y que siempre está a nuestro lado.
Los niños, el proyecto de la Casa de la Providencia, son un símbolo de su inquietud para aliviarlos en sus sufrimientos y en sus dolencias, su estar entre los sencillos, los desvalidos los bienaventurados de un Dios amor que los prefiere, no por lo que tengan de méritos, sino precisamente por su debilidad y su carencia.
Amante de su Congregación, fiel a ella, soñaba con conocer un día los lugares en donde vivió nuestro Padre Juan Martín Moye, en quien admiraba su celo misionero; en su humildad decía, no tengo méritos para ello, pero sé que la Virgencita me lo va a conceder, lo había dicho en una confidencia a Hermana Esperanza, estaba muy grave por una malaria y un día, a su oído, le dijo la Hermana Esperanza: Mejórate, vas a ir a Bélgica y unos meses después su sueño se hizo realidad; se empapó de ese misterio carismático de Juan Martín Moye, que se respira en Cutting y en la Casa Madre. Todas la recuerdan, por su mirada dulce, entusiasta, su alegre sencillez, siempre sonriente.
Su nacimiento, un primero de mayo, marcó esa sensibilidad en su vida por María, a quien amaba tiernamente; amante de su misión, ni las siete malarias, ni la soledad le hicieron abandonar este lugar, que en silencio e inesperadamente le estaba robando en temprana hora, la vida. Hoy, en un abandono confiado y pleno, renunció a su hora para encontrar la hora del Padre.
Gracias a todos los presentes, a quienes con tanto amor la acompañaron en su sufrimiento; a sus Hermanas, siempre al pie, susurrando a su oído palabras de amor y de fortaleza. A Monseñor Hernán Alvarado Solano, al Párroco Hilario Cuervo a los Sacerdotes, Religiosas, que compartieron con ella su celo misionero, a sus Hermanas de la comunidad de Guapi, y de toda la Provincia, a tantas personas de Guapi y Chanzará, de Terrón Colorado y de otros lugares que nos han testimoniado su solidaridad y admiración por su entrega misionera y que al visitarla recibieron el fruto de su purificación: una sensación de paz y serenidad, una sonrisa, una invitación a amar a María, nuestra Madre y confiar siempre en el Padre Providente que nos ama. Esa fue su última y fructuosa gira misionera.
Nuestras Hermanas Clemencia de la Torre, Superiora General, Rubiela, el Consejo, Louis Marie, Paul du Christ, Elvira, y tantas otras que desde Bélgica, Perú, están presentes, oran y se unen a todos, celebrando la vida de nuestra Misionera.
La muerte, es el desarrollo del grano de trigo que cae en tierra. Alicia: Eres parte de ese fruto injertado en la cruz que no se mide por categorías humanas sino por la paradoja de la cruz como ya lo había dicho Juan Martín Moye. Tu vida ha sido fecunda para la Iglesia y la Congregación
No quisiste celebrar tus bodas de oro aquí, lograste hacerlo en compañía de María, tu madrecita del alma allá en el cielo, ve con ella al encuentro del Padre y sigue susurrando al oído de muchos jóvenes que el proyecto de Jesús, sigue vivo y necesita de valientes que lo impulsen.
Hermana Fabiola Merino González
Hermana Esperanza Uribe Vallejo
“... Sor Alicia, vas llegando a la plenitud de tu vida, participando de los sufrimientos de Jesús en la cruz. El dolor no tiene la última palabra, te anuncia el pasaje hacia la felicidad eterna en el corazón de Dios.”
Último mensaje de Hermana Clemencia de la Torre a Sor Alicia.
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