Cali, noviembre 24, 2007
Hoy, nuestra Hermana Manuela renunció a su hora para entrar en la Hora de Dios.
Hermana María Elvia Londoño López muere a la edad de 92 años, 73 años de su vida consagrados al Señor en la Congregación de las Hermanas de la Providencia y de la Inmaculada Concepción, razón por la cual hoy estamos aquí para celebrar su vida.
Misionera, Educadora, Profeta, Ecologista, capaz de leer con los ojos y con el corazón, que saben decir con amor y con pasión lo que Dios quiere y espera que digamos. Maestra en el Colegio de la Sagrada Familia, en la Unión, en Bogotá. Creadora del museo del Colegio y colaboradora incansable en el Museo de Historia Natural en Cali.
Estuvo entre los sencillos y los desvalidos, los bienaventurados de Dios. Entregó su amor y su servicio a los niños, a los jóvenes, a las mujeres, en el barrio Terrón Colorado, cuando apenas aparecían los primeros habitantes, las primeras casas. Esa fue una rica experiencia verificable hoy en sus frutos.
Misionera por vocación, siempre quiso estar en Guapi, pero su salud, no se lo permitió.
Para toda su familia, sus Exalumnas que tanto la amaban, el saludo de nuestra Hermana Clemencia, Superiora General, aquí presente, de las Hermanas del Consejo, de la Hna. Louis Marie, para quien fue una gran colaboradora, de las Hermanas Paul du Christ y Rubiela.
A todos con gran cariño les decimos: no estén tristes, hoy es una celebración de la vida, vida que tanto amó e hizo reconocer en su labor docente. Ustedes siguen siendo parte de nuestra Familia Providencia.
Hermana Manuela: Fuiste una columna sólida en nuestra Provincia; sigue sosteniéndola con más fuerza. El recuerdo de tu vida seguirá germinando en ganas de vivir con autenticidad. Te queremos mucho Manú. Sigue calentando corazones y alumbrando caminos.
Hna. Fabiola Merino
Mujer fuerte, libre, fiel, emprendedora, tenaz, mujer práctica, más de respuestas que de indagaciones, de soluciones que de hipótesis, de solidaridad efectiva que de discursos elevados; amante de sus alumnas y exigente a la vez, líder en el respeto a la naturaleza, supo encontrar a Dios en la inmovilidad de una piedra, en el tallo de un árbol, en la disección de una hoja o de un tejido; allí con ella aprendimos el valor de la vida y el respeto a la creación.
Aprendió a envejecer, llevó su existencia hasta el límite de sus posibilidades, que hicieron de ella una siembra permanente de vida. Tranquila, callada, sus emociones se expresaban en las lágrimas que afloraban de sus ojos; en ella fueron muchos los momentos de gracia que recrearon su vida.
Hoy Manuela sigue siendo una Maestra. Ella vivió como un regalo permanente a los demás. Vivió según el Espíritu de Jesús y el Carisma Providencia. Y vivir según el Espíritu de Jesús es el medio de alcanzar la plenitud.
Hna. Esperanza Uribe