Globalización y Fragmentación
Impacto sobre la Vida Religiosa
J. B. Libaino, SJ
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Contexto cultural
Estamos viviendo un fenómeno paradójico. De un lado, el mundo se redujo y se convirtió en una 'aldea global', de tal modo que hoy las noticias circulan por el mundo entero como por un barrio. Hoy, todo puede ser visto por todos en todas partes. Esta es la Globalización.
Al mismo tiempo, nunca este mundo estuvo tan fragmentado. Todas las realidades parecen piezas de un mosaico desarmado que ya no se sabe cómo reensamblar. Los hechos circulan por todas partes, constituyendo la materia preferida de la globalización.
Globalización
La globalización encuentra su fundamento en el propio tipo de conciencia histórica que se desarrolla en Occidente y en la naturaleza misma del capital. El Occidente siempre fue un conquistador. El capital económico no tiene patria ni fronteras, sino impulso de acumulación.
La globalización económica, motor de toda otra globalización, sigue las fases de desarrollo propias del Capitalismo. Se inicia con el capitalismo mercantilista, el 'mercado libre', evolucionando hacia un capitalismo de las empresas transnacionales, las 'corporaciones multinacionales', y actualmente está en la fase del capitalismo informativo, de los grandes 'conglomerados informáticos'. La fase actual tiene un horizonte realmente global, literalmente mundial.
La globalización, o mundialización, afecta todas las dimensiones de la vida humana. Está produciendo una conciencia global, una forma planetaria de pensar, y por lo tanto de actuar, tanto en los individuos como en las sociedades.
Hay varias formas de globalización. La más importante de ellas es la gigantesca mundialización de la economía, la transnacionalización del capital financiero, del mercado, de la producción, de la comercialización de los bienes y de los productos. El flujo de capital financiero es el factor decisivo en tal proceso, unido a la alta tecnología propia de la informática actual.
Para la vida religiosa de hoy interesa directamente la globalización de la cultura a través de los medios masivos de comunicación, distinguida por una fantástica producción de bienes culturales que alcanzan los valores fundamentales de la existencia. Surge con ellos la famosa, o infame, 'cultura de masa'.
Se crean también estructuras sociales que se universalizan, de manera tal que a diario nos encontramos ante un conjunto de lugares impersonales: metros, aeropuertos, centros comerciales, anuncios publicitarios.
Crece también la movilización de grandes masas de personas hacia los centros urbanos nacionales e internacionales.
Y finalmente la misma religión sufre el impacto de la globalización.
Fragmentación
La modernidad irrumpe con la matriz de la subjetividad, con la valorización de la experiencia, de la conciencia personal, de la libertad individual.
El individualismo se constituye en ideología de la modernidad, o más precisamente de la postmodernidad, de tal manera que los valores, los intereses que la comandan giran en torno del individuo. Hoy, mientras la mentalidad colectiva favorece la unidad y la visión de totalidad para el grupo, el individualismo lo fragmenta al placer y la voluntad de cada uno.
Al situarse en el centro la experiencia de los individuos, en oposición a la tradición como experiencia colectiva, se produce un pluralismo en las visiones del mundo, en los valores, en las verdades, en las actitudes morales.
La razón científica analítica, que conduce siempre a nuevas especializaciones del saber, fragmenta las ciencias. Crea la mentalidad de relatividad de los acontecimientos, los cuales son válidos sólo hasta cuando surja otra teoría o se haga un nuevo descubrimiento científico. Se crea así un nuevo paradigma científico, en el cual la teoría cuántica, el principio de incertidumbre de Heisenberg y la teoría de la relatividad de Einstein, entre otros, refuerzan la mentalidad de que las verdades, las certezas, son provisionales, y que la conciencia misma del observador influye en la definición y hasta en la existencia propia del objeto observado.
La sociología del conocimiento desarrolla hoy una reflexión crítica sobre las condiciones subjetivas, ideológicas y particulares de todo conocimiento, explicando así su carácter fragmentario, su condición plural.
La psicología profunda (el psicoanálisis, creado por Sigmund Freud) fragmentó la pretendida unidad del ser humano en 'ego, id y superego', además de atribuir una importancia decisiva a los impulsos o pulsiones del inconciente. Le quitó un enorme espacio del actuar humano al campo de la libertad, de la vigilancia conciente y unitaria del Yo.
En la filosofía de hoy, la fragmentación se manifiesta, no tanto en la oferta de diversas visiones de totalidad - como la de Hegel, Marx y Teilhard de Chardin - como en la creciente conciencia de que la era de las 'grandes narraciones' cesó. Hegel pretendió pensar la realidad, Marx la transformó. Hoy ya no se piensa en la realidad, ya no se intenta transformarla, 'cambiar el mundo', sino que se vive en el presente: aquí y ahora. Esta es la corriente postmoderna, vehiculada por el pensamiento de los filósofos especializados en ella, como Vattimo, Lyotard, Guatari, Deleuze, y otros
Desde luego, los medios de comunicación masiva - el cine, la radio y sobre todo la televisión, y últimamente Internet - ejercen una importante influencia en el proceso de fragmentación de la conciencia humana moderno. La incapacitan para distinguir la realidad de la imagen, la verdad de la simulación, la certeza de la opinión. Al acelerar el ritmo de la información, al acelerarla hasta lo infinito, al saturar al público con ella, los medios de masa rompen la órbita referencial de las cosas, quiebran la estructura axiológica (lo relativo a los valores) de las noticias, de la 'informción', impidiendo al audiente o al espectador distinguir lo importante de lo trivial, lo ético de lo inmoral. Hoy hay una gigantesca fragmentación del tiempo, del espacio, de los valores, de la sensibilidad, hasta del amor.
El proceso de urbanización fragmenta las relaciones de las personas, rompiendo los espacios habitacionales homogéneos y los contactos primarios. Predominan las relaciones funcionales. El vecino deja de ser el compañero eventual de conversación para convertirse en el inoportuno, en el intruso que debe ser evitado.
Finalmente, la religión, que antes ejercía la función normativa en la pequeña ciudad, hoy pierde presencia como institución y deja el espacio para un pulular de infinitas formas religiosas individualizantes y subjetivas, cada una de las cuales fabrica su propia religión con fragmentos de tradiciones religiosas diferentes.
Resumiendo: en la actualidad estamos viviendo una confusa época, hecha más de paradoja que de lógica, de fragmentación que de sistema, de especialización que de visión global, de desconstrucción que de construcción, de objetivos inmediatos que de grandes metas, de experiencias religiosas plurales que de institución religiosa normativa, de pluralismo que de totalidad única, de libertad individual que de valores colectivos, de novedades que de tradiciones conocidas.
Impacto sobre la Vida Religiosa
Globalización
El primer efecto de la globalización de nuestra conciencia es una sensación de impotencia, de fatalidad ante los grandes problemas mundiales. Las conexiones entre ellos son gigantescas, e incontrolables. Surgen nuevos e inmensos poderes: intromisión, colonización, dominación. Crece la distancia entre ricos y pobres, con una escandalosa concentración de riqueza y una monstruosa injusticia social, ignorando que sin justicia no puede existir la paz. Perdemos el control sobre nuestro dinero, que servirá a causas opuestas a nuestros criterios evangélicos al hacer parte del flujo libre del capital global. El mundo del consumo nos ofrece acceso a todo tipo de bienes por medio del mimetismo, de la moda, de la imitación. Por ejemplo, los religiosos mismos fácilmente se embarcan en toda novedad de productos, adoptando la última moda tecnológica.
La globalización nos permite la creación de una conciencia planetaria de los problemas, arrancándonos de la comodidad de nuestro pequeño mundo familiar. La mundialización provoca la liberación de potencialidades individuales y colectivas inesperadas. El mundo se vuelve un nuevo lugar de crítica.
Con el advenimiento de la globalización se corre el riesgo de perder la identidad cultural de la vida religiosa, y así el consecuente desenraizamiento y desdibujamiento de los contornos locales. Con la mundialización se asimila una cultura de masa, de nivel más bajo y sin alma.
Con la mundialización, el mundo mismo de la religión se amplía con exigencias de apertura para las otras religiones, de relativización de nuestra Iglesia y de necesidad de diálogo inter-religioso.
Fragmentación
Dicha situación influencia la vida religiosa produciendo cansancio con los ritos tradicionales y con las formas antiguas. Hay una pérdida sensible de la fuerza motivadora del rito y de la tradición. Hoy hay más interés por las experiencias religiosas nuevas que por una profundización de la fe cristiana, manifestada en el seguimiento de Cristo y en el amor a los pobres. Hoy se hacen experiencias religiosas sin continuidad, sin compromiso; de ahí tantas entradas y salidas de la vida religiosa actual. El deseo de experiencias religiosas diferentes dificulta tanto la vivencia del carisma de manera estable como la de una vida espiritual exigente y comprometida con el bien común.
Hoy, las dificultades espirituales suelen ser superadas a nivel individual, de manera emocional, creando así caminos espirituales personales y eclécticos, útiles sólo para sí mismo. En este contexto se tornan importantes los relatos personales y los testimonios individuales, cargados de subjetividad, de emotividad. A su vez, hay dificultades para asimilar a profundidad las decisiones capitulares y las enseñanzas congregacionales más exigentes.
Pistas de Acción
Globalización
La globalización tiene una cara destructiva, como se acaba de ver. Es necesario entonces desarrollar una verdadera resistencia contracultural, manteniendo la identidad cultural y religiosa, creando una conciencia crítica, contraponiéndose al etnocentrismo europeo (occidental), y discerniendo el uso de la tecnología sin caer en la moda de la última tecnología.
En relación con las valencias positivas de la globalización, tenemos que asumirlas. Aprovecharlas como base material para una solidaridad mundial, creando una nueva forma de solidaridad humana, enriqueciéndonos con la diversidad de comunidades y culturas humanas del planeta en una integración de los pueblos.
La democratización de la comunicación de información es otro valor que debe ser cultivado. Se puede usar con provecho la telemática para comunicar e informar apropiadamente.
También tenemos que hacernos concientes de la necesidad de una praxis ecosocial mundial. Y reconocer que hoy existen nuevas formas de educación, tanto para nosotros mismos como para los demás.
Por fin, nos encontramos ante el desafío de la puesta en práctica del diálogo inter-religioso.
Fragmentación
El ejercicio de los pequeños relatos y testimonios lleva a las personas a percibir un sentido mayor, englobante, que consiste en buscar algo más consistente que la simple experiencia narrativa. Hay, en el fondo de ellos, presente en los pequeños relatos, algo más estable. Este es un ejercicio típico de los 'Círculos bíblicos'. A través de este ejercicio, muchos grupos pudieron ser llevados a un compromiso más serio y prolongado con la gracia de Dios.
Esta práctica espiritual se aproxima también a la 'Contemplación para alcanzar amor' de San Ignacio en los Ejercicios Espirituales. Se puede incluso recurrir al ejemplo de San Francisco, quien veía a Dios en las cosas ordinarias, y al de San Ignacio, quien lo descubría en los acontecimientos comunes.
En cuanto a la resistencia a la dimensión intelectual de la fe, vale la pena retomar las afirmaciones centrales de la encíclica de Juan Pablo II 'Fides et Ratio'. La razón sin fe se desvía, la fe sin razón también corre el peligro de caer en emocionalismos. Debemos situar, por tanto, la razón en su debido lugar en la fe y en la vida, lo cual se constituye en lucidez y no en prepotencia.
Nada de esto impide valorizar las experiencias personales y la dimensión de gratuidad, así como la mayor sensibilidad para lo estético y lo simbólico.
Y debemos aprovechar incluso los elementos de las corrientes mística, psicólogica y ecológica de la actualidad.
Sâo Paulo, julio 2002
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Traducción
S. Betancur
Medellín, Colombia