HERMANAS de la PROVIDENCIA y de la INMACULADA CONCEPCIÓN

M e n s a j e r o s


Hay que agradecer a Dios por todo; bendecirlo, alabarlo, adorarlo, amarlo en todo y en todas partes, porque es Él quien hace todo.

- Juan Martín Moye

Religiosas y laicos viven de un mismo espíritu, de una misma fuerza, de una misma confianza en la Providencia. Cada una, cada uno, en su pueblo, en su región, en la medida de sus posibilidades, son actores de Jesucristo. Todos estos mensajeros forman hoy la Familia Espiritual Providencia.

 

Religiosas

El taller del amor

Consagrar su vida, toda su vida, a Dios y a los otros. Esto no es natural en un tiempo como el actual. Es, sin embargo, la opción que hacen las Hermanas de la Providencia al escoger una vida de abandono radical en Dios.

Sor Paulina cuenta: "Muy niña, me seducía mi maestra de escuela. Sencilla, justa con todos, siempre con una palabra amable. Me dieron ganas de llegar a ser como ella."

Para las Hermanas de la Providencia el compromiso radical tiende a un solo fin: participar en el dinamismo del Espíritu. Buscar el Reino de Dios y su justicia para todos. Todo lo demás se articula alrededor de esta prioridad.

Es así como estas mujeres hacen los votos de obediencia, de pobreza y de castidad. En un clima de escucha, de cordialidad, la obediencia es una manera de hacer a un lado los deseos, los caprichos, para aceptar continuar una vasta misión: la de Jesús hoy. Al hacer voto de pobreza, las Hermanas de la Providencia quieren dar prioridad a la solidaridad con todos; así como Jesús vivió con los pobres, las Hermanas quieren dar una prioridad a los más débiles, en particular a los jóvenes. En una entrega total de sí, con amor fraternal, las Hermanas aceptan el celibato para estar más disponibles, pero sobre todo, para ser signos de un amor más grande, de una amistad más universal.

'¿Qué sentido tiene la vida?' Pregunta sorda que grita mucha gente. Pregunta a la que Sor Cristina quiso responder con toda su vida. "Porque a mí, Jesús me ha vuelto a poner de pie; me ha unificado."

Como la hoja en los dedos del viento se dejó llevar, de visita en encuentro, de proximidad en amistad, y descubrió el Tercer Mundo. Al principio las puertas permanecían cerradas. Por miedo a la policía, por miedo a una traición. Para sosegar un pasado doloroso hay que dar tiempo al tiempo. Luego, un día, alguien se confió a Sor Cristina. Habló durante una hora, dos horas, toda una noche. El respeto ofrecido había acabado por liberar las palabras. "Hay momentos difíciles. Pero me toca aceptar el encuentro tal como el otro me lo propone."

En unos álbumes grandes Sor Cristina reunió fotografías, frases oídas, textos leídos. "Es la memoria de nuestros pequeños grupos. Me gustaría tanto hacerles sentir que su vida no es una montaña rusa sino una historia que avanza. Juntos, cantamos mucho. Me gusta ese desbordamiento que viene del interior, esas oportunidades de canturrear la paz, la alegría, la amistad."

Por la noche, Sor Cristina vuelve a encontrar su pequeña comunidad religiosa. "Es a la vez mi lugar de relaciones, mi detector de mentiras. Las diferencias de edad, de cultura, de sensibilidad, son grandes. Pero ese es el taller del amor."


Laicos misioneros

¿Por qué no?

Nancy tiene 18 años. Manuel 22. En la escuela tuvieron oportunidad de encontrar Hermanas de la Providencia. Algunos compañeros les contaron de su compromiso como misioneros laicos. La aventura les gusta: dedicar uno o dos años de su vida al servicio de los más necesitados. ¿Por qué no?

Alfabetizar a niños y adultos. Cuidar enfermos. Trabajar en las comunidades de base y participar en el desarrollo agrícola de un pueblo. Trabajar en la parroquia por la catequesis o la liturgia. Animar grupos juveniles. No falta el trabajo. En Quito, Ecuador, primero, y en Colombia después.

Desde hace más de 20 años centenares de jóvenes se remangaron para participar en la misión de Providencia.

"Sin su ayuda", explican las religiosas, "seríamos incapaces de responder a tantas necesidades. Son jóvenes llenos de vida, de fuerza. Son alegres y generosos. Es una suerte tenerlos con nosotras. Son una fuente de esperanza."

Compartir la audacia y la confianza de Moye no se improvisa. Por eso, estos jóvenes participan en una formación de dos o tres meses. Es también la oportunidad de profundizar la Palabra de Dios, de seguir las huellas de Cristo, de escoger siempre el servicio por los más pobres. El aprendizaje de la vida misionera se hace en el terreno. Los jóvenes son enviados en misión a una comunidad de religiosas según sus aptitudes y, sobre todo, en función de las necesidades apostólicas.

Comienza la experiencia de la confianza, del servicio. Los jóvenes participan totalmente en la Comunidad: en su misión, en su espiritualidad, en la vida fraterna. ¿Es ajetreado para ellos? Sí, y también para las Hermanas que los acogen en su vida, en su trabajo. ¿Fuente de alegría y de esperanza? Sí, verdaderamente.

Ana tiene 20 años. Terminó sus estudios de maestra. Su sueño: trabajar con niños en un barrio marginado. Pero antes de lanzarse a la vida profesional intentó otra aventura: dar uno o dos años de su vida a los más pobres. Vivir de una manera distinta. No es un paréntesis en la vida, es un espacio de libertad para decidir el porvenir con un corazón transformado por el Señor.

Manos llenas de corazón. Eso se necesita para compartir el trabajo de las Hermanas de la Providencia. Ana trabaja con las familias del barrio. "Aprendí los gestos sencillos, pero llenos de amor." Es una experiencia inolvidable, así no sea patente todos los días. Dar su tiempo, darse sin descanso a los niños, a las familias que necesitan que se les dé una mano.

"Aprendí la perseverancia. Soy responsable de mi trabajo; responsable de cumplirlo bien. Aprendí a vencer el miedo a lo desconocido, y hoy sé que soy capaz de realizar actividades que antes tenía miedo de empezar. Trabajar, pero también compartir la vida de una comunidad, prestar servicios en la casa, participar en la oración. La vida comunitaria me hizo más fuerte. Aprendí a vivir en grupo, a compartir dentro del grupo las alegrías del trabajo, y también sus dificultades. Y aunque todo esto no se hace sin algunas fricciones, la vida en comunidad me ha dado más seguridad."

Antes de lanzarse a esta aventura, Ana recibió una formación de algunos meses. Es la oportunidad de encontrarse con el que inspiró la Congregación de la Providencia. Una oportunidad de hacer suya la palabra del Evangelio: 'Mirad los lirios de los campos'.

"Mi mirada sobre la vida, la gente, mis vecinos, mi familia, el mundo, ha cambiado. Aprendí a mirar a mi alrededor con la mirada de Dios." Una mirada llena de confianza y de audacia!


Fraternistas

También providencia para los demás

Las primeras Fraternidades Providencia nacieron en Zaire, hoy RD del Congo. Tomás está sin recursos y va donde las Hermanas en busca de un pequeño empleo. Se entabla la conversación: ¿Quiénes son las Hermanas, qué es lo que las hace vivir?
De una cosa a otra, Tomás se documenta, oye hablar de Juan Martín Moye, pregunta a las Hermanas, y como quien no quiere la cosa, comparte todo esto con un grupo de amigos. Dos docenas de jóvenes adultos, estudiantes, obreros, profesores, se reunen cada semana. Tienen curiosidad de saber más sobre la Providencia y, más que todo, tratan de vivir de ella, cada uno en su ambiente, en su trabajo, en su vida.

Francisco pertenece a una Fraternidad Providencia. En tres años su vida se ha enriquecido con increíbles relaciones. "Entre Dios y yo, había un gran abismo. Hoy, Dios está más cerca de mí. Puedo gritarle mis rebeldías y susurrarle mis alegrías. Los contactos con mis semejantes también se profundizaron. Jóvenes colegas de trabajo, miembros de mi familia, me enseñaron a compartir, a entregarme, a acoger lo que los demás me pueden transmitir."

Luego, de repente, un accidente de trabajo deja a Francisco sin movimiento, sin posibilidad de caminar. Es un sufrimiento indecible para un hombre joven, sediento de vida. Entre momentos de depresión y sesiones de fisioterapia, quiere sin embargo contar con la Providencia. "A pesar de mis dificultades y de mis lágrimas, tenía confianza en ella. Me ayudó a apaciguar mi corazón, a superar mi desesperación."

Ahora, Francisco se ha reintegrado a la empresa. Y no es su silla de ruedas lo que frena su compromiso. "Yo también quiero ser providencia para los demás."

Una Fraternidad empieza a menudo por una sed. Sed de entender, de conocer, de participar de la fuerza de la Providencia. Reflexión y acción van a la par. Cada Fraternista se compromete verdaderamente a una misión a su medida. Ejemplos:
En Colombia, la primera Fraternidad se organizó en un barrio ardiente, donde los sicarios son legión, o casi, tanto como los pobres. Un abogado de la Fraternidad se ofrece para defender su causa. En Perú, un médico cuida gratuitamente a los más necesitados. Profesores, jóvenes, enseñan a leer a los niños y a los adultos. En Ecuador algunas exalumnas dan su tiempo y buscan dinero para sostener escuelas para pobres y centros de promoción. En Italia, entre otras, se ha empezado una fraternidad de niños. "Se aprende a amar más a Jesús; oran, juegan, se sienten felices", explica Alejandro. Cada uno su misión aunque tenga 10 años: "Me comprometo a hacer cada día el bien."

Esto es ser mensajero de la Providencia. Los fraternistas se organizan, echan una mano, y el Espíritu de Providencia sigue vivo. La Fraternidad se va extendiendo y crea otra, que escoge otra misión. Hoy, más de un centenar de grupos.

Así va la vida, así sopla el Espíritu ...


Orantes apostólicos

Orar también es audacia

Ser religiosa, o llegar a ser misionero laico o fraternista, no le es dado a todo el mundo. Y sin embargo es posible compartir la audacia y la confianza en la Providencia de una manera muy sencilla: con la oración. Centenares de laicos en el mundo, jóvenes y mayores, hombres y mujeres, minusválidos, enfermos o sanos, sostienen a una persona conocida, amiga, por la oración. A su ritmo, según su disponibilidad.

En Bélgica, cada trimestre, una hojita de enlace, un breve escrito, une a las personas que aceptaron recorrer este camino espiritual. Algunos testimonios, algunas pistas de reflexión, información sobre la misión de la Congregación, sobre el espíritu insuflado por Juan Martín Moye. Se tejen lazos, nacen amistades. Se organizan encuentros anuales para aprender a conocerse y a darse cuenta de que se ha creado un amplio movimiento. Porque orar es también sostener y participar a su manera la audacia de la misión. La oración es una fuerza.

La señora Ospina conoce desde hace mucho tiempo a las Hermanas de la Providencia. Su acción con las jóvenes. Ella misma fue alumna de una escuela de la Providencia. Conoce bien sus trabajos en los barrios marginados en América del Sur. Siempre admiró su confianza; un poco ingenua a veces, pensaba. Soñaba con participar en esta misión, comprender lo que anima a la Congregación y le permite vivir con fortaleza y tranquilidad. Pero la vida parecía haber decidido de otro modo. "Casada, madre de tres hijos, es imposible para mí participar de esa vida", pensaba.

Hasta el día cuando una religiosa le habló de los Orantes Apostólicos. Qué nombre tan raro! Pero la idea le gustó. Compartir la oración de centenares de hombres y de mujeres que, como ella, desean apoyar la Congregación, sin poder entregarle toda su vida.

"Me asocio regularmente a la oración de la Comunidad, por la noche en mi casa, sola o con mis hijos y mi marido. Orar no es una acción gratuita. Es exigente pero hace feliz. Me comprometí a asociarme a esta oración. A seguir un camino en pos de Jesucristo. Juan Martin es un guía audaz y seguirlo es aceptar confiar en Dios."

La señora Ospina recibe regularmente una hojita de enlace. Este pliego nos informa sobre las acciones de toda la familia. "Así es como, al leerlo, entiendo mejor el espíritu de Providencia. Es allí donde uno comparte las oraciones, las intenciones, los testimonios; en una palabra, todo lo que hace la vida de esta familia espiritual a la que pertenezco. Tengo así la impresión de sostener, según mis posibilidades, la misión de la Congregación."

Más que una impresión, es la realidad. Una realidad que sirve de apoyo y de esperanza a los angustiados días que vive hoy Colombia.


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