Espiritualidad Cósmica y Divina Providencia

Mary Christine Morkovsky, CDP

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En cada estado, el Cosmos se mira a sí mismo con nuevos ojos, y suscita nuevos mundos que antes no existían. - Ken Wilbur


La Cosmología estudia el origen y la evolución del Universo en su conjunto.

La Providencia es el aspecto de Dios como un Dios que se preocupa por toda su creación, y que alienta y se apasiona por las relaciones afectuosas creadas entre todos. Dios se da cuenta de todos los acontecimientos y responde a ellos tal como se producen. Dios nos seduce, invita nuestra cooperación en el plan divino para maximizar el Bien en toda la creación.

La Ciencia tiene evidencia del 'big bang', la gran explosión al comienzo del universo hace quince mil millones de años. Del estado inicial de máxima energía y densidad, la temperatura aumentó y el cosmos se expandió, dirigido por los cuatro elementos dinámicos universales: gravedad, fuerza electromagnética, fuerza nuclear fuerte y fuerza nuclear débil.


Las Eras del Tiempo


En el tiempo se distinguen cinco grandes épocas:

1. Primordial - Al comienzo toda la materia se encontraba en forma de quarks y de antiquarks. Aún no existían las estrellas ni las galaxias. Todo era energía radiante. A medida que el universo se enfriaba, los quarks se condensaron en hadrones, los cuales incluyen los protones y los neutrones, presentes en el núcleo de cada átomo actual.

2. Estelerífera - Esta era ha durado entre diez y quince mil millones de años y se calcula debe durar aún otros cien trillones de años. Esta es nuestra era, pero todavía estamos en nuestra adolescencia cósmica. Las estrellas son la fuente más importante de energía, y activamente se forman, viven y mueren.

Nuestro Sistema Solar está situado en una galaxia gigantesca con forma de disco llamada la Vía Láctea. Nuestro Sol se formó hace cerca de seis mil millones de años y debe durar un número igual de millones de años, hasta que se consuma el hidrógeno almacenado en su núcleo.

La Tierra se originó hace cuatro mil quinientos millones de años.

En cuanto a las Eras de la Tierra, las épocas en las que comenzó un nuevo orden – no un orden geológico sino nuevas actitudes, 'zoion' en griego y 'zoon' en latín significan 'animal', que aquí entendemos como vida en general – podemos distinguir las siguientes:

Cenozoica La era actual, fue precedida por las eras cámbrica, paleozoica y mesozoica, y comenzó hace 65 millones de años, cuando desaparecieron los dinosaurios y surgieron los grandes mamíferos. Los seres humanos se originaron hace cuatrocientos mil años, y hace cinco mil años comenzaron a ejercer presión sobre el planeta. Con la revolución industrial, hace trescientos años, la presión se convirtió prácticamente en un asalto.

Tecnozoica Este término se refiere al sueño de superar los límites, los ritmos de base, los estados naturales del planeta con la tecnología - a la creencia de que la clave para alcanzar prosperidad y justicia económicas es el crecimiento indiscriminado, la producción de todo lo que se pueda vender. Producto de la revolución industrial, esta actitud no vacila en tomar recursos beneficiosos para devolver productos tóxicos, contaminación ambiental y residuos de los cuales no es posible desembarazarse.

Ecozoica Esta era se refiere a una actitud ('oikos' en griego es 'casa') cuando los seres humanos asumieron su responsabilidad legítima de favorecer el bienestar de la tierra, y comenzaron a practicar la Ecojusticia. Esta época se considera comenzó a principios de los años setenta.

3. Degeneración Cuando el sol agote la sustancia de que está hecho, el hidrógeno, será incapaz de oponerse a la fuerza de gravedad, se comprimirá por efecto de su propio peso, aumentará su luminosidad, y emanará tanta radiación que esterilizará la tierra por completo. Sus planetas migrarán a otras órbitas. Y predominarán entonces las estrellas llamadas enanas oscuras y enanas blancas, las estrellas de neutrones y los agujeros negros.

4. Agujeros negros De existencia confirmada hace unos años, estos 'objetos' cósmicos son tan densos, poseen una fuerza gravitacional tan grande, que atrapan todo lo que esté próximo a ellos, incluso los fotones. La luz no puede escapar de los agujeros negros.

5. Oscuridad Los protones se consumirán y los agujeros negros se evaporarán. Sólo quedarán neutrinos, electrones, positrones y fotones de longitud de onda colosal - los elementos con que comenzó el universo, el espacio-tiempo actual. En todas las eras, el universo es homogéneo e isótropo: sus propiedades físicas son idénticas en todos los puntos y en todas las direcciones. Nuestra vida es una parte minúscula de la historia cósmica, pero no es insignificante, en modo alguno. Es la única vida que tenemos, y se encuentra en este planeta, aún habitable.

En lo individual, se reconocen Tres principios universales:

Diferenciación
Cada uno de todos nosotros es único, irrepetible, con un valor especial al final.

Interioridad No obstante su minúscula creatividad, cada quien puede articular su propia estructura interior, ejercer su propia espontaneidad natural: llegar a estar presente en el universo entero.

Comunión Cada individuo está conectado, adherido a otra realidad. Ninguna criatura está separada del todo, o sola del todo. El espacio-tiempo mismo es curvo, contiene todas las cosas en un abrazo compasivo. Entre nosotros, los seres humanos, hablamos de Amor. Pero esta es una expresión del equilibrio, de la armonía con que amorosamente está tejida la tierra entera.

Igual que en la Trinidad, las tres personas distintas están presentes en nosotros, de manera mutua e inseparable. Cada criatura refleja la presencia trinitaria y dinámica de Dios al mantener a las criaturas en existencia (Fuente, causa eficiente) y transformando la materia en Nueva Creación (Verbo encarnado, causa ejemplar), y uniendo todo (causa y fin) con aquello latente en toda la naturaleza: el Espíritu.

Ken Wilber señala que la archibatalla, la lid de toda las lides en el universo, es el egocentrismo versus la evolución: el individuo contra la especie. El interés personal es contrario a la naturaleza, a la moralidad y a la religión. El universo siempre trata de crear unidades cada vez más grandes y profundas, a fin de crear uniones mayores: una molécula supera el egocentrismo de un átomo, una célula el de una molécula, un tejido el de una célula, y así sucesivamente: los órganos, los sistemas, los organismos.

Para establecer la propia individualidad, tenemos que ayudar a otros para que establezcan la suya propia.

Existe una Nueva Espiritualidad: amar la creación, que es de Dios y que por tanto se asemeja a su Fuente. Las experiencias sensoriales de la creación son experiencias de lo divino.

De esta nueva espiritualidad hace parte la Ecojusticia: suficiente apoyo mutuo y comunidad para disfrutar la armonía con Dios, con cada otro, y con la naturaleza. Reverenciar a todas las criaturas, no porque son útiles para los seres humanos sino por sí mismas, como objetos de valor para Dios. De otra manera, ¿por qué las creó Dios?

Y existe lo contrario – un nuevo dios, un nuevo acto sagrado: el consumo de la materia. El pretendido desarrollo habitualmente explota los recursos naturales en lugar de respetarlos, de emplearlos para necesidades reales, y aumentarlos para el uso de las futuras generaciones. Por ejemplo, las prospecciones en la Antártida y en el Refugio Nacional de Vida Salvaje en el Ártico.

La obsesión con la eficiencia, la maximización. Lo grande es lo bueno. Lo que ahorra tiempo es bueno. El avión Concorde por ejemplo.

Manipular, dominar a la naturaleza y a los seres humanos. Ejemplos: la clonación y la ingeniería genética.

La actitud descrita funciona en el paradigma de que el progreso y el consumo ilimitados son valores elevados. Los recursos deben ser explotados porque si no lo hacemos ¿quién lo hará? ¿Las futuras generaciones? Dejémoslas que se las arreglen ellas mismas haciendo su vida placentera como lo hicimos nosotros.

Desde luego esto incluye la dominación pues las otras criaturas tienen sus propios ritmos que no siempre son ventajosos para nosotros. Así, debemos forzar a otras criaturas a colaborar en nuestra conveniencia y para nuestra comodidad.

La ley de la naturaleza es la competitividad; la supremacía del más fuerte. Quien venza al otro es el mejor. Sólo los valientes merecen la justicia. Los vencedores se quedan con todo.

El propósito del trabajo es hacernos confortables materialmente; conseguir cosas placenteras y satisfactorias.

Y tolerar cualquier trabajo, así sea monótono y cuestionable moralmente, mientras redunde en dinero para Mí.

Un Nuevo Paradigma

Los recursos materiales en este planeta son limitados. Si tengo mucho de algo, alguien tiene poco de lo mismo. La medida es la suficiencia para las necesidades básicas.

Hemos consumido la mayor parte de los recursos de la superficie de la tierra y dependemos ahora mucho del petróleo, del carbón, de los metales y de otros elementos que deben ser obtenidos por perforaciones o por minería a cielo abierto por empresas que utilizan todo tipo de maquinaria.

Concientes de esta depleción, en lo posible usamos recursos renovables como el agua y el viento o plantas y animales que se reproducen.

En lugar de doblegar a la naturaleza para nuestros fines, la cuidamos y tratamos de interactuar con ella de manera saludable en lugar de explotarla.

Esto demanda cooperación y no competición y dominio. Debemos trabajar para satisfacer nuestras necesidades, pero nuestro trabajo es igualmente una manera de expresar nuestros talentos y de enriquecer la vida de aquellos a nuestro alrededor, con belleza, alegría y actividad creadora.

El acto de Crear es expresión de Dios mismo, pero también podemos ver ese acto como limitación de Dios.

¿Cómo puede ser limitado un ser perfecto y todopoderoso? Al conceder un cierto poder a las criaturas en lugar de conservarlo todo para sí.

¿Sorprende saber que Dios no usa poder divino para controlar cada detalle? ¿Que Dios se puede sorprender? El hecho de que existan seres concientes de sí mismos como nosotros, nos dice que Dios comparte la libertad y la creatividad, que no las conserva todas para sí. Dios apoya el acto creativo; constantemente crea y nos alienta a que lo hagamos.

No tenemos pues un Dios ausente. Dios nos inspira y nos seduce. Los actos humanos realmente libres le aportan novedad al universo.

Todas las criaturas se parecen a su fuente, a su Hacedor. Podemos decir que las criaturas son formas de la presencia divina, cada una de las cuales revela un cierto aspecto del creador infinito.

Desde luego, somos libres para negarnos a identificar la semejanza. Hoy muchas especies, cada una de ellas manifestación de Dios, son destruidas a una tasa alarmante. Destruir una especie es silenciar para siempre una voz divina.

Cada vez nos acostumbramos más a reflexionar en la Trinidad. En cómo las Personas divinas son relaciones, cómo de continuo se dan afectuosamente una a otra, cómo cuando las interiorizamos nos permiten unirnos a otros en tareas creativas, redentoras, santificantes.

La vida trinitaria es diferenciación por relación, por compartirse; por mutua implantación.

Pero el universo entero es imagen de la Trinidad. Todos sus miembros dependen unos de otros; son procesos dinámicos constituidos por las relaciones entre ellos.

Dios es el artista supremo. La autoexpresión de la Trinidad es el cosmos simbiótico.

La Trinidad es atrevida al amar, y de manera voluntaria depende de la respuesta del amado, adaptando la siguiente inspiración divina a la capacidad de la criatura. Así, Dios libremente escoge depender; se compromete en el proceso.

Sólo un ser divino puede limitar el poder divino. Pero, ¿por qué lo hará Dios? Sólo puede ser por amor y por respeto a las criaturas. Ese amor maravilloso nos enmudece; nos atemoriza.

El plan providencial de Dios es compartir poder con criaturas libres, concientes. Nos deja espacio para cooperar en la creación.

Nuestro Dios amable nos dio un ejemplo, un modelo para nuestra libre cooperación.

Dios encarnó su propia persona en el mundo desde el big bang, y esto fue hecho de manera suprema y manifestada explícitamente en Jesús de Nazaret.

La Encarnación se aprecia mejor, no como un descenso al mundo sino como manifestación del Uno ya en el mundo, pero no reconocido ni conocido. Jesús ofreció nuevas posibilidades a aquellos dispuestos a compartir su humanidad y su respuesta abierta a Dios. Por razón de Él, ahora tenemos la opción de vivir según lo que Él nos mostrá.

El propósito último de Dios es la renovación y el perfeccionamiento de la creación. Jesús es una persona humana que se une de manera total y conciente con la actividad inmanente de Dios, jalonando todo en el futuro de Dios para el Reino de Dios.

Colosenses 1:15-20 describe al Cristo cosmológico que manifesta a Dios como inmanente en el cosmos, inherente a Él, que alivia la hostilidad que separa al universo de Dios. La salvación abarca la transformación de todo el universo, la llegada de lo que san Pablo llama "la Nueva Creación".

La Geojusticia nos reta a contribuir a curar la fragmentación y la alienación de la Tierra, a conectar con el Cosmos nuestro dolor personal.

El misterio pascual tiene lugar en la tierra. La cruz es la muerte de las selvas tropicales del mundo, la lucha de las personas hambrientas, la tragedia del sida. Jesús resucitado es el mismo poder dinámico en el centro del proceso cósmico de la formación de galaxias y de la evolución en la tierra.

La sorpresa de la resurrección es el ritmo de las olas en el océano, de las ricas promesas de un terreno plantado, la llegada de la primavera, el contacto con alguien amado, la preocupación por los derechos humanos, y los esfuerzos hechos en favor del equilibrio ecológico.

La muerte de Jesús revela la sabiduría de Dios como compasión radical sin límites, como vulnerabilidad libremente escogida. Jesús humillado y resucitado muestra cuánto sufre Dios con todas las co-víctimas: los pobres en particular pero la tierra también.

La tragedia de su vida humana real puede ser vista como la cortina que se abre para revelar a Dios que Él sufre con los sufrimientos de la humanidad creada, y por extensión con los sufrimientos de toda la creación.

Dios no es la causa del mal, no es un masoquista que ocasiona sufrimiento. Entonces, ¿por qué Dios no evita el sufrimiento? ¿Dios no ama todo? ¿No es omnipotente? Como vimos, Dios limita el poder divino para que las criaturas tengan verdadera libertad. Además, nuestro universo está lleno de variedad, en proceso, con criaturas libres para escoger. Por tanto, habrá colisiones, coartación de unos por otros cuyo resultado es la frustración, el sufrimiento y la muerte.

El sufrimiento puede ser pues una causa para desesperar o una ocasión para renovar la confianza en el cuidado amable de Dios.

Algunas consideraciones que pueden conducir a un mayor abandono en Dios providente cuando estamos confrontados con el sufrimiento o con otros males son:

Podemos dedicar nuestras energías a causas más dignas.

Vivir confortablemente no debe ser nuestro objetivo último.

Así podremos empatizar mejor con otros que sufren, ayudarlos a encontrar significado a su sufrimiento.

Nuestra ascendencia incluye todas las formas de vida, así como las estrellas y las galaxias. Todo lo material es polvo de estrellas reciclado. El material de nuestros cuerpos hoy, estaba presente en el big bang. La materia ha tenido y tendrá transformaciones continuas. La conciencia ha estado en la materia desde el comienzo.

Nuestra lealtad primera no es con nuestras naciones sino con toda la especie; con la tierra entera. Toda la realidad está entrelazada. El cuerpo de Cristo incluye todo lo que Dios ha creado.

En este nuevo orden – la era Ecozoica – reconocemos que el universo es una comunión de seres, de sujetos, no una colección de objetos. Cada criatura es digna de respeto.

A las feministas les gusta señalar que como estamos constituidos por nuestras relaciones, lo personal es lo político. Lo que le ocurre a un individuo le ocurre a la sociedad; lo que uno hace ejerce impacto sobre los demás.

La espiritualidad cósmica amplía esta certidumbre para indicar que lo personal es lo planetario. Cuando una mariposa bate las alas en Tokio, las vibraciones de su aleteo eventualmente repercuten en la ciudad de Washington. Nuestro bienestar es inseparable del bienestar de la tierra. Y el sufrimiento y la destrucción de la tierra afectarán a cada persona particular.

Las prácticas ascéticas que más se necesitan hoy son: disciplinar la codicia, limitar nuestro uso y abuso de los recursos, evitar el derroche, y moderar nuestras demandas de suministros escasos o no renovables tales como los combustibles fósiles.

Tenemos que dejar la histeria del consumo (comer, beber, comprar, coleccionar), que a menudo es respuesta a la publicidad y manifestación de un comportamiento adictivo.

¿Por qué estar dispuestos a sacrificarnos de esas maneras? Porque creemos que Dios nos invita a cooperar en el cuidado de todas las criaturas, y a distribuir con equidad los recursos de la tierra.

El plan providencial de Dios es que seres libres, concientes, ejerzan un rol definido en la creación continua de Dios.

Cada día de nuestras vidas podemos descubrir más acerca de nuestro Dios Providente en este cosmos maravilloso.

Como seres humanos somos producto del cosmos, pero podemos albergar el cosmos en nuestra mente y en nuestro corazón.

A través de Nosotros, Dios ejerce su Poder.

Encuentro Intercongregacional Providencia
San Antonio, Texas, 2003

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Traducción :
S. Betancur
Medellín, Colombia

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