La Divina Providencia

Una Visión de Proceso

Mary Christine Morkovsky, CDP
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En esta presentación se utilizará el método de la filosofía, no el de la teología. Como la mayoría de nosotros estamos acostumbrados a pensar teológicamente en lugar de hacerlo filosóficamente, y yo creo que existe diferencia entre estas dos disciplinas estrechamente relacionadas, comienzo con una pequeña aclaración, que nos ayudará a apreciar una nueva forma de mirar la realidad, y por lo tanto de ver a Dios como ser providente.

¿Por qué acudimos a la filosofía cuando intentamos articular una visión contemporánea significativa de la Providencia? A pesar del temor que la palabra 'filosofía' evoca a veces, pienso que su ayuda no sólo es útil sino necesaria si estamos interesados en la verdad de nuestras opiniones. Francis Bradley señaló sabiamente que si es posible entender la realidad filosóficamente, entonces la tarea merece un intento. Los resultados pueden ser incompletos y requerir complementación por otras disciplinas, pero hasta donde alcancen pueden ser ciertos, reales.

La consistencia y la humildad que el pensamiento filosófico demanda son una gran protección contra la superstición dogmática. Finalmente, y espero que este hecho haga brotar nuestra esencia creativa, en filosofía no se consulta a la Inquisición ni a la Congregación Vaticana para la Doctrina de la Fe.

El pensamiento equivocado será cuestionado por pensadores futuros, quienes apelarán al mismo tribunal de todos los filósofos: la mente humana, que trata de reunir toda la evidencia y extraer las conclusiones más lógicas posibles. Un uso responsable del gran don de la conciencia nos lleva a aprender tanto como sea posible acerca de una opinión nueva. En nuestra experiencia y en nuestro acervo de conocimientos validados encontraremos razones suficientes para aceptar o para rechazar la nueva opinión.

Los filósofos tratan de dar buenas razones para sus conclusiones, para que sean tan lógicas como sea posible. En épocas anteriores ser lógico significaba sacar conclusiones de los datos en una forma que pudiera ser esquematizada en silogismos. Razonar correctamente significaba razonar de acuerdo con ciertas reglas lógicas. Sin desestimar el razonamiento silogístico, muchos de los filósofos de hoy, las mujeres en especial, se están cuestionando si los silogismos tradicionales sí son la única y la mejor forma de razonamiento.

Hoy existe un gran interés por comprender cómo alguien puede alcanzar conclusiones con métodos no convencionales, e incluso pensar más allá de los datos disponibles o por fuera de los surcos establecidos, para alcanzar introvisiones, intuiciones realmente nuevas.

La noción de 'razón' o de 'pensamiento racional' está siendo ampliada, lo cual ha resultado en una saludable vacilación para rechazar un procedimiento que puede ir en contra de la reglas establecidas. Esto también nos puede dar autorización, si la necesitamos, para dejar que la creatividad fluya, para que el 'brainstorming' la búsqueda de ideas originales se desate en nuestra experiencia de Providencia, y luego utilicemos todos los medios disponibles para poner a prueba la verdad de los resultados.

Mi experiencia ha sido que hoy mucha gente responde positivamente a las vistas o miradas de proceso porque parecen responder preguntas que surgen una y otra vez cuando uno explora el tópico de la Providencia, preguntas acerca de la predestinación, la libertad divina y humana, el mal. Pero que son repelidas por el vocabulario técnico que los filósofos y los teólogos emplean para expresar sus percepciones.

Pero las ideas nuevas exigen expresiones nuevas; el vino nuevo necesita odres nuevos. Sin embargo, parece estamos en medio de un cambio de paradigma, en una manera nueva de mirar la realidad que hace obsoletas las miradas previas. Y aún no hemos desarrollado un vocabulario adecuado para la perspectiva que ha sido cambiada.

Sean pues pacientes con las palabras altisonantes mientras buscamos introspecciones en nuestro carisma común de divina Providencia.


En esta presentación el problema de cómo es Dios se mirará desde la perspectiva de la filosofía y de la teología de proceso, una perspectiva desarrollada en el siglo 19, y que sin embargo hoy se considera 'nueva'.

Los llamados 'pensadores de proceso' incluyen: Alfred North Whitehead (1861-1947), el matemático británico que se dedicó a la filosofía cuando se retiró y fue contratado por la Universidad de Harvard; Charles Hartshorne, próximo a cumplir cien años, hijo de un ministro episcopaliano, profesor emérito de la Universidad de Texas en Austin; Henri Bergson (1859-1941), judío francés, autor del 'élan vital' (literalmente, 'ardor vital', fuerza creativa); y Pierre Teilhard de Chardin, SJ (1881-1955), quien correlacionó la evolución estudiada por los científicos con el advenimiento del Reino de Cristo.

Los teólogos que apoyan las vistas de proceso incluyen a los pensadores protestantes John B. Cobb, Jr., Lewis Ford, Bernard M. Loomer, Bernard E. Melan, Schubert Ogden, Marjorie Suchocki y Daniel Day Williams, así como los católicos romanos Joseph A. Bracen, SJ, Ewert Cousins, Bernard Lee, SM, y Elizabeth M. Kraus. Algunas de sus percepciones más notables son: en metafísica, Dios y toda la realidad no son estáticos sino cambiantes; en la filosofía de la persona humana, esencialmente somos sociales y estamos interconectados, hechos para ser a través de nuestras relaciones; y en ética, no sólo escogemos entre las alternativas existentes sino que tenemos poder genuino para producir novedad, para Crear.

La mayoría de los pensadores de proceso aceptarían la definición de filosofía especulativa que Whitehead da en la tercera frase de 'Proceso y Realidad'. Pensar acerca de la realidad filosóficamente es intentar "enmarcar un sistema general de ideas coherente, lógico, necesario, en términos del cual cada elemento de nuestra experiencia puede ser interpretado." Aplicando esta definición al tópico que nos ocupa, utilizaré percepciones de los pensadores de proceso para esbozar una mirada de la Providencia de Dios que sea consistente con mi experiencia y con la de nuestra Congregación, así como con las mirada bíblicas, reconociendo que estas son interpretadas de manera constante. La experiencia de otras mujeres atraídas al Dios providente, y cuya oración y pensamiento han sido moldeados por ese carisma durante años, será una valiosa piedra de toque para las consideraciones que siguen:

¿Qué significa la Divina Providencia, y cuál es la mejor manera de expresar ese significado? El significado, al fin y al cabo, no es manufacturado sino descubierto.

Como fondo útil para el tópico de Providencia, consideremos las miradas de proceso de los siguientes tópicos profundos: seres y sus relaciones, conocimiento, y creatividad tal como se encuentra en Dios y en las criaturas.

 
Ideas del Pensamiento de Proceso


La idea más controvertida de los pensadores de proceso es que, por su misma naturaleza, la realidad, y esta incluye a Dios, Cambia. Nada es absolutamente estático, inmutable y realizado. Lo inmutable sería un ser o una entidad cerrados, un individuo o un átomo aislados. Una inmovilidad absoluta así no se encuentra en la realidad, aunque la podemos imaginar. Todo ser es esencialmente social, está constituido por otros y contribuye a la constitución de otros. Ser dinámico se considera una perfección. Todo es perfecto en la medida en que esté abierto a la autotrascendencia. En los seres humanos esto se ve mejor en aquellos que responden a invitaciones para desarrollar su potencial al máximo y para mostrar preocupación por otros. Todo es creativo, aunque en grados; Dios no tiene un monopolio sobre la creatividad.

¿Significa esto que no hay diferencia entre el ser divino y las criaturas? En manera alguna. Más bien, de una mentalidad de 'esto o aquello', se asume una mentalidad de 'ambos', de 'esto y aquello', para hacer justicia a la divinidad. Tanto Dios como las criaturas son inmutables y cambiantes, dan y reciben, aunque de manera análoga más que idéntica.

Esta difícilmente es la manera como la mayoría de nosotros aprendimos a pensar acerca de Dios, pues según la mentalidad de esto o aquello, Dios es casi siempre la excepción, drásticamente diferente a otros seres. Sabemos sin embargo que existen algunas similitudes entre Dios y nosotros, algunas relaciones; de lo contrario no podríamos pensar en Dios en absoluto.

Los pensadores de proceso ven a Dios como el ejemplo supremo de conclusiones o principios relativos al ser, en lugar de la excepción. Aceptan la analogía como una manera apropiada para tratar de pensar la divinidad. Los descubrimientos en las ciencias sin duda han contribuido a sus ideas. Pensar la materia como energía en lugar de hacerlo como átomos sólidos ayudó a borrar la excesiva dicotomía entre materia y espíritu, a abrir la puerta a la posibilidad de que la inmutablidad no es necesariamente la característica más fundamental de la realidad.

La idea de lo inmutable puede ser nuestra manera de ignorar movimiento para poder concentrarnos en la estabilidad que necesitamos. En efecto, necesitamos alguna estabilidad para pensar con claridad y actuar con consistencia. Pero lo inmutable tiene que ser superior a lo cambiante.

Pensar el ser así para que sea dinámico o creativo fue llamado 'pensamiento ecológico' por un autor contemporáneo. El siguiente panorama puede ser de ayuda para situar nuestro tema, Dios, en relación con otras formas de la realidad.

El 'pensamiento ecológico' enfatiza que:

1/ Los acontecimientos actuales, que ocurren en la profundidad de la materia y en la vida de los seres vivientes son el resultado no sólo de influencias físicas del pasado sino también de 'decisiones' creativas hechas conciente o inconcientemente por las entidades mismas. 2/ Todos los seres sensibles, desde las amebas hasta los delfines, tienen un valor intrínseco, en sí y por sí mismos, incluso cuando son de importancia instrumental para otros. 3/ La materia física misma, incluso la que compone la llamada 'materia muerta', es autocreativa en sus profundidades más íntimas. 4/ Las unidades totales vivientes, tales como la psiquis animal, son más que las partes que las componen. 5/ La realidad misma, aunque multifacética y diversa, se puede caracterizar como una vasta red de acontecimientos interdependientes e interfusionados, más que como agregados dualísticos y dicotomizados de sustancias mutuamente incompatibles.

Dios es como otros seres en cuanto toma decisiones creativas, tiene valor intrínseco, es autocreativo, es más que una parte, y es un acontecimiento. Dios es también, como veremos, más que todo esto. Pero el hecho de que estas características también se encuentran en las criaturas y las comparte con ellas no le quita valor a la divinidad.

Ya que la realidad es vista como una red de inter-relaciones, las relaciones son desde luego centrales en el pensamiento de proceso. Las relaciones son actos concretos en los cuales se toman en cuenta entidades tanto pasadas como contemporáneas. Tener en cuenta a los demás, ser tocados por ellos, es una forma verdadera de ser. Las relaciones no son características externas o espaciales apenas; las relaciones son internas y hacen de las entidades lo que son.

Es cierto, los seres son individuos, únicos e irrepetibles, cada quien con su manera propia de concebir el pasado y el presente. Pero sin otros no serían y no son lo que son o como son. En este sentido, estar con los demás y ser interdependiente, ser social o gregario, es una base necesaria para ser único, independiente, o solitario. Las entidades tienen una identidad duradera, pero esta no debe ser vista como un sustrato inmutable entre las experiencias cambiantes. La identidad se puede imaginar mejor como un punto focal donde se encuentran y superponen hebras de experiencia.

¿Existiría un Dios si no existieran criaturas con las cuales relacionarse? La pregunta es sólo hipotética ya que de hecho hay criaturas. Incluso sin criaturas, la idea clásica es que Dios es una Trinidad de relaciones internas; así, la divinidad es en realidad una comunidad de personas constituida por sus relaciones entre una y otra.

Los teólogos tomistas clásicos sostienen que aunque en realidad estamos relacionados con Dios que nos creó y que nos sostiene, en realidad Dios no está relacionado con nosotros. Razonan que Dios, cuya esencia misma es existir, está por encima de ser influenciado por lo que les sucede a las criaturas, cuya existencia es contingente. En cambio, el pensamiento de proceso acepta que estamos realmente relacionados con Dios, pero también sostiene que Dios está realmente relacionado con nosotros, ¿Es la relación del mundo con Dios mutua y simétrica? Las relaciones son recíprocas pero no precisamente simétricas. Dios mantiene relaciones reales pero asimétricas con el mundo.

Dios como la causa única de criaturas ha recibido más atención que el Dios que responde a las criaturas, tal vez porque esto implica que Dios es pasivo, que es influenciado por criaturas, y por tanto no todo lo puede, no es omnipotente, la única fuente de ser y del bien. Sin embargo, la Biblia parece reconocer que las criaturas de alguna manera son autoras, ya que son recompensadas o culpadas. Las criaturas también están relacionadas con Dios de manera suficientemente real como para suscitar respuestas de Dios, tales como clemencia, piedad o ira, así como justa recompensa. ¿Es esto antropomorfismo solamente? Si las criaturas son indiferentes para Dios, estas metáforas parecerían del todo infundadas. Imaginamos a las criaturas como centros de creatividad que inician sus propias respuestas, aunque son dependientes para su misma identidad de aquello que toman en cuenta o de aquello a lo cual responden.

Podemos imaginar que Dios posee todos estas características en una manera suprema. Dios ciertamente conoce a las criaturas, aunque la naturaleza de Dios en su necesidad existencial no es dependiente de las criaturas. Dios crea, y en consecuencia adiciona a la realidad y suscita 'actividad' distinta a la intratrinitaria. Las criaturas y sus travesuras deben agregar algo al conocimiento divino. Así, conocer a las criaturas hace diferencia en el conocimiento de Dios, y la causa de esa diferencia es que las criaturas existen. Las criaturas conocidas por Dios ejercen una especie de causalidad sobre el divino conocedor. El pensamiento de proceso afirma que un Dios indiferente, que no sea afectado por lo que es conocido, sería menos perfecto (desde luego no de manera cualitativa) que un Dios que responda al conocimiento de las criaturas. Conocer a las criaturas en alguna forma realza al ser divino.

Hartshorne trata de disipar el temor de que un Dios incluso levemente dependiente de las criaturas sea un falso ídolo que puede ser suplantado por otro. Las criaturas se superan a sí mismas y pueden ser superadas por otros, pero es de la naturaleza misma de Dios el ser constantemente autosuperable, aunque nunca superable o superado por ningún otro ser. Se puede decir entonces que Dios cambia o que crece, lo cual significaría llegar a ser 'más', crecer en perfección, al tener en cuenta a las criaturas que cambian y crecen; pero ninguna criatura sobrepasará jamás a Dios en perfección. Existe pues diferencia tanto como similitud en lo que significa cambiar o hacerse perfecto.

Hartshorne ofrece otra importante introspección acerca del conocimiento. Conocer la realidad perfectamente es conocer lo real como real y lo posible como posible, El conocimiento de Dios, de nuevo, no es excepción a este principio. Dios conoce todo lo que es y todo lo que ha sucedido realmente; Dios también conoce de manera más completa que cualquiera otro lo que puede ser, lo que puede ocurrir posiblemente: lo que algunos llaman Futuro. Dios conoce todo lo que yo posiblemente haría; Dios conoce todo lo que realmente hago. ¿Conoce Dios lo que realmente hago antes de hacerlo?

Antes de responder a esto, recuerden que la filosofía clásica insistía en que Dios no está en el tiempo. Pasado, presente y futuro son distinciones sin sentido en un ser eterno que es total y perfecto a la vez (Boecio). De igual manera, en el pensamiento de proceso con su preferencia por la mentalidad de 'ambos / y', la naturaleza divina en sí misma no es temporal o secuencial sino necesaria y eterna. Conocerse a sí mismo es una relación, y Dios, cuando conoce algo, lo conoce como es, ya sea como real o como posible. El conocimiento pues no es fríamente analítico, pues Dios también está interesado en él. Dios ama a las criaturas.

Por extraño como le pueda parecer a alguien no familiarizado con el pensamiento de proceso, Dios conoce lo que hago cuando lo hago, y antes de que lo haga o actualice, pero el conocimiento que tiene Dios de ello, aunque es conocimiento real, sólo puede ser conocimiento de una posibilidad. Desde luego esto tiene muchas repercusiones sobre la previsión y la libertad. Por ejemplo, las criaturas no pueden esgrimir como excusa para su pasividad la consideración de que su esfuerzo no hace diferencia pues Dios ya conoce el futuro. Ni se debe tratar de salvaguardar la libertad humana limitando el conocimiento de Dios a generalidades sin detalle, pues el conocimiento de las posibilidades no actualizadas ciertamente puede ser detallado. El libre albedrío no es selección de posibilidades ya realizadas. Ser o actuar siempre es creativo, algo por lo menos.

Antes de dirigir el enfoque más de cerca a la divina Providencia, resumamos la creatividad divina en las palabras de Jay B. McDaniel: "El pensamiento de proceso nos permite visualizar a Dios de una manera más bíblica, como un ser entre seres que siempre está conciente de los acontecimientos y responde a ellos a medida que ocurren, aprovechándolos para que el universo tenga posibilidades de orden y de novedad, y para que los seres vivos en la tierra tengan posibilidades de totalidad a nivel individual y social, según las circunstancias. Como el que provee al universo de posibilidades de orden y de novedad, Dios trabajaría con la auto-creatividad del universo, y sería una instancia de esa auto-creatividad. Creativamente, Dios ayudaría al universo a crearse a sí mismo. Decir que Dios es 'el Creador' sería decir que Dios es un guía en el proceso evolutivo, ayudando a crear orden del caos. Como el que provee a los seres vivos de la tierra de posibilidades de totalidad a nivel individual y social, Dios de nuevo trabajaría con la libertad de la criatura. Aquí Dios podría ser imaginado como 'el Sustentador' y como 'el Redentor' de la vida en la tierra. En ambos roles Dios sería un ser entre seres, si bien es cierto que sería el ser supremo."


Dios en el Pensamiento Clásico y en el Pensamiento de Proceso

Para apreciar mejor la nueva forma de proceso para imaginar a Dios como providente, continuemos haciendo algunas comparaciones con el pensamiento y el lenguaje de santo Tomás de Aquino, que ya nos son más familiares. Y para apreciar la postura tomista, comencemos por mencionar de manera muy breve algunas posiciones a las que él se opuso y trató de mejorar. Esta perspectiva histórica destacará aun más la originalidad del pensamiento de proceso.

Los antiguos dualistas pitagóricos ofrecieron una explicación de tipo 'esto o aquello' sobre el por qué los acontecimientos no siempre terminan en lo mejor. La realidad para ellos consistía en dos principios supremos, el Límite y lo Ilimitado. No como contrarios iguales sin embargo, ya que el Límite da lugar a lo bueno, la luz, lo masculino, por ejemplo, mientras que lo Ilimitado origina lo malo, la oscuridad, y lo femenino.

¿En cuál lado estará Dios? Obviamente lo divino sería uno, cierto, bueno y bello, y nunca sus opuestos: lo múltiple, lo falso, lo malo o lo feo. Esta parece una buena manera para explicar los contrarios reales que se encuentran en este mundo, pero no ofrece ayuda para reconciliarlos. Este dualismo también puede ser el antecesor de rompecabezas continuados tales como: ¿Puede lo feo ser bueno? ¿Puede la verdad ser múltiple? El punto de vista pitagórico es muy fácil de comprender, pero puede mostrar que la síntesis siempre eludirá la mentalidad de 'esto o aquello'.

Aristóteles postuló solamente un principio divino supremo hacia el cual tienden todos los movimientos, un movedor inmóvil que no depende ni está relacionado como causa eficiente con nada más. La independencia suprema es atractiva y todavía se utiliza a menudo como un sinónimo de libertad. El Dios de Aristóteles, tan influyente en el pensamiento occidental, no es resultado de causa antecedente, es inmutable, indiferente a las criaturas; el cuidado providencial no tiene sentido para una deidad desinteresada como esa. Los estoicos y los neoplatónicos vieron correctamente que la cuestión de la divina Providencia estaba ligada con la de la libertad humana. Admitieron que el Dios omnisciente conoce a las criaturas, pero concluyeron que el futuro es necesario, no contingente, y que todas las escogencias humanas son determinadas. Filón trató de reconciliar la divina providencia con la eficacia del esfuerzo humano. También distinguió entre la Providencia universal que obecede sus propias leyes, y la Providencia particular que puede violar esas leyes con los milagros. San Agustín se aproximó al asunto de Providencia a través de una consideración de orden. ¿Por qué un Dios omnisciente generará desorden? Porque la armonía y la belleza exigen opuestos y contrastes, dijo. Lo que encontramos desagradable o desordenado debe haber sido querido o permitido por Dios para el orden y el bien de toda la realidad.

Santo Tomás define a la divina Providencia como el conocimiento que Dios tiene del orden de las criaturas y de sus fines próximos y últimos. Providencia para él es prudencia o conocimiento intelectual, pero la voluntad no está excluída. Aprueba una definición de providencia de Boecio: el plan inteligente para disponer y ordenar todas las cosas para su fin. Santo Tomás también llama Providencia a la pre-existencia del orden del universo en la mente y en la voluntad de Dios, que son por sí mismas creativas y por ello no necesitan un modelo como lo necesita un artista humano. No es permitido decir que Dios falta o que puede ser influenciado. A diferencia del conocimiento humano, el conocimiento de Dios no se mide con las cosas conocidas. Es más apropiado decir que el universo busca a Dios, que decir que Dios busca o prevé un fin para ser alcanzado.

Si el conocimiento divino es eterno, entonces la 'previsión', tomada en el sentido de que uno aún no está en algún punto futuro, no es una de sus características. Para salvaguardar la libertad humana, santo Tomás concluye que el conocimiento divino de los contingentes futuros y de las acciones libres, lo que antes llamábamos 'posibilidades', no es cierta ni falsa. Sin embargo, la decisión divina determina los contingentes futuros; Dios no es indiferente a futuros alternativos. Al haber hecho criaturas que son o necesarias o contingentes en su misma manera de ser, lo cual subraya todo lo demás acerca de ellas, la Providencia incluye la predestinación.

Santo Tomás ve el universo como pre-existente en la mente y en la voluntad divinas pues Dios determinó libremente que evolucionara a través de la mediación tanto de las causas libres como de las necesarias. Esta es una manera de tratar de evitar aquel falso dilema: que la previsión excluye la libertad, mientras que la libertad excluye la previsión y por tanto la omnipotencia. Esta idea sigue siendo problemática pues sugiere que Dios puede evitar el mal futuro pero no lo hace.

Dios es indefinible. Para los tomistas esto significa que como acto puro, Dios no es en absoluto una forma limitada. Para el pensamiento de proceso ello significa además que Dios no es totalmente independiente sino más bien totalmente abierto, totalmente receptivo y afectivo, perfectamente sensible a otros. Cada miembro de la comunidad divina, o persona divina, es un don y un deleite continuados para las otras personas divinas, una donación perpetua de satisfacciones y no una eternidad sin cambio. Sin amenazar la autonomía o la bondad divinas, las personas divinas se deleitan al darse a sí mismas a los miembros de la divina sociedad, así como a las entidades reales creadas. Todas las entidades reales, tanto Dios como las criaturas, por su propia naturaleza anhelan inter-relaciones que sean mutuamente enriquecedoras y satisfactorias.


Providencia en el Pensamiento de Proceso

Mientras que los pensadores clásicos o escolásticos veían la divina Providencia como un plan bondadoso que Dios tiene para toda la creación, los pensadores de proceso, consistentes con su idea de que las relaciones son centrales y constitutivas, prefieren pensar la providencia como persuasión por Dios, y co-creación con las criaturas. Aunque los escolásticos imaginan la providencia divina visual o espacialmente como un plan o proyecto, los pensadores de proceso prefieren una imagen acústica, temporal y dinámica, tal como la de un tema musical unido por otras melodías que se vuelve más rico a medida que es elaborado en variaciones interminables. La Providencia es básicamente una relación dinámica.

La Providencia es pues la manera como Dios se relaciona con la criaturas en una relación que alienta su creatividad y sostiene su esperanza.

Como hemos visto, para el pensamiento de proceso la naturaleza divina es supremamente dinámica, siempre sociable o dirigida a los demás, se realiza en un continuo darse, y no en estar terminada, en ser estática, absolutamente independiente. Dios es una sociedad de ser compartida, infinitamente participativa en la existencia, que está estructurada por las relaciones de los miembros de esta divina sociedad. Como las criaturas finitas existen, pero como finitas no pueden proveer su propia existencia ni dar cuenta de su objetivo básico, Dios debe relacionarse con ellas como proveedor de la causa final intrínseca o fin inicial en cada una de ellas, así como proveer el poder de existir, para responder a las atracciones divinas, y para unir las respuestas propias a las de otros. Proveer el propósito subjetivo significa concebir el potencial que las entidades reales realizan al contribuir a la constitución de todo el mundo, e invitar a las criaturas a realizar ese potencial al máximo.

Según Whitehead y Hartshorne, Dios también es bipolar, al consistir de un 'polo' fásico y de otro mental, de una 'naturaleza' primordial y de otra consecuente. El polo mental de Dios o naturaleza primordial es el locus de las posibilidades eternas y la fuente de la novedad que provee a las criaturas con una unidad formal. Esta naturaleza es necesariamente existente, para que la naturaleza absoluta de Dios sea salvaguardada. Es lógicamente, o fundamentalmente, no temporalmente, anterior a la naturaleza consecuente. La naturaleza antecedente conserva todas las entidades en una unidad subjetiva imperecible de sentimiento. La naturaleza consecuente siente a todas las entidades a medida que concrecen, o llegan ser, entretejiéndose del pasado según su propósito aceptado. El contenido de la naturaleza consecuente depende en parte de la libertad de los acontecimientos creativos que constituyen el mundo.

Solamente Dios sintetiza la realidad lograda con todas sus posibilidades aún sin realizar, y se puede decir entonces que sólo Dios comprende el proceso total de la realidad. Dios conoce todos los fines próximos de las criaturas así como sus fines últimos. Dios bondadosamente propone planes o posibilidades que en mayor o menor grado las criaturas pueden aceptar o rechazar. Esta es la Providencia como persuasión. Aceptar e implementar atractivos divinos es en realidad adicionar a la suma de la realidad y por lo tato contribuye a la alegría divina. Esto es co-creación. Al responder a este acto permitido, las criaturas son constituidas y llegan a ser ellas mismas a través de relaciones integrativas.

Toda entidad real es a la vez creada por Dios y por sí misma. Dios crea como causa final, la cual, a diferencia de una causa eficiente, no es determinística ni existe en el espacio-tiempo actual. La causación divina no es la inclusión de otras entidades como parte de la propia esencia de uno, por un lado, ni por el otro la contemplación desprendida de las entidades como meros objetos de conocimiento. Más bien es un apetito por el futuro del mundo, apetencia por el bien mayor. Una causa final provee posibilidades; la criatura se crea a sí misma al recibir, trascendiendo su mundo presente al incorporar posibilidades no derivadas sólo de ese mundo sino de Dios. (Aquí uno podría dar una noción de proceso de la Gracia, pero estaría por fuera de nuestro tópico.)

De acuerdo con la visión de proceso, las causas eficientes nunca son simultáneas con sus efectos sino que están objetivamente en sus efectos. Toda entidad real reacciona de continuo a su entorno, unificando influencias del pasado y por tanto incluyendo a otras entidades reales en su propia esencia. Este proceso se llama 'prehensión'. En el proceso, las criaturas se convierten en datos para entidades reales subsecuentes que los aprehenderían. Las criaturas aprehenden otras entidades reales sólo cuando son pasado; las criaturas que son simultáneas con ellas no las pueden afectar. En retrospectiva, las criaturas con un alto nivel de conciencia como la nuestra pueden reconocer las influencias que fueron aceptadas y las que fueron rechazadas.

Hay una manera para contactar a Dios inmeditamente, en el presente, no sólo recordando el cuidado providencial de Dios que se vivió en el pasado, por medio de lo que Whitehead llama 'sentimiento físico híbrido'. Dios es la única entidad aprehendida por los seres humanos a medida que concrecemos, y así los sentimientos conceptuales de Dios, si son aceptados por las criaturas, pueden constituir los sentimientos de las criaturas. En concreto, así es como las criaturas pueden aceptar concientemente las seducciones divinas, y deliberadamente hacer avanzar los planes de la Providencia, convirtiéndose en co-creadores con un Dios providente.


El Significado de la Divina Providencia

Santo Tomás comienza su respuesta a la pregunta sobre 'Providencia' en 'De Veritate' diciendo: " ... para saber cómo Dios es providente tenemos que ver cómo las criaturas son providentes." De lo que es más valioso en la manera como las criaturas cuidan y proveen, él infiere la forma del cuidado providencial divino. Para él significó que el Dios bondadoso tiene un plan, el mejor plan posible, para el universo. Antes de actuar, las criaturas racionales que buscan hacer la voluntad de Dios tratan de entender ese plan con todas las ayudas disponibles. Si sus cálculos son correctos, el plan de Dios no será saboteado, pues Dios siempre supo que no lo harían correctamente, y así el error será siempre 'parte' del plan divino. Desde luego hay recompensa para aquellos que hacen la voluntad de Dios, y castigo para los que no. Si fracasan por invencible ignorancia, el sufrimiento subsecuente hace parte del plan divino, no son culpables y no serán castigados por un 'error honesto'.

Las filosofías contemporáneas aprobarían la forma inductiva de santo Tomás al comenzar con la experiencia pero estarían muy preocupadas acerca de la manera como es interpretada la experiencia. Están particularmente concientes de las parcialidades, o de cómo nuestro ser, nuestra historia personal, nuestra actitud y nuestro contexto, influencian nuestro conocimiento. Con menos probabilidad las filosofías de hoy afirmarían con la filosofía clásica que la realidad puede ser conocida como es en sí misma, y es más probable que se concentren en la realidad tal cual se le presenta al conocedor. Así la cuestión de qué es la divina Providencia será menos interesante hoy que lo que la providencia significa, o qué significaría ser un proveedor divino. En nuestro mundo vivido, en nuestra experiencia de realidad, ¿cómo será una Providencia divina?

Un Dios providente ciertamente sería inteligente, tiene un plan, y ama a las criaturas. Estas introspecciones del pensamiento tomístico siguen siendo válidas. Pero la aproximación contemporánea es menos probable que asuma que el plan ya existe en algún lugar por fuera de nosotros o que nosotros podemos comprender ese plan. Un ser eminentemente razonable utiliza la inteligencia de innumerables maneras, pero siempre para promover el Bien. La filosofía de proceso afirma que para producir mayor bien: armonía, unidad, comunidad, relaciones benéficas y demás, la creatividad o la acción libre es un valor mayor, si no el mayor valor.

¿Cómo promovería un ser supremo el bien llamado Creatividad? Desde nuestra experiencia, parece evidente que la cooperación y la animación de la creatividad en otros provocan bien de manera más efectiva que simplemente proponer un plan maravilloso u obligar a otros a que cooperen. Invitar al asentimiento de un plan terminado sin aportación al plan parece ser una forma de control estricto sobre los resultados que no es digna de un ser supremo. El pensamiento mejor sobre el trabajo humano insiste en que los trabajadores deben tener participación en las decisiones si su trabajo es consonante con la dignidad humana.

¿Sería Dios menos de lo que son los seres humanos en sus mejores relaciones y en su planeación conciente, o más probablemente sería Dios más confiado, bondadoso y recursivo al proponer planes a las criaturas? Para ambos, para Dios y para las criaturas, ser creativo, escoger planes de acción de maneras análogas más que idénticas parece ser más valioso que si Dios le reservara toda la iniciativa a la divinidad. Otorgar poderes a las criaturas para que le aporten el mayor valor posible a su creación de novedad genuina, parece merece más la pena que darles el poder de adivinar, nunca de modo perfecto, cuál es el plan inmutable.

Para aquellos que objetarían que atribuirle creatividad auténtica a las criaturas es un orgullo monstruoso, los pensadores de proceso replicarían que negar esto es menospreciar los valiosos dones de creatividad y de libertad que Dios comparte con nosotros, despreciando así al dador supremo, y rehusar hacernos responsables de la co-creación.


Bien y Mal

De acuerdo con la interpretación tomística, confiar en la Providencia ciertamente significa tratar de armonizar las acciones individuales y comunitarias con la voluntad de Dios para maximizar el bien, en cuanto este puede ser determinado, y luego dejar las consecuencias en manos de Dios. Los resultados que de manera muy obvia son malos: causar dolor, no promover el advenimiento del Reino de paz y justicia, en la visión tomística son debidos a errores de cálculo de la gente buena, o a los pecados de la gente mala, y también debidos al 'azar': la coincidencia de causas que ocasionan un efecto no buscado por ninguna de las causas tomadas aisladamente. El mal es ausencia de bien. Como el plan de un Dios inmutable es visto como inmutable, se dice que Dios permite, no que causa, malos resultados, y los utliza para provocar mayor bien. El cuidado de Dios nunca falla, y la santa voluntad de Dios es digna de veneración, no importa lo que suceda, porque todo lo que sucede de alguna manera es la voluntad de Dios.

La filosofía de proceso propone una explicación diferente para el mal, el dolor y el sufrimiento. Está de acuerdo en que Dios no causa mal, pero el mal es real. Hablando en términos metafísicos, el mal surge de la incompatibilidad de potencialidades alternativas; las características de las cosas a veces son mutuamente obstructivas. El mal supremo en el orden temporal es debido al hecho de que el tiempo está pereciendo perpetuamente. Toda actualización es finita, y la finitud comprende la exclusión de posibilidades alternativas. La objetivización incluye la eliminación. Como Dios es influenciado por la relación con las criaturas, el bien en la creación enriquece la naturaleza consecuente de Dios, mientras que la pérdida o la destrucción en el proceso temporal es privación de valor, es pérdida genuina en la vida de Dios. Por lo tanto, la experiencia del mal está presente en Dios.

La filosofía clásica reconocía diferentes tipos de mal: metafísico, cósmico, físico, moral, incluso estático. De igual manera, Whitehead habla de diferentes clases de mal que incluyen pérdida necesaria: 1/ Privación debida a conflicto a nivel de objetos eternos, realidades, o relación entre concepto y realidad; 2/ trivialidad; 3/ conceptualizaciones sin suficiente referencia a las necesidades de la actividad social ordinaria, y 4/ falta de un propósito coherente y dependencia en la fuerza bruta. Como las criaturas son libres para decidir parcialmente por sí mismas, son libres para producir males. Su libertad es así una fuente de conflicto y de mal tanto como de bien. La negación de una criatura a responder de manera apropiada: elección moral, o su incapacidad para responder debidamente a lo que tiene disponible para la prehensión, a los alicientes de Dios para su verdadera autointegración y para su interacción efectiva, es mal. El mal es superado, no eliminado, en cuanto estimula el desarrollo de su opuesto cuando se sitúa en un contexto más amplio. Es inexacto entonces decir que todo lo que ocurre es voluntad de Dios y que por ello es para lo mejor. Pero sí es cierto decir que Dios siempre propone la mejor alternativa y también logra algo de cada acontecimiento, aunque Dios no garantiza que lo que es escogido por las criaturas sea lo ideal o lo mejor.

Valor y progreso son medidos en la filosofía de proceso, no de manera cuantitativa sino como aumento en la resiliencia y como capacidad para asimilar contrastes y para mantener opuestos en tensión sin desintegrarlos. Un ser mayor o más intenso tiene mayor conciencia, lo cual le permite sostener muchas relaciones diferentes o mayores contrastes y agregar valor a la influencia que transmite. Para los seres humanos esto incluye la capacidad de penetrar situaciones concretas y ser concientes de que estas situciones están constituidas tanto de mal como de bien, y luego intentar, en cooperación con otras entidades, actualizar valores posibles en las circunstancias que le son dadas. Como los seres están constituidos por sus relaciones, el discernimiento y la acción tanto sociales como individuales son requisitos para realizar valor.


Poder Divino

Se puede hacer una objeción: un Dios sin planes supremos inmutables, un Dios que se acomoda a las iniciativas de las criaturas, las cuales pueden impedir la actualización de algo del valor que Dios sabe es posible, es un ser glorificado más que una divinidad omnipotente que causa todo y lo gobierna todo. Esta objeción hace surgir el importante tópico del poder divino. La noción clásica de omnipotencia ciertamente parece ser una noción de poder como control y dominio. Los pensadores de proceso insisten en que un ser supremamente bueno no necesita ni muestra tal poder cuando trata con aquellos creados para la libre elección, sino que utiliza el poder más delicado de la persuasión y la permisión.

El poder persuasivo divino que abre el futuro y concede libertad a las criaturas en lugar de manipularlas como robots, es supremo. Apropiado para un Dios bondadoso, inducir poder o invitar a Él relativiza el poder de la fuerza o de la coerción y lo expone como poder inferior. Una causa facilitadora suscita, no impone. Dios, en realidad aumenta y no reduce la autonomía de la criatura a la cual el llamado divino tanto presupone como refuerza. La iniciativa de Dios es radical, llama a ser a la entidad real, que es totalmente dependiente de Dios para su propósito creador. El poder causal divino llama a la criatura a que se cree a sí misma libremente, y de esta manera su acto libre será realmente su propio acto. La autocreatividad de la criatura se intensifica cuando sabe que esta actividad se fundamenta en Dios y que radicalmente importa a Dios. Dios toca la historia sin intervenir; los seres humanos son enteramente responsables, pero Dios ciertamente hace una diferencia en todo lo que ocurre

Whitehead afirma que toda entidad real apunta a la belleza: a vivir la experiencia del mundo, a experimentar el alcance del máximo grado de intensidad compatible con la armonía posible en la situación real. Dios provee el objetivo para tal experiencia a toda criatura, a fin de asegurar una rica experiencia para la propia naturaleza consecuente de Dios. Así, hay un mundo constantemente dado a Dios, un mundo que en parte ha determinado su propia foma y es también libre para rechazar en parte los nuevos ideales que Dios ofrece. Las criaturas realmente ofrecen a Dios vida divina al moldear los acontecimientos históricos que Dios incluye en la divinidad.

Según la ven los filósofos de proceso, la intención de Dios es alentar la continua proliferación de la experiencia del bien o del valor. Esto se puede llamar 'plan total inmutable', pues Dios no puede desear el mal. Pero los objetivos propuestos por Dios para acontecimientos particulares son modificados a medida que las entidades individuales responden a las iniciativas divinas a través de sus propias acciones. Sí, esto sugiere que Dios 'cambia de opinión'. (Y esto amenazaría la idea por ejemplo de que aquellos más próximos a Dios se semejan al ser supremo al tomar decisiones y asumir compromisos irrevocables, sin tener que ajustarse nunca a las circunstancias.) Modificar objetivos o cambiar de ideas se considera una imperfección, pero solo si se piensa que ser imutable es ser perfecto.

La divina Providencia en el pensamiento de proceso es vulnerable en cuanto está abierta a influencias, y a pesar del rechazo es amor infinito e infinitamente creadora de nuevos objetivos. Ser vulnerable no es ser impotente; ser soberano no es incompatible con ser flexible y sensible a otros. Ser soberano significa para McDaniel "ser 'omnivolente' en lugar de 'omnipotente'. Ciertamente, Dios es soberano desde la perspectiva de proceso. Dios es esa realidad por virtud de la cual el mundo es o puede ser atraído a la totalidad, a la propia realización de su potencial más profundo. Dios es entonces un ser alrededor del cual la preocupación y la esperanza supremas pueden ser dirigidas correctamente."

Dios induce a todo ser a cooperar en la producción de valor; sin las inducciones o sin fines subjetivos no hay actividad en absoluto. Así, Dios es esencial e influyente en la transformación sin determinar los resultados de manera omnipotente. El control divino del mundo se ejerce en última instancia a través del poder de un amor que respeta la integridad y la libertad de cada criatura. El amor de Dios ejerce influencia mediante la respuesta que evoca. De esta manera Dios y las criaturas comparten la aventura de la existencia, en la cual Dios provee la dirección y el orden para todo el proceso. – Esto armoniza muy bien con una teología que ve a Dios presentando un modelo en el Hijo que se dio a sí mismo totalmente, y sin perderse a sí mismo, enriqueció la experiencia divina.

El poder divino supremo es una energía vitalizadora consistente con el amor que testifica que el poder de la fuerza no es absoluto. El poder de Dios para abrir el futuro y dotar a las criaturas de libertad es mayor que un poder de control total sobre todo detalle, el cual excluiría la genuina libertad de la criatura. Dios también posee eminentemente el poder para sufrir, para recibir, para permanecer fiel frente a las decisiones libres e incluso frente a los rechazos de otros. El rechazo voluntario de la criatura para responder a las atracciones de Dios para su propia autointegración y para la interacción efectiva tiene consecuencias para todas las demás entidades reales. (Los teólogos llaman a esto 'pecado' y lo describen como dejar pasar la oportunidad de responder a nuevas posibilidades.) Este es el lado destructivo del poder constructivo que tienen las criaturas para contribuir al deleite de Dios.

Dios se regocija con la co-creación siempre renovada, con los co-creadores que comparten valores que Dios posee por naturaleza, con todas las criaturas que aceptan su semejanza con la divinidad, en especial aquellas que expanden su conciencia con el conocimiento y alientan a otras a vivir con plenitud.

Dios quiere vivir la experiencia de un mundo en evolución que ha alcanzado el máximo de intensidad consistente con la armonía posible bajo circunstancias reales, y decide hacer ese resultado dependiente en parte de la cooperación de las criaturas. La plenitud de la realidad en el mundo intensifica entonces la visión real de Dios.

La realización del potencial para ser influenciados por lo bueno, para amar a otros, no es imperfección. ¿Por qué puede una criatura influenciar al creador divino? En última instancia, porque Dios lo desea; porque el poder de Dios no es amenazado por la libertad de otro; porque el amor divino es tan grande en generosidad que Dios "crea creadores, para tener junto a sí seres dignos de su amor". ¿Cómo influencian las criaturas a Dios? Por medio de actividades que incrementan el bien y dan deleite, o que retardan la proliferación del bien e invitan a atracciones modificadas que, si son seguidas, minimizarían la destrucción.


Conclusión

La divina Providencia, entonces, en la visión de proceso es la relación de Dios con las criaturas, una relación creativa, bondadosa, que provee poder para admitir contrastes en una manera que promueva y no reprima la bondad o el valor. El poder divino es persuasivo y posibilitante, otorga poderes a las criaturas en lugar de coaccionarlas o forzarlas. El poder de Dios es efectivo e insuperable, pero la experiencia de imperfección e incluso el desastre nos llevan a concluir que Dios ha decidido libremente dar a las criaturas una parte real para ejercer como causas reales.

Debido a la libertad que las criaturas, en especial los seres humanos, han recibido de Dios, el divino dador, y como el conocimiento divino de las posibilidades es eterno y no temporal, Dios no conoce 'por anticipado' ni en detalle la manera como los fines divinos serán correspondidos por las respuestas de las criaturas. No obstante, Dios puede anticipar todas las respuestas posibles, conociéndolas como posibilidades. Dios no es ignorante, pero mientras una criatura libre no actúe, Dios no está 'seguro' de cual entre todas las maneras posibles de responder puede actuar o actuará. Entonces, la criatura crea genuinamente, pero siempre en relación con las 'seducciones' divinas.

Lo que Dios conoce es mejor, no siempre es idéntico a lo que ocurre. Sin embargo, Dios es capaz de revisar planes o invitaciones continuamente, en respuesta a lo que ocurre; ningún mal pasado es final o incorregible. Las invitaciones divinas que de continuo le llegan a una criatura que tiene libre albedrío no son coercitivas; la criatura es realmente libre. Sin embargo, el perdón, la conversión y las respuestas creativas al mundo objetivo pasado son siempre posibles.

La Conversión es menos un poder que poseemos, es más un poder que nos posee. La conversión, la 'transmutación' de Whitehead, es un acontecimiento presente que reacciona de manera creativa al mundo objetivo pasado a causa del ordenamiento divino de las posibilidades. Como tales transmutaciones son posibles, el mal físico real no necesariamente tiene que ser mal moral. Dios es adorado en medio del mal porque el adorador está convencido de que aunque hay contratiempos debidos a las posibilidades incompatibles en la naturaleza y a la falta de cooperación por parte de seres con más conciencia, un Dios bondadoso sugerirá maneras para salir del mal y para hacer surgir el bien. (Esta debió haber sido la actitud de Jesús en la cruz.) Grande y valioso ciertamente es el ser que puede soportar tragedia y que permanece abierto a amar y a ser amado.

Comunicamos y perpetuamos Providencia como persuasión y como co-creación cuando nuestras relaciones son a la vez fieles y creativas, invitando a otros a superar su pasado, y junto con nosotros contribuir a la alegría divina en una creación siempre renovada.

La posibilidad de una co-creación positiva no termina con nuestra muerte. Toda tragedia, todo dolor y todo horror no pueden ser completamente eliminados de este mundo, pero tener confianza en la divina Providencia significa saber que las criaturas ciertamente tenemos un rol que ejercer en disminuirlos. Ejercemos este papel cuando respondemos a los 'señuelos' divinos, a nuestras inclinaciones intrínsecas para realizarnos en una cooperación más conciente con el deseo de Dios, a fin de conducir a cada criatura y a toda la creación hacia la perfección. Pues Dios en efecto tiene un plan para el mundo en general y para cada criatura en particular. Nuestra cooperación es necesaria para que el plan divino sea realizado.

En la reinterpretación que hace la teología de proceso, la omisciencia y la omnipotencia divinas aumentan, no reducen, nuestro sentido de dependencia de Dios, pues las seducciones pueden venir slo de Dios. También aumentan nuestra convicción de que Dios nos ha obsequiado libertad, pues sin nuestra acción esas seducciones siguen siendo meras posibilidades. Transformarnos a nosotros mismos y transformar nuestro entorno a fin de incrementar sus valores, y de esta manera contribuir al deleite de Dios en su creación eternamente continuada, es ayudar al advenimiento del Reinado divino, del Reino de Dios.


Esta presentación comenzó con consideraciones sobre las relaciones y el conocimiento. Terminemos con los mismos tópicos, pero en una nota Trinitaria.

La estructura de las relaciones entre las tres personas divinas es la única 'verdad eterna', y todas las entidades están relacionadas una con otra de acuerdo con esa estructura. Esta es la base para afirmar que primariamente somos seres sociales y no individuales.

El Padre provee a todas las entidades sus fines iniciales, así como el poder de existir, de responder a las animaciones del Padre, para que unan sus respuestas a las del Hijo.

El Hijo es el 'Otro' con quien las ocasiones individuales están primariamente relacionadas; Cristo gana con los procesos de la tierra a medida que los transforma y diviniza. Incorpora las respuesas de las criaturas a Su propia respuesta, a las ofertas de vida y amor procedentes del Padre. Las criaturas están relacionadas a las otras dos Personas a través del Hijo.

El Espíritu Santo inspira a las entidades reales para que respondan a los fines iniciales del Padre y para que se unan así a la respuesta del Hijo.

En el proceso en curso de su propia vida divina, las tres Personas participan de manera infinita en el poder de Creatividad, del cual ellas proveen evidencias primordiales. (Esto puede ser análogo a nuestra experiencia de 'integraciones creativas', que son mucho más que elecciones entre posibilidades.) A medida que las personas divinas admiten criaturas a la vida divina, las entidades reales finitas participan en la creatividad de una manera finita. Su admisión ciertamente no altera la estructura básica ni el carácter de las relaciones básicas de las personas divinas entre ellas. Dios comprende todo; los seres finitos están dentro del proceso interpersonal que constituye la naturaleza divina.

Por responsabilidad a Cristo, aquel perfectamente fiel a los fines que le fueron ofrecidos, podemos identificar nuestro propio fin subjetivo con aquel que, como dice Teilhard de Chardin, dirige, informa y anima la evolución cósmica, así como los trabajos humanos. Nos podemos unir al movimiento dinámico divinamente intencionado hacia el crecimiento y la realización totales. Así, incluso los procesos más mundanos están sumidos en un propósito final, en vida sobrenatural. En otras palabras, el proceso del universo total es la vida de Dios, a la cual podemos entrar a través de la libertad conciente. Personalmente, conciente y libremente, podemos compartir nuestra vida con la vida de Dios.

La realidad total es una comunidad de acontecimientos entrelazados mutuamente y presentes en ella misma. El Hijo glorifica al Padre a través del acto creativo del Padre, haciendo al Hijo una expresión normativa de la divinidad.

Las tres personas se glorifican mutuamente (Juan 13:31-32; 2 Corintios 3:12-18), y a través del Hijo nosotros también las glorificamos en este mundo.

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Traducción :
S. Betancur

Medellín, Colombia

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