Juan Martín Liberador

Mary Christine Morkovsky, CDP

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Introducción

Nuestros encuentros internacionales cada dos años ciertamente son más que una agradable tertulia, y el encuentro que comenzamos esta noche no es una excepción.

El curso del padre Jean Bernard sobre la evolución de nuestro entendimiento de la justicia, que tuvo lugar en Champion en 1989, por ejemplo, nos ayudó a reflexionar sobre nuestros ministerios desde otra perspectiva y a la vez nos ayudó a prepararnos para conmemorar este año el aniversario de la gran Rerum Novarum.

Desde que este grupo se reunió en Champion, muchas cosas han ocurrido en la escena internacional. Hemos sido llamadas fuera de cualquier posible complacencia a una mayor disposición para buscar mensajes de Dios en los acontecimentos mundiales -indicios de nueva vida en Europa Oriental y guerra en el Golfo Pérsico, cambios continuos en los gobiernos y en las alianzas.

Aunque no sabemos lo que nos traerán los próximos dos años, nosotras, las hijas del Padre Moye en Texas sabemos que nuestro turno no volverá hasta dentro de 10 años. Por ello buscamos un tema relevante para todas nosotras al cual pudiéramos aportar algo que fuera especial para nuestra propia rama de la Congregación.

Al fin escogimos el tema de la liberación, que en su sentido más completo e integral en realidad es otro nombre para la salvación o la redención que nuestro Dios amante nos prodiga. Seguramente la liberación es y continuará siendo un tema importante y significativo. Pero, ¿tenemos algo para ofrecerles a ustedes en este tema que ustedes no conozcan ya?

Creo que hablo por la mayoría si no por todas sus Hermanas en este país cuando digo que no apoyamos el tipo de liberación por medio de bombas y guerra, sangre e irresponsabilidad económica que nuestros actuales líderes políticos toleran. Cuando miramos a los pensadores religiosos de Norteamérica, encontramos pocas ideas dignas de mérito en este tema. Sin embargo, no es un secreto que desde el Concilio Vaticano II en las Américas al sur de nosotros ha habido un fermento de discusión y de escritura sobre la filosofía y la teología de la liberación. Mi propósito durante nuestro tiempo juntas será reflexionar con ustedes sobre algunas ideas de este fenómeno distintivamente latinoamericano para ver si contienen algún mensaje para las hijas del Padre Moye hoy.

Los pensadores latinoamericanos sobre la teología de la liberación insisten en que su motivación fue una intensa conciencia de la pobreza de su gente. Esto condujo a una firme convicción de que la degradación y el sufrimiento humanos no son la voluntad de Dios. Estos pensadores estimularon un esfuerzo cooperativo para descubrir y cambiar las estructuras que perpetúan tal miseria humana. Como la mayoría de los desafíos al status quo, su línea de pensamiento y de actuación a veces ha sido malentendida e incluso perseguida. Nuestra intención no es entrar en debates sobre interpretaciones o intentar acallar controversias. No, nuestra intención es muy sencilla.

En cuanto sea posible, vamos a seguir el mismo sendero durante los siguientes días: dar la vuelta una vez más para enfrentar a los oprimidos y caminar con ellos. Quizás descubriremos de nuevo una faceta de nuestro Dios Providente y renovaremos nuestro deseo de colaborar en el plan divino para toda la creación.

Mañana vamos a visitar un lugar donde veremos gente que ha sufrido muy duramente con la opresión alimentada por nuestra economía basada en lo militar (y en muchos otros factores). En un país democrático tan orgulloso de su Constitución y tan respetuoso de la ley y el orden como es Estados Unidos, todas nuestras leyes relacionadas con las corporaciones, los monopolios, la discriminación, el empleo, la vivienda, los sindicatos, la salud, los salarios, la inmigración, el transporte, etc., no han sido suficientes para asegurar para todos una vida humana digna. En un país con un elevado producto nacional, alimentos para exportar, armamentos de sobra, una gran cantidad de millonarios, transbordadores espaciales frecuentes, y la petulante confianza de que sabemos como organizar un nuevo orden mundial, uno de nuestros escándalos nacionales es la creciente falta de vivienda. Visitaremos un refugio local para hablar y compartir el pan con algunas personas sin hogar y con quienes las cuidan.

Luego trataremos de reflexionar sobre esta experiencia, junto con todas nuestras variadas experiencias de donde Dios es encontrado hoy. Una cristología distintivamente latinoamericana nos ayudará en nuestra reflexión. Convencidas, o mejor, re-convencidas de que Jesús es nuestro liberador, esbozaremos luego una espiritualidad de la liberación a fin de ver cómo se relaciona con nuestra herencia - con las virtudes de la pobreza, la caridad, la sencillez y el abandono en la Divina Providencia.

Yo siempre pienso que nuestras hermanas de Francia saben más acerca del Padre Moye y que realmente valoran estas virtudes más que yo. Por otro lado, nuestras hermanas de Latinoamérica tienen un entendimiento y un aprecio más profundos de la teología de la liberación del que yo jamás tendré. Pero quizás ustedes aceptarán de sus hermanas de Norteamérica, por medio de mis esfuerzos, un intento por unir los siglos dieciocho y veinte cuando nos preparamos para el veintiuno - un intento por tocar ese anhelo de libertad que se encuentra siempre en todo corazón humano.

Dicho muy sencillamente, nuestra intención es recordar de manera especial durante los próximos días que nuestro Dios Providente promueve la liberación humana y nos llama una y otra vez para cooperar con El y con todos aquellos que están tratando de hacer que la liberación ocurra.

I / Contemplando a Dios en el Pobre

Dice de ti mi corazón: "Busca su rostro." Señor, tu rostro busco; no me ocultes tu rostro. - Salmo 27/8-9: 'Junto a Dios no hay temor.'

Je cherche le visage, le visage du Seigneur. Je cherche son image tout au fond de mon coeur. - Himno francés

En tiempos medievales san Buenaventura propuso una jerarquía graduada de los indicios, las huellas y las imágenes de Dios. Estos variaban desde los crepúsculos y los arcoiris, las flores y los animales del bosque, hasta la cima de la creación, el ser humano con voluntad e intelecto análogos a los de Dios.

La imagen o el 'rostro' de Dios ciertamente se encuentra en la naturaleza y en los logros humanos, tales como la literatura, el arte, la arquitectura, la música y la tecnología, así como en los acontecimientos que llamamos 'historia'. Los santos se dan cuenta de la presencia de Dios 'en' todas las cosas, en todos nosotros, a todo momento.

Pero, cuando miramos a los ojos de la gente que sufre, como acabamos de hacer, ¿podemos ver a Dios allí? ¿Podemos decir de manera simplista que su condición es "la voluntad de Dios"? Seguramente su opresión no es la obra de nuestro Dios compasivo! Nuestro Dios es un Dios de vida! ¿Por qué estamos rodeados por la muerte física, económica, psicológica, moral, espiritual? Sabemos que es porque de alguna manera el logro de los maravillosos planes de Dios también depende de la cooperación humana. Alguien, en alguna forma, en algún lugar, no ha cooperado con los designios bondadosos de Dios.

El rostro de Dios ha sido encontrado en formas diferentes en tiempos diferentes, en diferentes períodos de la historia. Estos 'rostros' no son correctos o falsos, pero a veces pueden ser adecuados o inadecuados. La gente primitiva quizás vio el rostro divino principalmente en los poderes de la naturaleza. Posteriormente el rostro de Dios se pudo haber percibido sobre todo en los gobernantes poderosos o en los edificios espléndidamente decorados o en la gente caritativa. En la Biblia Hebrea Dios se manifiesta en todas estas formas, y el Testamento Cristiano agrega a todas estas formas a Jesús, el Hijo. Ver al Hijo es ver a Dios el Padre; y aún no hemos explorado todas las facetas de este Hijo divino. Sin embargo, en nuestro tiempo parece claro - especialmente para los pensadores latinoamericanos, que son los teólogos más creativos en la Iglesia hoy - que Dios está revelando el rostro divino de una manera especial en los pobres. Sin olvidar a la gente pobre de Norteamérica en este refugio para indigentes, en lo que sigue me estaré refiriendo en particular a los pobres en los países situados al sur de nosotros. En ellos, los teólogos latinoamericanos han encontrado y han esbozado para nosotros su visión distintiva deDios.


Dios Prefiere a los Pobres

Aquí está, en pocas palabras, el razonamiento de los teólogos latinoamericanos:

1. Dios ama a los pobres; el rostro de Dios se dirige a los pobres. Una y otra vez la Biblia Hebrea señala al extranjero, a la viuda y al huérfano como el objeto de la mirada especial de Dios. En el Nuevo Testamento, Jesús es notorio por favorecer a los pecadores, a los recaudadores de impuestos y a las prostitutas. El llega incluso a identificarse con los pobres, diciendo que alimentarlos, vestirlos y alojarlos es servirle a El.

2. Los pobres (no todos, sino un buen número de ellos) aman a Dios; se dirigen a él, lo miran directamente, concientes de que no tienen otro recurso, que no existe mejor ayuda. No todos los pobres hacen esto, por supuesto, pero la mayoría empobrecida en Latinoamérica manifiesta una fe muy fuerte cuando en lugar de alejarse se acerca a Dios en sus dificultades diarias.

3. Encontramos a Dios de una manera especial y directa cuando nos acercamos a los pobres, hoy; ellos nos mostrarán el rostro de Dios, si se lo permitimos. Ellos nos mostrarán el Reino que habrá de venir.
Pienso que el punto 1/ requiere un poco de desarrollo aquí. La Biblia habla claramente. Podemos 'resistirnos' a su mensaje o debilitarlo insistiendo que Dios también ama a los ricos. Cierto. Grandes reyes como David y Salomón fueron sus amigos; Chuza, la rica ayudante de Herodes, fue una de las mujeres que siguieron de cerca a Jesús. Dios ama a todos. Dios no ama a los ricos porque son ricos, y Dios conoce las profundidades del corazón humano. Sabemos que Dios siempre denuncia a aquellos que aumentan sus posesiones o su posición a través del saqueo, el robo, el empobrecimiento de otros, la duplicidad, el soborno, la violación -en una palabra, la opresión de otros seres humanos. Es un pecado que Dios no puede tolerar, especialmente la hipocresía de pretender confiar en Dios el creador amante de todos, mientras se confía realmente en los bienes propios adquiridos y en la posición, y se rehusa compartir estas bendiciones con los infortunados.


Los Pobres Encuentran a Dios

El punto 2/ merece reflexión adicional. ¿Quiénes son los pobres en cuestión aquí? Aquellos que carecen de bienes materiales y que, a pesar de su falta de bienes y de posición social, fervientemente confían en Dios. Los pobres son bienaventurados porque en su desesperanza llaman a Dios. En América Latina los que se lamentan suelen ser reprimidos como rebeldes. En cualquier cultura, parece, los pobres son despreciados por los ricos; pero ellos jamás son despreciados por Dios. A este respecto, un escritor brasileño anota que los campesinos siempre acogen a los de "clase alta" en sus liturgias, pero que lo contrario no es cierto.

De acuerdo con la Biblia, los pobres no son sólo aquellos que aceptan la pobreza humildemente. La pobreza es un mal, no hace parte del Reino. Ni son los 'pobres en espíritu' los ricos que actúan con humildad. No, los pobres que Dios favorece y que Jesús bendice son los desamparados, los indigentes, los hambrientos, los oprimidos, los necesitados, los humillados, porque los poderosos los han despojado. Sus medios básicos de existencia les han sido quitados. Dios favorece a los pobres porque ellos son partícipes dignos del Reino. Los ricos son condenados no porque son ricos sino porque sus riquezas han sido adquiridas y/o mantenidas a expensas de otros; ellos no son dignos del Reino. La acumulación de riqueza adquirida a expensas de los pobres es incompatible con el Cristianismo. [Elsa Tamez. 'La Biblia de los Oprimidos'. Maryknoll, N.Y.; Orbis Books, 1982.]

¿Quién es Dios para los pobres? Aquel que se identifica con los oprimidos, da fortaleza en las luchas contra la injusticia, y castiga a los opresores. Los pobres ven a Dios en acontecimientos, en experiencias de justicia y fidelidad, aunque estén rodeados de dolor y de muerte. Ellos confían en Dios y no en un salario o en una limosna o en una lotería. ¿Son soñadores ilusos? Sí, desde esta perspectiva mundana, materialista. No, desde la perspectiva de la fe que insiste en que Dios no sólo es leal sino que prefiere a los que son explotados. La miseria puede hacer que la gente maldiga a Dios o que algunos se vuelvan ateos, pero el ateísmo es más un problema del Primer Mundo que del Tercer Mundo. Esto debe significar que el Dios en el cual los pobres de Latinoamérica confían es mucho más que un proveedor de comodidad material.

El punto 3/ puede ser la contribución más original de la Teología de la Liberación Latinoamericana. Si de hecho ella se deriva de los puntos 1/ y 2/, no la podemos explorar sin encontrar implicaciones e incluso obligaciones para nosotras.


Los Teólogos Encuentran a los Pobres, y a Dios

El derecho más básico de los pobres es el reconocimiento de su existencia. Al encontrarse ante los pobres sin ignorar su sufrimiento o su esperanza, el teólogo sólo puede escuchar respetuosamente y prestar atención a lo que ellos dicen, a lo que Dios está tratando de decir a través de ellos. Esta escucha es el punto de partida de toda teología. ¿Cómo expresa el teólogo lo que escucha en los pobres?

De la pobreza se puebe hablar en términos de clase, raza, cultura, pero ante todo la pobreza significa muerte. Como Gustavo Gutiérrez no se cansa de decir, todo estado de muerte se opone diametralmente al Reino de vida proclamado por Jesús. Así, la solidaridad y la lucha contra la pobreza inductora de muerte presuponen una opción por la vida, una convicción de que Dios está por la vida; Dios es vida. Para hablar desde la perspectiva de los pobres y de su silencio, el teólogo debe participar en el sufrimiento de los pobres inocentes y encontrar un nuevo lenguaje para lo que Dios está revelando hoy. Al buscar un lenguaje para expresar la injusta pobreza de la mayoría, el teólogo tiene que estar motivado por la fe y por la esperanza de la gente común. "En contacto con los pobres, que constituyen toda una clase social explotada, una persona experimenta un encuentro sincero con el Señor y hace un compromiso con la justicia, que es la primera característica del reino de Dios." [Leonardo y Clodovis Boff. 'Salvación y Liberación'. Trad. Robert R. Barr. Maryknoll, NY; Orbis Books, 1984, p. 25. En adelante esta obra será designada como 'Salv'.] El teólogo tiene que contemplar al Dios del amor y simultáneamente profetizar al Dios de la liberación del pecado y de sus dañinas consecuencias.

Todo teólogo - clásico, de proceso, creacionista, etc. - está siempre enraizado en una espiritualidad, en un misticismo, en un encuentro con Dios que tiene consecuencias en la vida y en el comportamiento personales. Esta experiencia de Dios es lo que el teólogo se mantiene tratando de articular. El punto de partida de la teología latinoamericana de la liberación es la realidad de la miseria descrita en Puebla: "Elevada tasa de mortalidad infantil, falta de vivienda adecuada, problemas de salud, salarios de hambre, desempleo y subempleo, desnutrición, incertidumbre en el trabajo, migraciones masivas obligadas". [Documento Final, Eagleson & Sharper]

Igualmente, hemos visto miseria en el refugio para la gente sin techo que visitamos. Según los hermanos Boff, si estamos convencidos de que tal sufrimiento humano no es voluntad de Dios, podemos proceder a desarrollar esta experiencia radical en dos formas: 1/ la forma sensible o sacramental que opera con los signos de pobreza al crear cocinas, buscar empleo, o practicar cualquiera de las obras de misericordia que continúan siendo de tanta importancia; y 2/ la forma social analítica que, por ejemplo, opera para introducir leyes más justas y para buscar y promocionar candidatos políticos que, digamos, reformarán el sistema bancario o disolverán la estrecha alianza entre la industria y los militares, y entonces los fondos dedicados a armamentos en la actualidad podrán ser usados en cambio para proveer las necesidades básicas de la gente. La segunda forma opera con estructuras en las cuales subyacen los signos de la opresión humana. ['Salv', p. 2]

Los pobres tiene sus valores, aunque esos valores permanezcan insatisfechos. Su anhelo de dignidad humana básica de la cual están privados los hace revolucionarios potenciales contra el orden existente. Pero ellos raramente se convierten en agentes de transformación social sin la cooperación de personas que no estén debilitadas por el hambre o desalentadas por los fracasos repetidos. Para convertirse en agentes de cambio, los pobres necesitan colaborar con gente que pueda ver el cuadro general, articular anhelos, y unirse a ellos.
Hay una dimensión teológica en la liberación económica y política. Siempre presupuesta en el cambio hacia lo mejor, y por lo tanto rara vez discutida, es la liberación del pecado, de las actitudes interiores desviadas. El teólogo describe la dimensión y la visión nuevas: la liberación a través de Dios está presente en la liberación histórica de los seres humanos. Sí, las criaturas humanas somos históricas, no eternas como Dios; pero estamos permanentemente abiertas a lo Trascendente y repetidamente somos llamadas para decir sí o no a Dios y a la gracia de Dios.


La Buena Nueva de la Liberación – ¿Histórica y/o Trascendente?

"Desde su punto de partida en la angustia de los pobres de este mundo, todo el mensaje bíblico emerge como una proclama de liberación. Sólo desde este punto de partida entre los humillados y los maltratados se ve el evangelio como buena nueva." ['Salv', p. 26] El empobrecimiento y la explotación no son voluntad de Dios. La buena nueva para los pobres fue mala para Herodes o para los hipócritas. Los teólogos de la liberación nos piden que releamos la Biblia desde el punto de vista de los pobres, usando la liberación como una clave hermenéutica. Hacerlo así es recuperar las dimensiones social y utópica de la gracia y de los sacramentos y usar esas dimensiones esenciales en el proceso de liberación.

Los pensadores latinoamericanos ven la praxis política de la liberación como la dimensión dominante pero no como la única dimensión de fe que es importante hoy. ¿Son la salvación y la liberación idénticas? "En términos teológicos exactos, la liberación se define como la dimensión social o política de la salvación. El horizonte más amplio es la salvación. Es contra este horizonte que la liberación está situada. La liberación no abraza, cubre o incluye la salvación. La salvación incluye la liberación, la penetra y se desborda de ella por todos los lados. La realidad más amplia, el 'elemento' o la 'atmósfera' de la liberación, es la salvación." ['Salv', p. 102]

Toda historia es la historia de la salvación (que no debe ser confundida con la historia de la revelación). Una historia no es secular y natural mientras que la otra es sagrada y sobrenatural. En el orden concreto, sólo hay una historia de la salvación/perdición. " la última vocación del hombre [ser humano] es en realidad una, y divina". ['Gaudium et Spes', # 22] A medida que nos acostumbramos a suprimir las barreras artificiales entre lo secular y lo sagrado nos hacemos concientes de que la historia siempre ha sido reportada desde la perspectiva del vencedor. Cuando releemos la historia desde la perspectiva de los amerindios, de los esclavos, de las minorías o de las mujeres, vemos más claramente lo que se requiere para hacer que ocurra el Reino de Dios.

Todo lo que existe pertenece al reino. Hay un componente teológico que no es justo en las vidas individuales, y tampoco en las vidas económica, política, social y material. La mayor parte de las teologías se ha enfocado en lo individual; el desafío real para una teología de la liberación, y para todas nosotras hoy, es: "¿Cómo podemos ver la presencia de Dios, y la gracia de Dios, o la presencia del mal, y del pecado, dentro de los procesos económicos y sociales?" ['Salv', p. 47] Este desafío es especialmente digno de nuestra consideración como hijas del Padre Moye, quien siempre nos urgió a seguir a Jesús en todo lo que hiciéramos o dijéramos. Analizar situaciones injustas y actuar por la liberación con los pobres son decisiones políticas y éticas así como evangélicas. ['Salv', p. 48] El Dios revelado en los rostros de los pobres nos invita a tales decisiones, en particular ahora cuando quizás por primera vez están disponibles los medios para distribuir más equitativamente los bienes que Dios ha provisto para todos.

Para reconocer el rostro de Dios en los pobres debemos, por supuesto, primero reconocer a los pobres con la facultad que los pensadores latinoamericanos llaman "concientización". El Padre Moye debió haber tenido esta experiencia. Y él también la relaciona con la salvación (y por tanto con la liberación) en el 'Proyecto', donde leemos que él necesita "Jóvenes fervientes que tengan en el corazón la salvación de los niños pobres confiados a ellas, de tal manera que estén dispuestas a aceptar cualquier tipo de trabajo a fin de conseguirla" (p.73).

Antes de que pasemos al Padre Moye, en nuestro próximo encuentro examinaremos algunas de las formas distintivas en las cuales el pensamiento de la liberación ve a Jesús.

II / Jesús en Latinoamérica

Probablemente podemos aceptar que en nuestro tiempo un "nuevo" rostro de Jesús está siendo descubierto en los pobres. Lo encontramos cuando nos insertamos en la realidad de la pobreza. Este descubrimiento nos hace dirigir con renovado interés a la Escritura y a la tradición. ¿Este aspecto de Dios se encuentra en esta fuentes? ¿Por qué no lo vimos claramente antes? La experiencia nos conduce a la Palabra y a la oración; la Palabra a su vez nos mueve a la acción, a más experiencia. Como Cristianos creemos que este proceso de acercamiento a Dios debe ser a través de Jesús.

Como dijo el Papa Paulo VI, "la contribución de la Iglesia a la liberación es incompleta si descuida proclamar la salvación en Jesucristo." La auténtica liberación no puede hacer a un lado a Jesús. Incluso, 'Jesucristo, Liberador' suena como un nuevo título en la letanía de nombres para nuestro Salvador. ¿Qué nos dice a nosotras un título originado en Latinoamérica? ¿Por qué debemos reflexionar sobre Jesús en Latinoamérica? ¿Es este Jesús diferente al Jesús en Francia o en Rusia o en Estados Unidos? Quizás estas preguntas recuerden a los fariseos, quienes no podían creer que nada valioso pudiera venir de Nazaret en Galilea! O quizás hacemos las preguntas porque creemos que los creyentes en Latinoamérica tienen una ofrenda especial para la Iglesia – para todas nosotras – hoy. Si es así, vale la pena mirar por lo menos brevemente la Cristología Latinoamericana.

Varios teólogos al sur de aquíhan desarrollado importantes cristologías en las décadas pasadas. Para que conozcan el sabor de lo que se está desarrollando, les presentaré algunos de los pensamientos de Jon Sobrino, el jesuita que escapó del martirio en El Salvador. El fermento de la fe vigorosa a pesar del sufrimiento también ha encontrado expresión en la 'religiosidad popular'. También les presentaré apartes de las misas cantadas en Centroamérica, que muestran cómo la gente común ha incrementado su entendimiento de Jesús, de Dios, y de ellos mismos. Así ustedes podrán comparar las ideas de Sobrino con las cristologías que ustedes ya conocen y también tendrán una idea de cómo Jesús – siempre la mejor revelación del rostro de Dios – es visto en Latinoamérica hoy.

No tengo tiempo para explicar la metodología de Sobrino o para explicar su pensamiento en una forma sistemática, lógica. Más bien, deliberadamente he escogido ideas que pueden parecer chocantes o que nos pueden invitar a hacer una pausa y a reflexionar luego, en un momento tranquilo, sobre los mensajes que Dios nos puede estar enviando hoy por medio de gente que sufre mucho pero que se sostiene en su fe.

¿Quién es Jesús?

Una misa de los habitantes de Nicaragua, compuesta en 1968 en el fervor de renovación después del Segundo Concilio Vaticano, expresa cómo se veían ellos y cómo veían a Jesús. Ellos se ven a sí mismos como la gente de Dios en peregrinación, uniendo la fe con la vida diaria. Ellos ven a Jesús históricamente, como alguien que vivió en la historia como nosotros y que es nuestro compañero. El Credo, por ejemplo, expresa su creencia "en un Dios, nuestro Padre Omnipotente, y en Jesucristo su Hijo que nació de nuestra gente. Cristo vivió entre la humanidad, compartiendo nuestra condición; y para nosotros murió, sufriendo cruelmente". La canción final dice: "El Señor ascendió; lo recibimos entre nosotros; esta Misa no ha terminado. Cristo, ven a nuestros hogares, a la fábrica, al campo de beisbol, al taller y a la oficina; ven con nosotros, Señor."

La misa completa asume una visión teilhardiana de la liberación de todo en la naturaleza. La jerarquía nicaragüense prohibió esta Misa debido a las palabras en el Credo que dicen que Jesús nació de nuestra gente. No hay mención de conflicto social en esta Misa.

Siete años después, en 1975, Carlos Mejía Godoy, trabajando con Ernesto Cardenal, compuso una Misa dirigida al Dios de los pobres como clase, a los que tienen "condición de siervos" (Filipenses 2:7). La conciencia de clase es fuerte en las oraciones cantadas de esta Misa. Los opresores no pueden realmente participar en la Misa porque se sentirían acusados a menos que se conviertan y cambien. Dios no es engañado por el culto sin justicia, por la religión sin corazón, o por la divinidad que no es encarnada. El Kirie pide a Jesús, el Señor Dios, identificarse con nosotros: "No seas solidario con la clase opresora que exprime y devora a la comunidad, sino con los oprimidos, mi gente sedienta de paz".

Los teólogos latinoamericanos insisten en "presentar la filiación de Jesús históricamente y su historicidad teológicamente" (Sobrino) por razones pastorales. El punto de partida de la cristología latinoamericana es eclesial y social. Reflexionando dentro de la totalidad de la fe de una iglesia determinada, los teólogos latinoamericanos enfatizan la historicidad de Jesús para equilibrar un énfasis excesivo en su dimensión trascendente. 'Desmitologizar' o sobrevivir a la crisis de significado no es suficiente para evitar la manipulación de Cristo. Alertas a los signos de los tiempos en sus propios países, donde la mayoría pobre está dominada por unos pocos ricos, ellos también quieren asegurarse de que Jesús no puede ser presentado como alguien que pueda estar en complicidad con los ídolos o que sea indiferente a la continuada miseria humana.

Los detalles exactos de la vida de Jesús en la tierra son de menos interés para el pensamiento de la liberación latinoamericana que lo que es la consistencia de su muerte con su vida. Procediendo de la práctica de Jesús a su persona nos ayuda a continuar lo que él hizo y a aceptarlo en realidad como la norma fundamental. ¿Y cuál fue la 'praxis' de Jesús? Proclamar lo trascendente defendiendo al pobre activamente y denunciando y desenmascarando a los poderosos en la historia.

Mateo 25 nos dice dónde puede ser encontrado Cristo en este momento: en los hambrientos, en los sedientos y en los oprimidos.

La Misa de los Salvadoreños – compuesta entre 1978 y 1980 después de que mucha gente, incluyendo sus pastores, sufrieron el martirio – establece un paralelo con algunas de las ideas de Sobrino y revela una lectura madura de la fe cristiana. El sujeto y protagonista de esta Misa es la gente pobre, la comunidad. Ellos se revelan contra su pobreza y quieren distribuir los bienes de la creación entre todos, pues la Palabra de Dios revela un nuevo rostro de Dios y los urge a cambiar las crueles condiciones en su mundo. El 'Responsorial' es instructivo.

El coro dice: 'Creímos que era cierto; tu palabra vino y nos hizo cambiar.' Poniendo sabiduría en las bocas de la gente contemporánea, la canción continúa hasta afirmar que Dios no quiere resignación sino actos de amor. El nuevo mundo será modelado por el trabajador común. Los poderosos no trabajan ni sudan, sino que nos dicen que nos conformemos y trabajemos duro porque seremos salvados y liberados sólo en el próximo mundo. Dios, sin embargo, hizo el mundo para la comunión; Dios no ama al orgulloso ni al opresor.

La gente de El Salvador y los teólogos de El Salvador ven a Jesús revelado en la historia, actuando en la histora, caminando a través de la historia hoy. La historia no hace a Dios ser Dios, pero si la encarnación realmente afectó a Dios, debemos aceptar el misterio de que la historia afecta a Dios. Dios y no un simple ideal de sociedad conduce la historia a su realización, incluso cuando los íolos del poder y del dinero continúan llevando al Hijo de Dios a la muerte.

¿Qué es fundamental para Jesús?

Sobrino hace la sorprendente afirmación de que Dios no es lo fundamental para Jesús. Ni es Jesús mismo ni la iglesia lo fundamental. Jesús no se predicó a sí mismo ni a un simple Tú personalista sin relación con la historia, y no intentó fundar una iglesia. Dios es más grande que la iglesia o que cualquier configuración histórica, y sin embargo Dios es más pequeño porque el rostro de Dios aparece en el más humilde de los seres humanos. Lo fundamental para Jesús es Dios-en-relacién, Dios y el reino, el reino de Dios. El reino de Dios no es el reino del cielo si eso significa el reino en su versión absolutamente trascendente, distinto de y opuesto a la realización en la historia de los seres humanos. (El Evangelio de Mateo utiliza la expresión "reino del cielo", pero los exégetas nos dicen que esto es solo otro nombre de Dios.) Este reino no es intercambiable con ninguna otra utopía.

El Testamento Judío ya había hablado de este reino donde Dios gobernará y establecerá un cierto orden de cosas. La justicia de Dios prevalecerá aunque los inocentes sufran y los injustos prosperen. Como los profetas, Jesús anunció un mundo sin opresión, un mundo de reconciliación entre los seres humanos. Jesús agregó más explícitamente que los pobres invitados a este reino son los pecadores, los despreciados, los sufrientes, los necesitados y los oprimidos. Su parcialidad por ellos fue un escándalo para muchos de sus contemporáneos.

Los pobres no solo saben que Dios los ama y favorece, en Jesús ellos encuentran a quien en realidad trata de liberarlos de la miseria. Él los libera con milagros y exorcismos, transformando el mal en bien. Él condena las prácticas injustas y la hipocresía de justificar a estas en nombre de la religión. Él denuncia acciones, actitudes y estructuras que dividen a la gente en opresores y oprimidos; desenmascara el pecado, individual y social. Actúa para crear a una nueva conciencia colectiva de lo que significa solidaridad.

Él defiende a las prostitutas, habla con los leprosos y con los ritualmente impuros, elogia a los samaritanos, permite que las mujeres ostracizadas lo sigan. Jesús se aproxima a los ostracizados no solo individualmente sino en su comunidad, recreándolos como grupo social a través de la materialidad de la mesa de comer. (Sobrino)

Él se sentó a la mesa con los pecadores para mostrarles el amor de Dios, así como para rescatarlos del aislamiento social.

Jesús vio el Reino como un don, pero trató de traerlo en formas definitivas. El Reino está justamente aquí – aún no en su plenitud sino en la esperanza que suscita en los oprimidos material y socialmente. Para poder entrar a él debemos tener su actitud. Para entrar al reino de Dios debemos adoptar el punto de vista de aquellos que carecen de vida, de poder y de dignidad, "y no pretender que puede haber otro punto de vista mejor que el de ellos" (Sobrino).

Los pobres con gran fe ven a Jesús como el que los libera del pecado, es decir de la muerte. Toda su vida fue una lucha contra las divinidades de la muerte, contra cualquier fuerza que deshumanizara. Con sus ideas él profundiza el respeto por la vida presente en la Torá, por ejemplo acerca del matrimonio y la retaliación. Ninguna ley que le impida a alguien satisfacer las necesidades básicas de la vida puede ser voluntad de Dios. El Reino de Dios es un reino real, de aquí y ahora, no un ideal universal. Si hubiera sido solo un anuncio abstracto, no habría tenido consecuencias funestas; no habría habido crucifixión.


III / Espiritualidad de la Liberación

Una vez una persona aprenda a encontrar el rostro de Dios en los pobres y en los despreciados de esta tierra, puede enfrentar con ellos los problemas y las situaciones reales que les impiden vivir su dignidad como seres humanos y como hijos de Dios. Esto quiere decir que, una vez una persona se haya 'concientizado' para ver que todas las áreas de la vida humana pueden e incluso deben expresar la acción salvadora de Dios en la historia, esa persona se puede convertir en liberadora. En lugar de dar algo a los desfavorecidos y continuar luego nuestro camino, formemos una comunidad; estemos en solidaridad con ellos.

Los Cinco Rasgos de la Espiritualidad de la Liberación

1. Conversión: un Requisito para la Solidaridad
¿De cuáles pecados se debe uno convertir a fin de amar realmente a los marginados de este mundo? La respuesta varía para cada persona, y la conversión es un proceso continuo, no un acto de efecto inmediato. Pero Gutiérrez señala que algunos pecados contemporáneos podrían ser fariseísmo: guardar silencio cuando uno debe denunciar la injusticia, racionalizar nuestra cobardía o negar responsabilidad en los mecanismos sociales injustos. La sinceridad de una conversión se juzga por una preocupación incrementada para proveer las necesidades materiales de los pobres. Simplemente no les 'tiramos' cosas a los pobres, como un salvavidas, y tratamos de arrastrarlos a una utopía de clase media. No, en la verdadera conversión uno se dirige al otro con una ofrenda de sí mismo, no solo en cumplimento de un deber. Una persona o una comunidad convertida también perdona, olvida el pasado de muerte y opta por la vida. Finalmente, consistencia y una especie de obstinación caracterizan la esperanza manifestada en aquellos que han puesto su confianza en el Señor y dedican su vida a los demás.

2. Gratuidad: la Atmósfera para la Eficacia
La mayoría de las espiritualidades previas le daban prioridad a las intenciones subjetivas y se preocupaban menos por los resultados objetivos, por hacer del amor una fuerza efectiva dentro de la historia. El deseo de eficacia es un elemento importante de la espiritualidad de la liberación y le da nuevo vigor a la convicción de que Dios es el que inicia nuestro encuentro y nuestra relaciÃ3n con lo divino.

3. Alegría: Victoria sobre el Sufrimiento
¿Cómo pueden quienes se hacen concientes de que su sufrimiento hace parte de todo un orden social que lo abarca todo y que es resistente al cambio estar alegres en lugar de desalentados y abrumados por un sentimiento de desesperanza? La alegría de algunos puede ser superficial, resultado del desconocimiento o de la resignación. Pero en los que viven la espiritualidad de la liberación es, por el contrario, una alegría pascual nacida de la convicción de que el maltrato injusto será vencido.

4. Infancia Espiritual: un Requisito para el Compromiso con el Pobre
La "opción preferencial" por el pobre es familiar para todos nosotros desde Puebla. La distinción de Leonardo Boff entre pobreza socieconómica y pobreza evangélica es útil para evitar malentenderla. La pobreza socieconómica es falta de los medios de subsistencia, generalmente debida a un sistema injusto. La pobreza evangélica o espiritual es dedicación de uno a Dios en gratitud y a otros en servicio; es desapego de los bienes de este mundo a fin de estar disponible como instrumento para el reino de Dios.

5. Comunidad: Fuera de la Soledad
La experiencia de la soledad en el desierto es un aspecto profundo de cualquier encuentro con Dios; en Latinoamérica la experiencia toma la forma de la noche oscura de la injusticia. Las dificultades encontradas en el viaje espiritual incluyen rechazo por los privilegiados, aislamiento por los que malentienden, temor de debilitarse en la lucha, e incluso desconfianza y hostilidad de parte de los compañeros. Pero lo peor de todo puede ser darse cuenta de que la dolorosa situación de los pobres no tiene fin. La experiencia de la soledad da lugar a un hambre de comunión, de pertenecer a una comunidad auténtica. Esta no es en absoluto la actitud del individualista que "gentilmente agrega, por así decir, un aspecto de la comunidad a una vida cristiana que es autosuficiente sin ella" (Sobrino). Sólo en comunidad se puede cruzar el desierto. En comunidad recordamos la muerte y la resurrección del Señor.


IV / Las Hijas de Juan Martín como Liberadoras Hoy

¿He logrado mi intención de presentarles a ustedes las principales ideas del pensamiento latinoamericano de liberación? Ustedes deben ser las jueces, pero espero haberlo hecho y también contribuido a que todas nosotras apreciemos el don que nuestros vecinos del Sur son para toda la iglesia hoy.

Ahora quiero que nos volvamos realmente prácticas, que tomemos seriamente nuestra propia historicidad y nos preguntemos si como hijas del Padre Moye somos o queremos ser o debemos ser liberadoras. Siempre que visito las misiones de San Antonio, en Texas, como hicimos ayer, me complace recordar que ellas fueron establecidas por la misma época en que nuestras primeras Hermanas se estaban reuniendo en Lorena. Y esta tarde celebraremos la llegada de nuestras primeras Hermanas a Texas. Nuestra historia parece estar muy presente en nosotras estos días.

En esta mañana miraremos cómo la vida del Padre Moye encaja en el proceso de liberación. Luego veremos cómo nuestras propias vidas lo pueden ya estar haciendo. Esta presentación será bastante general, y nos permitirá a todas aportar ejemplos y detalles concretos durante el período de discusión.


El Padre Moye como Liberador

Antes del primer paso en el proceso de liberación, debe existir alguna injusticia u opresión. Alguien que está sufriendo se hace conciente y grita 'Tengo hambre', o 'Mi hijo está enfermo', o 'No tenemos trabajo'. La gente que está satisfecha con su suerte, incluso si esta es injusta e inhumana, generalmente no se lamenta. Entre quienes se lamentan más fuertemente están los autores de muchos de los Salmos; esta es quizás una razón para que continúen siendo relevantes. Toda generación tiene algo de lo cual lamentarse. Pero lamentarse no es suficiente cuando se está indefenso. Alguien tiene que oír el lamento, debe escuchar la voz de otro.

Habiendo escuchado, quien escucha debe salir de su mundo y entrar al mundo de quien está afligido. Sabemos que fue difícil para las primeras Hermanas, quienes parece fueron jóvenes de los pueblos; luego las reclutas vinieron de las aldeas más pobres. El Padre Moye nunca se acostumbró a ciertos alimentos, por ejemplo al mundo de la China donde viajó. Escuchar con atención al otro exige conversión continua, una descentralización voluntaria y sostenida de nuestro propio yo; nacer de nuevo ocurre una y otra vez, alejando de los ídolos y acercando al Dios viviente.

La colaboració no sólo hacerse cargo de la vida del otro, es esencial para la liberación. El siguiente paso en el proceso es mirar juntos – el oprimido y el que escucha – las causas de la miseria para extirparlas de raíz. Si las causas son leyes, costumbres o instituciones, el siguiente paso es cambiarlas. Esto es muy difícil, pues el opresor percibido puede ser la propia familia de uno, el propio país, la iglesia, incluso la congregación religiosa. Pero cuando las causas resultan ser personas vivientes, la caridad de uno es realmente desafiada; pues como cristianos no debemos odiar al opresor sino amar incluso a nuestros enemigos. En el 'Directorio', el Padre Moye siete veces como mínimo urge a amar a los enemigos. Dentro de todas las personas, no importa cuanto mal hagan, está la posibilidad de trascendencia, de salir de sus hábitos pasados, de sus actitudes y de sus maneras pecaminosas hacia una nueva vida de cooperación con gracia. Creemos en esta posibilidad dentro de cada persona, incluso cuando sea antipática.

Si el proceso de reforma ha sido exitoso, las necesidades de los afligidos se han atendido de tal manera que son capaces de ser partícipes en lo que antes les faltaba. Ahora pueden tomar más decisiones sobre sus propias vidas. Pero el proceso realmente nunca termina, pues uno siempre escucha nuevos lamentos. Alguien a quien no notamos antes nos llama para que dejemos una vez más nuestro cómodo sistema y lo abramos a alguien al cual ahora excluye.

¿Realizó el Padre Moye tal proceso, aunque no le hubiera dado el nombre de 'liberación'? Veamos. Como nosotras, él era miembro de varios sistemas o instituciones. Su familia pertenecía a la clase media económica; él pertenecía a la clase educada; era un clérigo en la iglesia. Tenía una cierta categoría en cada uno de estos y disfrutaba de sus beneficios. Pero él no era tan complaciente y aislado que no notara los problemas de los demás. Escuchó las voces de las obreras en las fábricas, de los campesinos, de los niños y de los neófitos chinos. Relatando en nuestra 'Historia' su ignominiosa salida de Dieuze y su asignación a un seminario abierto, Juan Martín dice: "Así, las Hermanas deben aprender de mi ejemplo y del de Marie Morel a estar listas para dejar el lugar donde están, a fin de ir dondequiera que Dios las llame" ('Directorio', p. 358). Como Jesús que oyó a Dios que lo llamaba en la voz del ciego, del lisiado, o de las mujeres de otras culturas, la persona de fe continúa escuchando a sus contemporáneos para discernir dónde trabajar por el Reino.

El Padre Moye ciertamente dejó su 'sistema' para atender a los lamentos que escuchaba. Salía de su casa parroquial en Metz o en Dieuze para predicar en el campo, y sabemos que dejó a su familia de manera bastante inesperada. Sabía que era diferente a los campesinos, era mejor educado, veía las cosas en una perspectiva más amplia que la de la gente a la cual él quería ayudar. Era un 'intelectual orgánico' que dedicaba sus capacidades a trabajar con los menos educados para encontrarle soluciones a los problemas. No sabemos, pero quizás trató de hacer que ellos mismos articularan sus necesidades más urgentes, de tal manera que pudieran buscarles soluciones juntos, como aconseja Paulo Freire en su magistral libro, 'La Pedagogía de los Oprimidos'. Sabemos bien que advirtió a las primeras voluntarias a no esperar "una posición o un medio de vida para el resto de sus días" (p. 70). Ningún sistema habrá de ser su hogar permanente. "Debemos llevar una vida itinerante y desprendida, sin establecernos en ningún lugar, listos a irnos, listos a quedarnos."

Habiéndose ido, seguramente miró atrás y vio con nuevos ojos el sistema del cual había partido. Probablemente vio cómo la gente de clase media tendía a sacar ventaja de los jornaleros, cómo el clero exigía ciertos servicios, y cómo los pobres tenían que tratar a todos con deferencia solo para permanecer vivos. Con nuevas comprensiones vienen nuevas responsabilidades. ¿Qué podrá hacer él entonces para asegurarse de que quienes se aferraban a sus posiciones y a sus posesiones aligeraran las cargas y aflojaran las cadenas de los excluidos para que pudieran participar más de los bienes y de los beneficios básicos?

Que él desafió el status quo es un hecho. De otra manera, ¿por qué la oposición del clero de Lorena y de los poderosos paganos de China? Quienes no sacuden el bote son dejados en paz. El exigió que las mujeres fueran liberadas por sus familias y fueran libres para enseñar y para vivir con gente distinta a sus parientes, que las sirvientas se convirtieran en maestras de escuela. Elxigió que las futuras maestras no tuvieran que pagar una pensión elevada por su entrenamiento o que tuvieran restricciones respecto a los puestos que escogieran. Pidió que quienes prestaran servicios de salud estuvieran mejor preparados para sus responsabilidades con los niños que morían.

Las primeras Hermanas también debieron haber sido vistas a veces como agitadoras, si no ¿por qué él escribe acerca de Hermanas que "sufren humillaciones de la gente, cuando esta trata de hacer que ellas se vayan" ('Directorio', p. 200) y de "Hermanas que son mal recibidas en sus parroquias, despreciadas o criticadas" (p.345)? La perseverancia con los que necesitan liberación es la orden de Juan Martín. Pero él mismo no permaneció en Lorena. Después de abrir sistemas allá en diferentes formas, escuchó un lamento de ultramar. "Viendo entonces tantas bendiciones en las escuelas y en las pequeñas misiones, casi llegué a dudar que fuera la voluntad de Dios que yo debía permanecer en Europa" (p. 364). Pero no se quedó en su familiar mundo europeo, sino que recomendó las escuelas a la Providencia y se marchó para unirse a los chinos en sus luchas. Allá el proceso de liberación volvió a comenzar: escuchar, salir, colaborar, abrir (tener éxito en abrir el sistema, o ser perseguido, o muerto), celebrar victoria cuando los excluidos entran, hacerse conciente de que el sistema está cerrado a cierta gente que está comenzando a lamentarse. El proceso continuó. También sirve recordar que además de la oposición externa, él tuvo tentaciones comunes a todos los que se comprometen con la liberación – por ejemplo, impetuosidad, y desconfianza en la disposición de una comunidad para moverse y en la sabiduría para escoger. También advirtió a las Hermanas acerca de la imaginación inestable, el desánimo, el favoritismo, la atracción por lo mundano, y la duplicidad.

¿A quiénes liberó el Padre Moye – con la cooperación de ellos? La lista ciertamente incluiría mujeres – obreras, parteras, jóvenes piadosas. ¿De qué fueron ellas liberadas? De ciertos 'pecados' de complacencia, baja autoestima o falta de confianza en Dios, así como de las excesivas restricciones que les ponía la sociedad. Ellas fueron liberadas no solo de la mundanería y del gusto por el lujo, también de la mezquindad que se puede presentar cuando el mundo de uno es muy pequeño. ¿Para qué fueron liberadas? Fundamentalmente, para una mayor unión con Dios y con el prójimo, para disfrutar la participación en la familia de Dios, para la libertad de construir el Reino de Dios en la tierra.

Nosotras como Liberadoras

En cuanto a nosotras, ¿qué voces escuchamos llamándonos fuera de nuestros sistemas? Es cierto, no todas y cada una de las Hermanas de la Divina Providencia está llamada o preparada para trabajar directamente con los pobres, por un lado, o en los pasillos del gobierno presionando para reformar, por otro lado. Pero todas nosotras estamos llamadas a apoyar a quienes lo hacen y para ayudarle a tanta gente como podamos a que cambie sistemas injustos. Nuestra opción congregacional por el pobre determina cómo gastamos nuestro dinero, dónde trabajamos, y cómo interactuamos con la gente. Cada una de nosotras puede dar ejemplos de cómo vivimos esta opción.

Yo quisiera terminar con una nota positiva mencionando siete características positivas que Leonardo y Clodovis Boff encuentran en los liberadores cristianos de hoy. Sin duda encontramos estas características en muchas de nuestras propias Hermanas.

1. Son Buenos Samaritanos, buscando a los abandonados y cuidándolos, siendo buenos compañeros con cada uno. Ellos pueden encontrar a los necesitados en el corazón de una región empobrecida de los montes Apalaches o en una parroquia en el desierto de Texas.

2. Son profetas que denuncian el mal y anuncian la Buena Nueva que Dios es nuestro defensor y liberador. Son defensores de los ancianos que están en instituciones; asisten a las reuniones de junta en las grandes corporaciones para recordarles cómo sus políticas están afectando no solo a los socios sino a la gente común. Mantienen viva la visión de un Reino apacible contra el cual medir todos los sistemas de este mundo.

3. Están personalmente comprometidos con los oprimidos no solo por deber o incluso por benevolencia desbordante sino por el bien de la liberación integral de los marginados. Perseveran en los programas de educación remedial o en los proyectos para eliminar el hambre, incluso cuando los resultados parecen exiguos. Miran la liberación del analfabetismo y de la desnutrición como parte de la salvación que Dios quiere para los amados hijos de Dios.

4. Ven los sistemas con lucidez y no se enredan en sus intrigas ni en sus ilusiones. Organizan vecindarios para reclamar derechos; cuestionan la justicia de algunos criterios tradicionales para los ministros en la iglesia. Sin preocuparse por ellos mismos, están disponibles para otros y libres para crear vida cristiana y formar comunidades cristianas.

5. Son alegres, aceptando tensiones y separaciones dolorosas con ecuanimidad. Ejercen su ministerio lejos de su hogar o a pesar de las fragilidades que vienen con la edad. No viviendo en otro mundo o aislándose de los dolores de hoy sino con los pies firmemente plantados en el piso, encuentran alegría en medio del sufrimiento.

6. Son contemplativos que valoran las cosas y los acontecimientos como Jesús lo haría. Se sienten indignos de los dones gratuitos que Dios les prodiga continuamente y se maravillan del amor inagotable deDios. Humildemente conducen comunidades parroquiales o administran oficinas financieras. Exudan confianza en Dios y un respeto y un amor inmensos por los seres humanos.

7. Son utopistas, miran adelante hacia el Reino de Dios que está llegando. Dondequiera que estén, trabajan por tres tipos de utopías simultáneamente: la pequeña de una comida diaria para cada uno; la grande de una sociedad libre para todos, una sociedad organizada con la participación verdadera de cada miembro; y la absoluta de comunión con Dios en una creación totalmente redimida.

Quizás eran características como estas las que Juan Martín tenía en mente cuando urgía a las Hermanas a tener el buen olor o la dulce fragancia de Cristo. (Una vez contó por lo menos doce repeticiones de esta frase en el 'Directorio'.) Un buen olor penetra todo, da placer a todos, y perdura; no se elimina fácilmente.

Alabado sea nuestro fundador que nos dio ejemplo para trabajar por la liberación integral! Alabado sea nuestro Dios que nos provee de nuestras verdaderamente santas Hermanas y nos permite a todas cooperar en la continuación de la liberación redentora! Alabada y bendita sea la Divina Providencia, ahora y siempre. Amén.

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Traducción:
S. Betancur

Medellín, Colombia

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