Espiritualidad de la Providencia

Mary Christine Morkovsky

En mi primera conferencia les presenté los esfuerzos que las hermanas de varias congregaciones de la Providencia en los Estados Unidos han hecho para formular una teología contemporánea sobre la Providencia basadas en nuestras experiencias vividas. Esos esfuerzos continúan hoy día y yo espero que algunas de ustedes aquí presentes se interesen en contribuir en esta activa exploración, valiédonos de la internet y del correo e-mail y siguiendo los pasos de la globalización, ¿No creen ustedes que es una maravillosa idea? Pero hoy yo quiero hablarles un poco más sobre la Congregación de la Divina Providencia de San Antonio de Tejas. Aunque nosotros tenemos una superiora general diferente, sinembargo tenemos el mismo fundador, el Beato Juan Martin Moye. El nos presentó las cuatro virtudes fundamentales que guían nuestras vidas y él continúa siendo nuestra inspiración y modelo de cómo poner esas virtudes en práctica.

Cuando yo entré a la Congregación, y eso hace más de cincuenta años, nosotras no sabíamos mucho sobre nuestro fundador. Se nos dijo que él había tenido una gran devoción a la Pasión y al Niño Jesús. Nosotras imitábamos sus penitencias recitando con frecuencia la oración de las Cinco Llagas y también el rosario con los brazos extendidos. Rezábamos muchas oraciones y letanías cada día, y luego seguíamos un horario muy constante. Me atrevo a decir que algunas hermanas creían que la santidad era cumplir con esas devociones y prácticas. Por ejemplo, yo recuerdo a una sor mayor que me decía que cuando ella se levantaba en la mañana decía toditas las oraciones del día - las oraciones de la mañana, el examen, y las de la tarde y las de la noche ­ de modo que no tuviera que preocuparse el resto del día. Yo creo que la palabra clave aquí es "preocuparse". Cumplir con la obligación de orar como para evitar una preocupación más que tomarlo con gusto y como un descanso, el legalismo estaba muy difundido. Otra hermana también mayor me decía, que después de que el concilio Vaticano trajera tantos cambios, ella echaba de menos las antiguas costumbres de obediencia a la campana. La campana sonaba, y nosotras nos levantábamos. La campana sonaba e íbamos a la capilla. La campana sonaba e íbamos al refectorio. La campana sonaba y salíamos a recreo. Ella echaba de menos la regularidad y yo creo que aquí la palabra clave es: "obediencia a la campana". Era tan fácil mecanizar la obediencia. Conformarse era ser perfectas. Y las reliosas se sentían culpables si no entraban en acción cuando sonaba la campana aunque estuvieran atendiendo a un necesitado.

Claro que estos dos ejemplos no son típicos sino extremos. Sin embargo, ellos me ayudan a recordar que yo viví como religiosa en un cierto tiempo de la historia de nuestra congregación, y de nuestro país, y de nuestra iglesia. Al tiempo de mi entrada, la espiritualidad se identificaba con las prácticas de devoción, y sólo después reconocimos que era una forma de vida y una atracción a cierto aspecto de Dios, como el aspecto distintivo de nuestra vida, o como un carisma. Ciertamente hemos vivido cambios monumentales desde el Vaticano Segundo. Y ¿quién sabe? Nosotras (o ustedes, pues mi vida en la tierra ya va llegando a su fin) tal vez vayamos a vivir durante más cambios. En los Estados Unidos las religiosas tomaron muy seriamente dos directivas dadas después del Vaticano Segundo. Primero: retornar al espíritu de los fundadores, y Segundo: comprometerse más con el mundo contemporáneo. Mirando atrás a los años setenta y ochenta, es posible decir que tal vez nos pasamos un poco al abandonar algunas costumbres y devociones monásticas en la búsqueda del activismo. Cuando esta tendencia se combinó con el excesivo individualismo en la sociedad de los Estados Unidos, la vida religiosa pareció perder algo de su sabor distintivo.

El Vaticano Segundo nos dijo que éramos laicado y no parte del clero. Por obediencia sincera a las directivas del concilio, nosotras cambiamos de hábito, de horario de oración y de forma de vida. Pero pronto nos pareció que Roma no nos apoyaba en nuestras reformas congregacionales. También encontramos difícil explicarnos como, aunque sólo éramos laicado, también éramos distintas a los laicos. Una característica bien clara era que nosotras hacíamos los votos de pobreza, castidad y obediencia. Cierto que habíamos considerado cada uno de los votos como algo negativo, como una renuncia a los obstáculos, pero ahora empezamos a insistir que los votos eran algo positivo y que nos ayudaban a completar el diseño divino para afirmar y enriquecer nuestras relaciones. En el área de la comunidad, vimos que deberíamos hacernos no-exclusivas y aprender a vivir en armonía con otras mujeres diferentes a nosotras no sólo en temperamento y dones sino en nacionalidad, educación, y tal vez en la teología. Esa variedad hizo imprescindible el articular nuestra espiritualidad de nuevo. En nuestra vida de oración vemos la necesidad de oración tanto privada como comunitaria que es más que recitar oraciones del devocionario. Queremos una conexión más cercana a Dios. Hemos llegado a ver que debemos llegar a ser contemplativas, no sólo ejercer una vida de claustro. El ser contemplativas en la acción fué una de las resoluciones de nuestro último Capítulo General.

Durante todos los cambios de las décadas anteriores, nuestra confianza en Dios para su asistencia continuada y las atracciones para mejorar han permanecido como la fundación; nosotras dependemos mas que nunca de la inspiración y poder de Dios. Hoy día tenemos muchas hermanas de edad y muy pocas hermanas jóvenes. Hemos cerrado muchas instituciones porque no tenemos personal para manejarlas. Vivimos en un tiempo de disminución. ¿Será que la gente nos llamará espontáneamente: Hermanas de la Providencia? Ciertamente esperamos y oramos para que de verdad nos abandonemos a Dios como nuestro nombre lo dice.

Recuerden que la razón porque nos llamaron Hermanas de la Providencia fueron nuestras conexiones con el pueblo. El Padre Moye no nos dio ese nombre, las primeras hermanas no escogieron ese nombre. El padre Moye quería que nos llamáramos "Pobres Hermanas", pero la gente pobre del campo a quienes las primeras hermanas servían nos llamaron de otra forma. Lo que más les llamó la atención de esas primeras hermanas fue su profunda confianza en el cuidado de la Providencia de Dios. (De paso, la experiencia del padre Moye fue distinta de la experiencia de Jeanne Delanoue de Saumur en Francia. En 1704 ella fundó una congregación dedicada a la Providencia. Pero la gente pobre insistió en llamarlas con otro nombre, y hoy se les conoce como "las Siervas de los Pobres de Jeanne Delanoue". Tal vez nos sirve meditar en la conexión entre la pobreza y la providencia, pero por hoy tenemos otros tópicos que considerar).

A través de la historia de la iglesia los fieles con frecuencia reflejan un sentido de verdad y honestidad que ha servido para preservar la fe a través de los siglos, y son famosos los fundadores y fundadoras que han escuchado ese sensus fidelium. El sentido de los fieles en Alsacia y Lorena en la mitad de los mil setecientos era que esas mujeres enviadas por el padre Moye a los ranchos pobres eran excelentes en su confianza en Dios. Tal vez la gente notó que esta confianza contrastaba con la soberbia de los nobles de ese tiempo. ¿Serían esas religiosas tan sin distinción en otras cosas que su profunda confianza en Dios las hacía notorias? ¿O tal vez la gente que confiaba tanto en Dios le llamaba la atención ver a esas religiosas tan confiadas en él? No sé qué decir.

Pero yo sí sé que en mi congregacion, las hermanas que hace poco fueron a ministerio en Méjico y en Ghana, Africa, se conmovieron por la profunda confianza en la Providencia de Dios que encontraron en la gente de allá. Esa gente era desesperadamente pobre pero a pesar de todo esperaban que Dios les concediera las cosas necesarias. Tal vez la falta de todo los hacía reconocer la generosidad del amor humano, que es como nosotras de ordinario llegamos a experimentar el amor de Dios. Yo creo que es importante que la gente de hoy reconozca lo que llamamos "espiritualidad," que es una respuesta particular a la presencia de Dios en la experiencia de la vida diaria. Hace más de doscientos años en Francia la gente se percató de la semejanza en la forma en que cada hermana reconocía y reaccionaba ante la presencia divina. Estoy segura de que la gente de Colombia hace cien años también detectó que esas hermanas venidas de Bélgica confiaban totalmente en la Providencia de Dios. Hoy día llamaríamos esa respuesta, nuestro carisma. El don de Dios a nosotras para nuestro mejoramiento espiritual y también para beneficio de la iglesia y en realidad de todo el mundo. La gente se siente atraída a Dios por ese aspecto de Dios como Providencia que nosotros reflejamos con nuestra presencia y en nuestra actitud.

¿Qué queremos decir con una espiritualidad de la Providencia? Aquellas personas que tienen una espiritualidad de la Providencia tienen una confianza inalterable en la siempre presente ayuda de Dios sobre ellas como individuos tanto como sobre cada una de las creaturas. Ellas creen que Dios desea lo que es lo mejor para las creaturas como individuos tanto como para la creación como un todo. Estas creencias y actitudes nosotras las compartimos con todas las personas que se han unido o asociado con una congregación del Padre Moye a través de los años. Parece que fuera bien fácil el comunicar nuestro carisma a otras personas. Sencillamente, confiad totalmente en el amor de Dios y seguíd el plan de Dios.

Pero bien sabemos nosotras que no es tan fácil. A veces, aunque tratamos cuanto podemos, no logramos imaginar cual es el plan de Dios. Y cualquier persona realista sabe, para usar el título de un libro publicado por el Rabbi Harold Kushner en 1981, que cosas malas le pasan a la gente buena. Entonces, ¿cómo podemos insistir que el amor y la ayuda de Dios están siempre presentes? ¿Cómo podemos dar razón del dolor muy verdadero y de las tragedias, sin negar la realidad del mal o hacer de Dios un cruel sadomasoquista?

Todos los aquí presentes hemos experimentado sucesos que parecerían contradecir este carisma. Pensemos un momento en tiempos en que sufrimos la tentación de creer que Dios no se preocupaba de nosotras.

[Por favor, cuéntele a su vecina de la vez que usted mostró una profunda confianza en la Providencia de Dios a pesar de que existían fuertes razones para dudar de su cuidado amoroso. Esfuércese en expresar por qué diría que su confianza era en la Providencia y no solamente una esperanza, por ejemplo, en Jesús crucificado o en la intercesión de María o en la misericordia de Dios.]

Les pido el favor que guarden esta experiencia en su memoria para cuando exploremos más en profundo la espiritualidad de la Providencia.

Aceptemos que Providencia es el aspecto de Dios que toma cuidado de toda la creación y también la visión de que la Divina Providencia es Dios deseando y animándonos a tener una amante relación entre todas. Entonces el constituir justas y amantes relaciones en cierta manera muestra el cuidado providencial de Dios. El formar tales relaciones va a requerir completa dependencia de Dios para inspiración, y fortalecimiento para hacer buenas escogencias. Esto es co-creación. El hombre y la mujer providente responden creativamente a las situaciones por la selección de las opciones, mientras que están concientes de que la existencia es una red de interconexiones que se extiende más allá del cosmos. Todo lo que existe a perpetuidad viene de una comunidad de personas divinas, la Beatísima Trinidad. Dios no es un patrón ausente sino un compañero amante que está en todo momento preocupado por el bienestar de todo lo que existe y sostiene continuamente la existencia de cada uno.

Un escritor contemporáneo nos recuerda que Dios está más cerca de la creación que la creación misma. En fin, la comunión de la Trinidad. Todas las creaturas de Dios están íntimamente conectadas unas a otras en un eco de la primordial co-inherencia de las personas Trinitarias. Puesto que toda la creación está centrada en Dios, todas las cosas finitas, a pesar de sus enormes diferencias en tamaño, posición, cantidad, y estado metafísico, están ligadas conjuntamente como una familia ontológica. Todas las creaturas son como islas de un archipiélago, separadas en la superficie, pero conectadas en su profundidad.

Esta es la red que mencionaba en nuestra primera conferencia, y nosotros estamos siempre (aunque a veces solo implícitamente) concientes de este contexto cuando buscamos maneras de ayudar a que nuestro Providente Dios sea conocido y amado. Tratemos ahora de buscar algunas de las relaciones que podemos construir y reforzar mientras crecemos en la estimación y participación de nuestro carisma distintivo. Miremos primero cómo vemos el mundo natural, a los seres de nuestra misma especie, y a nuestro Dios.

¿En qué forma la confianza en la Providencia afecta nuestras interacciones con el mundo no humano que nos sostiene, y en el cual vivimos, y cuyos procesos controlamos cada día más y más? Primero que todo, nosotros creemos que el poder y la dirección que nuestro Creador puso en la naturaleza se ha estado manifestando desde el Big Bang. A veces malinterpretamos esa manifestación. Por ejemplo, uno de mis sobrinos es un biólogo marino. Él insiste en que los huracanes no son malos. Él quiere decir que no son malos en sí mismos. Ellos son una forma que la naturaleza tiene de barrer basuras y de limpiar las costas. Tal vez nosotros los humanos usaríamos otra forma de limpiar, pero no somos los creadores del universo, aunque en verdad sí tenemos gran poder de control sobre la naturaleza. ¿Cómo vamos a saber cuando debemos respetar su poder y dirección y cuando debemos ir contra ese poder? Tal vez esto sea análogo a la pregunta: ¿Cómo sabemos cuándo nos conformamos al deseo y al plan de Dios y cuándo estamos contradiciéndolo y desafiándolo?

Un autor contemporáneo llamado Ken Wilbur dice que la superbatalla en este universo es siempre la evolución contra el egocentrismo. El universo trata de encontrar más amplias y profundas totalidades para esparcir mayores uniones. Una molécula, por ejemplo, supera el egocentrismo de un átomo y una célula supera el egocentrismo de una molécula y asi más y más. Para establecerse uno mismo uno debe ayudar a otros a establecerse. Al hacer esto no sólo nos completa como humanos sino que nos une con Dios, el Artista Supremo, al tiempo que nos unimos con el plan de Dios para la creación. La espiritualidad de la Providencia nos llama fuera de nosotros a una concientización y reverencia de todas las creaturas, no sólo como útiles para nosotros, sino tamibén por su propio bien. Todos somos de valor para Dios y en alguna forma reflejamos su Fuente. Cada creatura es valiosa por si misma y por eso debe ser tratada como un sujeto más bien que como un objeto. ¿Cómo podemos ayudar a preservar ese valor y asegurar que todas las creaturas vivan más en armonía? De seguro no va a ser buscando solamente como aprovecharme de ellas. San Francisco de Asís nos da ejemplos maravillosos de como evitar el egocentrismo de la especie humana y considerar a todas las creaturas como nuestros hermanos y hermanas.

Todas las creaturas se parecen a su origen, a su Hacedor. Podemos decir que las creaturas son diversos modos de la presencia divina, cada cual revelando algún aspecto del infinito Creador. Aún hoy demasiadas especies, cada una como manifestación de Dios, están siendo destruídas a un paso agigantado. Destruir una especie es silenciar para siempre una voz divina.

La conciencia de este valor intrínseco de todas las creaturas de Dios, nos lleva en la cultura moderna a la eco-justicia, que está siendo puesta en práctica de modo que todo el mundo tenga suficiente sostenimiento y comunidad como para gozar en armonía con el mundo natural y también con Dios y con los demás. Trabajando por estas justas relaciones implica atacar el consumerismo y el mal llamado desarrollo que explota los recursos naturales sin reconstruilos para futuras generaciones. Cuando las cosas materiales se convierten en nuestros mayores valores, progreso y gasto ilimitado vienen a ser nuestros dioses. Entonces forzamos a otras creaturas a contribuir solo a nuestras conveniencias y satisfacción, lo cual no está de acuerdo con el plan divino donde cada creatura tiene una dignidad inherente que requiere respeto.

La espirtualidad de la Providencia reconoce que los recursos materiales de este planeta son limitados, de modo que la suficiencia o la satisfacción de las necesidades básicas son la medida de su uso. Los recursos naturales son finitos, de modo que cuando alguien tiene demasiado, otros tendrán muy poco. Para lograr la justa distribución de los dones de Dios, la competición y la explotación deben reemplazarse por la cooperación y la colaboración para alimentar relaciones saludables y vigorozas para todos los habitantes de la tierra. Estos actos pueden ser sagrados y espirituales cuando se llevan a cargo para satisfacer el amoroso designio de Dios.

[Platique con su vecina por unos minutos sobre relaciones entre humanos y no humanos que usted crea no pertenecen al plan que Dios tiene en mente. Por qué cree usted eso? Trate de identificar alguna relación que pueda remediar esa situación.]

Tal vez el padre Moye no nos haya dejado ejemplos de cómo construir relaciones con no humanos, pero él ciertamente nos dejó un legado del cuidado de nuestros prójimos. Cuando ya conoció a sus parroquianos en Metz, él identificó las necesidades de los obreros de fábricas para enseñarles a leer, de parteras para enseñarles religión, de seminaristas para darles la verdadera doctrina, y más que todo a los pobres campesinos para enseñarles educación básica. No por sí solo, sino construyendo amistades con hombres y mujeres, él fundó formas cooperativas para educar. Luego su visión se extendió a otros pueblos lejanos en la China que no conocían a nuestro divino Salvador. Allá él fundó amistades una vez más con hombres y mujeres y dejó una comunidad de jóvenes chinas que continuaran la instrucción cristiana cuando él volviera a Francia. Su deseo de dirigir las Misiones Extranjeras desde París no parece que estuviera en los planes de Dios, por eso continuó ayudando a los sacerdotes a conservarse fieles a las promesas de no firmar el juramento de fidelidad al gobierno. Él se enfermó de muerte cuando acompañaba a las hermanas al exilio de Tréveris, donde esperaban volver a su ministerio educativo.

Me parece que nosotras siempre hemos mirado a nuestra educación como un servicio, como dándole a la gente algo que ellos necesitan y no tenían, de suerte que ellos puedan saber mejor como amar, y servir a Dios. Sin hacer de eso un motivo explícito, nosotras alimentamos saludables relaciones. Considerando la espritualidad de la Providencia como cooperadoras con la divina invitación de fortalecer buenas relaciones, eso puede fortificar nuestra motivación el día de hoy. Queremos dar de nosotras mismas en nuestro trabajo y tratar de descubrir qué posibilidades el divino Creador esté sugeriendo con relación a las personas que enseñamos o que servimos. Ustedes, Hermanas colombianas, han expresado siempre este sentimiento hermosamente como entregando la ternura de Dios a los demás.

"La ternura de Dios" sugiere como una situación vulnerable, un tipo de apertura a otros. Alguien que es vulnerable es en cierta forma tentativo, no siempre seguro de estar en lo cierto. Una persona vulnerable es consciente que otras tienen la escogencia y espera la respuesta a sus decisiones más bien que adelantarse y dominar la situación. ¿No es acaso esta misma autolimitación que algunos teólogos atribuyen a Dios? Ellos se imaginan que Dios, que creó seres con libertad autónoma, libremente suelta algo de su absoluto control. Ellos prefieren pensar de Dios como participando en el poder más bien que dominándolo todo. Ellos proponen "poder con" en vez de "poder sobre". Un Dios providente está igualmente con nosotras en buenos y en malos tiempos. Una persona que vive la espiritualidad de la Providencia está presente y es compasiva de otros en todas las situaciones, aun aquellas que parezcan contradecir más que exhibir el amor divino. Esto sí es un ejemplo de mantener concretamente los opuestos en tensión.

La Creación es la expresión misma de Dios, pero también podemos considerarla como una autolimitación de Dios. ¿Cómo es posible que un Ser todopoderoso y perfecto sea limitado? Al dar cierto poder a las creaturas en vez de guardárselo todo para él. ¿Será que nos choca el caer en la cuenta que Dios no usa su divino poder para controlar cada detalle, y que Dios puede ser sorprendido? El hecho de que seres libres y conscientes como nosotras puedan existir, nos dice que Dios comparte la libertad y la creatividad y no que egoístamente se lo guarda todo. Dios continuamente sostiene y soporta la creación, aun cuando las creaturas parecen inclinandas a destruirse por si mismas. Dios inspira o nos atrae, pero nuestros actos verdaderamente libres y humanos en verdad crean novedad en el universo.

Tal vez esta visión de cocreación con la Divina Providencia nos diga algo especial a nosotras que somos educadoras. ¿Tratamos de conocer a nuestros alumnos a fondo de suerte que podamos conformar nuestras sugerencias y retos a las facultades mentales de ellos? ¿Será que presumimos saberlo todo y los rechazamos si no siguen nuestras instrucciones y nuestro consejo? ¿Excitamos su creatividad y les enseñamos a hacer buenas escogencias, especialmente en el área moral? Y sobre todo les ayudamos a construir relaciones apropiadas y conexiones con otras personas, y con la naturaleza, y con Dios? Sea que nos consideremos y consideremos a nuestros alumnos ­ y en verdad a todos los seres humanos ­ como cocreadores con Dios, de eso dependerá nuestras respuestas a esas preguntas.

[Comparta unos minutos con su vecina su reacción a la idea de
cocreación con Dios. ¿Qué diferencia puede haber si usted se considera cocreadora? ¿Ve alguna conexión entre cocreación y vulnerabilidad?]

Una tercera área de relaciones que una persona de la Providencia debe explorar es la de nuestras relaciones con nuestro Dios, y en particular en el área de la oración. Sabemos que nuestro beato fundador tenía una gran devoción a la pasión de Cristo. Los escritos de Sor Agnès Kernel, del padre Georges Tavard, y otros, nos han ayudado en formar una mejor idea de su rica y variada vida espiritual. En mi primera conferencia yo sugería que las Congregaciónes de la Providencia parecen haber sido atraídas a una devoción a la Santísima Trinidad y que el padre Moye tenía una sólida teología de la Trinidad. Las divinas personas son un misterio, nunca comprensible para nosotras, pero nuestro mejor camino para pensar sobre eso parece ser por sus relaciones, continuamente dándose de sí mismas en el amor, y la mutua inhabitación íntima. El universo entero fue creado en cierta manera a imagen de la Trinidad. La inhabitación de las tres personas es lo que últimamente nos capacita a la unión con otros en una empresa creativa, redentora y santificante. El reconocer nuestra conexión con Dios como Creador ciertamente influye en como nosotros nos relacionemos con las otras creaturas. Si creemos que Dios Hijo se hizo hombre por nuestra salvación, eso hará una gran diferencia en como tratamos a otros seres humanos. Parece que necesitamos del Espíritu Santo como la sabiduría y como unificador más hoy que nunca cuando nuestras vidas se vuelven más complicadas y las divisiones entre pueblos más profundas que nunca.

En nuestra tradición católica siempre hemos detectado al Padre Creador en la filigrana de la creación y hemos reconocido al Hijo en su vida en la tierra y en los miembros de su cuerpo en la iglesia. El Espíritu Santo que Jesús prometió enviar es más esquivo. Se nos llama el templo de ese Espíritu. El Espíritu parece ser la impredictibilidad que está ausente en el presente pero que de cierta manera es descubierta en el presente. El Espíritu es el autor de la Nueva Creación que está más allá de nuestra imaginación. Tal vez si nos relacionamos más conscientemente con el Espíritu Santo nos ayudaría a participar mejor en el plan creativo de Dios. Algunos teólogos piensan que Espíritu (o también la Sabiduría) es femenina, lo que sugiere fecundidad y vitalidad. El teólogo norteamericano Peter Phan, sugirió no hace mucho que el Espíritu Santo es el elemento de verdad que se puede descubrir en cada una de las religiones del mundo. En cierta forma la obra del Espíritu puede encontrarse en todas las religiones.

Me parece que el padre Moye respondió notablemente a la inspiración del Espíritu Santo. Él nos cuenta que fue de temperamento impetuoso, y ciertamente toma gran cantidad de energía si uno ha de responder al Espíritu. Cuando el obispo detuvo su proyecto, nuestro fundador reconoció una contradicción entre una buena obra en vía a éxito y la supresión de una buena obra. Él no pudo resolver la contradicción, entonces la entregó a Dios. Permaneció listo y deseoso a responder a lo que la próxima divina inspiración pudiera ser.

Mi experiencia con gentes de la Providencia es que ellas son en su mayoría flexibles y aceptan el cambio. Esto puede llamarse preparación para responder a los atractivos del Espíritu Santo. La neumatología (teoría sobre el Espíritu Santo) que está siendo articulada por teólogos contemporáneos seguramente expandirá y profundizará nuestro conocimiento del Espíritu Santo, tal vez por caminos inesperados. Las teólogas norteamericanas que están articulando la teología de la Providencia y que mencioné en mi primera conferencia dirían que ellas están tratando de responder a lo que consideran inspiración divina. Tal vez no pudiéramos pensar en esa forma sin las muy recientes experiencias de extender nuestra visión y aceptar los nuevos descubrimientos en nuestro mundo. Por ejemplo, sólo últimamente hemos oído el reto de extender nuestra visión e incluir las interelaciones (para mal o para bien) que se involucran en el calentamiento global. Además de enormes descubrimientos en la ciencia y la medicina, otros factores que impactan nuestra visión de la realidad incluyen la globalización del comercio, la identificación del código ADN, y la internet como medio de comunicación a través de paises y culturas. Nuestra visión no puede permanecer local y parroquial ni inclusiva si quiere ser verdadera. Para un conocimiento correcto todos estos descubrimientos e instrumentos deben ser tomados en cuenta. Mayor concientización significa mayor responsabilidad. Nuestra visión debe ser casi tan amplia como la de Dios, cuya Providencia incluye lo diminuto y lo vasto! Nada es demasiado pequeño para perderse de vista, pero la visión perfecta alcanza más allá de lo obvio hasta lo oculto, lo histórico y lo espiritual. Tal vez el Espíritu Santo se lleve el crédito como autor de esta más amplia escala de visión. Sin duda la ayuda de la Sabiduría de Dios es necesaria para sostener este amplio espectro.

En nuestras oraciones aprendimos a ver a Dios y a amar como Dios ama. La ciencia de hoy y otros campos del conocimiento pueden fortalecer nuestra fe si los aceptamos como ayuda para reconocer la presencia de Dios y su acción en la Creación. Podemos pensar que en cuanto la raza humana madure, Dios nos permita conocer más y más sobre la divinidad. Pero también vemos evidencia de una humanidad depravada, de los "pecados del mundo", de la barbaridad y crueldad al tiempo que la indiferencia y terquedad que nosotros los humanos continuamos mostrando. Pero la gente de la Providencia sí tiene una vocación de conservar los opuestos en tensión, de esperar aunque parezca que no hay esperanza, de creer que el Malo nunca prevalecerá completamente, de amar aunque el odio parezca triunfar.

Tal vez el carisma o espiritualidad de la Providencia aparezca más manifiesta cuando parezca haber razones para dudar del cuidado de Dios o de la existencia de un plan de amor. Especialmente en la oración ¿admitimos honestamente las contradicciones y las presentamos a Dios? Nosotras las identificamos sin desesperación pero poniendo atención a posibles invitaciones de Dios a movernos de aceptación de la situación a iniciación de las mejoras con la fuerza de Dios.

 

Quiero poner en claro que mis conferencias aquí no tratan de "convertir" a nadie a una visión procesal de Dios, que tiene sus ventajas como también sus problemas y debilidades que no tenemos tiempo de explorar. Más que todo les he contado sobre las corrientes de pensamiento en mi país y en mi Congregación. Pero sí espero que les haya ayudado a ver que el imaginar a Dios como supremamente relational y el bienestar de las creaturas como que consista de buenas relaciones puede enriquecer cualquier espiritualidad de la Providencia. Vernos como con-creadoras no disminuye a Dios ni nos eleva, seres humanos que somos, a ningún estado sobrehumano.

Nuestra creatividad es una respuesta a la divina iniciativa (o atracción), y nuestras decisiones libres son en verdad nuestra contribución. No somos marionetas o títeres manejadas por cuerdas invisibles que nos hacen parecer que nos movemos libremente. Y nuestro amante Dios responde a nuestras opciones sugiriéndonos otras posibilidades mientras juntas con Dios creamos nuestro futuro.

 

Me gustaría terminar aquí con un reto. Permítanme sugerirles que como hermanas y socias de la Providencia reflexionen sobre su propia experiencia de la Providencia de Dios y que escriban lo que perciban. Tal vez nuestro Dios Providente las atraiga a considerar aspectos o palabras que sean novedosas. No tengan miedo de expresarlas ni de criticarlas. Esa es la forma de crecer en conocimiento y en visión. Espero de verdad sus ideas y los retos de sus reflexiones, y espero que ustedes hayan sido inspiradas por mis palabras.

Juntas bendigamos a nuestro Dios Providente que puede proveer, ha proveido y proveerá. Bendita y alabada sea la Divina Providencia, ahora y para siempre. Amén.

Cali, Colombia abril 2007

Traducción: Luis Carlos Díaz, PE

Conferencia pronunciada en la Celebración de los Primeros Cien Años en Colombia de las Hermanas de la Providencia y de la Inmaculada Concepción

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