Oremos con JM Moye

Oraciones Escogidas

Hermanas de la Providencia y de la Inmaculada Concepción

Traducción: Hna. María Lucía Villegas Angel

 

Juan Martín Moye compuso oraciones en francés y en chino. Se inspiró también en las oraciones que exisTian en la época. Estas oraciones figuran en las obras: Dogma de la Gracia (1774), Directorio de las Hermanas de la Providencia (1784), Colección de Diversas Prácticas de Piedad (1786).


Todo por Dios

Todo por Dios. Todo por la mayor gloria de Dios.

Dios mío: bendito, alabado, adorado, amado, servido y glorificado, seas para siempre.

Dios mío: creo en Ti, espero en Ti, te adoro y te amo con todo mi corazón.

Dios mío: me doy a Ti y no quiero vivir sino para Ti.

Gloria a Dios en lo más alto de los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.


Adoración de la Trinidad

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Gloria al Padre que nos creó, Gloria al Hijo que nos rescató, Gloria al Espíritu Santo que nos santifica.
Gloria, bendición, honor, salud y adoración a la augusta e inefable Trinidad.

Creemos y adoramos el misterio de la Santísima Trinidad. Que todo lo que hagamos sea para adorar ese misterio.


Oración a la Trinidad

Padre Celestial, Padre de misericordia, Padre de luz de quien viene todo don perfecto y toda gracia excelente, danos la gracia de adopción por la cual seamos verdaderamente tus hijos, danos el temor y el amor filial que llenen nuestro corazón de ternura hacia tu bondad paternal y nos permitan evitar lo que te desagrada y nos hagan agradarte, glorificarte, honrarte y servirte en la tierra.

Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que viniste a este mundo para darnos la vida, que nos la hiciste merecer con tantos trabajos y sufrimientos; Tú estás lleno de gracia y de verdad, de tu plenitud hemos recibido las gracias que se nos han concedido hasta ahora, de esta plenitud esperamos recibir las gracias que necesitamos para el porvenir; concédenos, por tu nacimiento, una nueva regeneración que nos haga hijos de Dios.

Eres la luz que ilumina a todo ser humano que viene a este mundo, disipa las tinieblas de nuestro espíritu con la luz de tu gracia.

Eres el camino, la verdad y la vida, vive y obra en nosotros por la acción de tu gracia.

Eres nuestro modelo, haz que imitemos tus ejemplos y que caminemos sobre tus huellas, atraídos por la fuerza y por la suavidad de tu gracia.

Espíritu Santo y vivificante que obras todo en todos, ven a nosotros, ilumina, purifica nuestras almas.

Eres el principio y la fuente de todas las acciones divinas en el ser humano; eres la causa inmediata de nuestra santificación y de todas nuestras buenas obras.

El Padre y el Hijo nos santifican por Ti. Jesucristo mismo obraba y se ofreció en la cruz, por tu inspiración y por tu estímulo.

Ven pues, desciende sobre nosotros. Ilumina nuestro entendimiento con tus luces, anima nuestra voluntad y abraza nuestro corazón en tu amor.


Espero todo del Señor

Nada puedo por mí mismo, Señor, pero espero todo con el socorro de tu gracia.

Sí, Dios mío: tu gracia será mi luz, mi consejo, mi apoyo, mi fuerza, mi consuelo.

Ella me iluminará en las tinieblas, me guiará en todas mis dudas y mis incertidumbres, me fortificará en mis debilidades, me protegerá contra mis enemigos.

Ella me sostendrá en las tentaciones, me consolará en mis aflicciones, me conducirá en todos mis pasos, me ayudará en todo tiempo, en todo lugar, en toda ocasión.

Pondré, pues, únicamente mi confianza y mi esperanza, en el socorro de la Gracia.


Acto de conformidad con la voluntad de Dios

Aquí estoy, pues, en tus manos, Señor.

Haz de mí lo que quieras, dispón de mí según tu beneplácito.

Si quieres que esté en la luz, bendito seas.

Si me envías tribulaciones, estoy dispuesto a recibirlas, así como los favores y las consolaciones.

Acepto todo de tu mano sagrada; me someto a todo, quiero todo lo que Tú quieres, como lo quieres y porque lo quieres.

No te pido sino una cosa: la gracia de conocer y de hacer conocer en todo tu voluntad.


Me creaste para Ti, Señor

Me creaste para Ti, Señor; es justo que me entregue todo a Ti.

Te consagro mi ser y mi vida, te ofrezco todo lo que tengo, todo lo que soy y todo lo que haga.

Te ofrezco todos los años, todos los días y todos los momentos de mi vida ...

Te ofrezco todas mis acciones, mis penas y mis trabajos ...

Te consagro mi cuerpo y mi alma con todas sus facultades; te consagro
mi espíritu para conocerte, mi corazón para amarte, mi entendimiento para comprender y meditar las verdades de la salvación, mi voluntad para querer lo que quieras, mi memoria para acordarme de Ti y de tus beneficios.

Quiero hacer y sufrir todo por tu amor; pero como no puedo nada por mí mismo, te pido el socorro de tu gracia.


Acto de abandono en la Divina Providencia

Providencia de mi Dios, admirable y amable Providencia, Providencia infinitamente ilustrada que todo lo prevés y que todo lo provees.

Providencia infinitamente sabia que gobiernas todo con orden, peso y medida,
te adoro en todas tus disposiciones.

Me abandono en Ti sin reserva; pongo mi suerte en tus manos.

Te confío el cuidado de mi cuerpo y de mi alma, de mi salud y de mi reputación, de mis bienes y de mi fortuna, de mi vida y de mi muerte, y sobre todo de mi salvación eterna, con la firme persuasión de que en ninguna parte estará mejor que en tus manos.

No quiero, en adelante, gobernarme más por mí mismo; quiero dejarme gobernar en todo por la Providencia.

No quiero entregarme más a inquietudes inútiles ni a cuidados superfluos; haciendo parte de lo que Dios me ordena, confiaré a la Providencia el éxito de todas mis empresas, de todos mis trabajos, esperaré todo de su bondad y descansaré enteramente en ella.

No emprenderé nada que no confíe a la Providencia; y en mis dificultades e inquietudes acudiré a la Providencia como un recurso infalible.

Pondré en ella toda mi confianza, esperando que me preservará de los males que temo o me dará la fortaleza de soportarlos con paciencia si me los envía y que así me serán provechosos.

No temeré sino el único mal que es el pecado; tendré siempre presente esta verdad: que todo lo que me sucede es una disposición y un efecto de la Providencia, convencida de que Dios cuida de mí como si fuera única en el mundo.

Así, tranquila en todo y contenta de todo, quiero vivir y morir bajo el imperio y las órdenes de la Divina Providencia; no quiero apartarme de ella un solo instante; no la precederé ni me adelantaré a ella; esperaré con paciencia los momentos que ella fije y determine; toda mi atención será estudiarla y seguirla hasta en las cosas más pequeñas.

Santa y amable Providencia, te doy gracias por todos los cuidados caritativos que has querido prodigar a una criatura tan pequeña e insignificante como yo; te ruego humilde e insistentemente que continúes prodigándomelos.

Conduce todos mis pasos, regula todas mis acciones, gobiérname en todos los momentos de mi vida; dispón de mí y de lo que me pertenece como te agrade, para tu mayor gloria y mi salvación.


Acto de confianza en Cristo

Jesucristo, salvador mío, que nos prohíbes inquietarnos por el alimento y el vestido, me confío enteramente a tu Providencia, esperando que me asistirás en mis necesidades ...

Espero que no me abandonarás, espero tu paz.


Ante la Cruz

Jesús moribundo, te adoro y te amo;
quiero vivir y morir por Ti; quiero ser tuya en la vida y en la muerte.

Ten piedad de los agonizantes y de los moribundos; concédeme la gracia de una buena muerte.

Padre eterno, te ofrezco a Jesucristo, tu Hijo, en sacrificio, como Él se ofreció sobre la Cruz, para tu mayor gloria y para la salvación de todos los seres humanos.

Dios mío, pido la bendición de las cinco heridas de Jesús, para que estén siempre abiertas para mí y para que sean una fuente inagotable de gracias que fluyan sin cesar sobre mí y sobre toda la Iglesia.

Divino Salvador, adoramos la herida de tu sagrado costado, y te pedimos que derrames por ella tu misericordia infinita.

Te rogamos que cures nuestros corazones con la sangre y el agua que salieron de tu sagrado costado.

Y como por su virtud fue fundada la Iglesia, te conjuramos: santifícala, únela, consérvala pura.


Ante el Santísimo Sacramento

Dios mío, deseo ardientemente y te pido humildemente la bendición del Santísimo Sacramento.

Pido la bendición del Espíritu de Jesús para que me llene de su espíritu, me ilumine, me conduzca, me dirija, me vivifique y me anime por su espíritu; para que destierre de mí todos los malos pensamientos, los pensamientos inútiles, y que me inspire continuamente buenos pensamientos, piadosos deseos y santos afectos.

Pido la bendición de la voluntad de Jesús sobre mi voluntad para que la haga conforme a la suya.


A la vista de la naturaleza

Bendito sea Dios, tanto como estrellas hay en el cielo, granos de arena en la tierra, gotas de agua en el mar.

Bendito sea el santo nombre de Jesús y de María, tantas veces como hay hojas, flores, frutos en este campo, en este bosque, en esta pradera.

Que todas las criaturas bendigan al Señor, que los cielos, que la tierra y todo lo que contienen, bendigan al Señor.

Cuán grande es la Providencia del Señor.
Qué bueno y generoso es Dios, por haber creado tantas cosas para su criatura.


Cuando sufro

Dios mío, te ofrezco mis penas, las uno a las de Jesucristo: dame la paciencia para soportarlas sin murmurar.

Dios mío, ayúdame.

Dios mío, ten piedad de mí.


Al renovar mi atención

Todo por Dios,
todo por la mayor gloria de Dios.

Dios mío, bendito, alabado, adorado, amado, servido y glorificado seas para siempre.

Dios mío, creo en Ti, espero en Ti, te adoro y te amo con todo mi corazón.


A María

Oh Santa Virgen María, Madre de Dios,
te saludamos,
te bendecimos,
te honramos,
te amamos
como a la más santa, la más pura,
la más perfecta de todas las criaturas.

Oh Madre de Jesús, sé nuestra Madre.
Míranos como a tus hijos.

Después de Dios, ponemos en Ti nuestra confianza y nuestra esperanza.

Oh Dios mío, te agradecemos todas las gracias que has concedido a la SanTisima Virgen, y te ofrecemos su corazón inmaculado y todo el amor que Ella te tuvo; te ofrecemos todos los pensamientos de su espíritu, todos los afectos de su alma y todas las acciones de su vida.


Oración por los enemigos

"Padre, perdónales porque no saben lo que hacen."

Concédeme la gracia de amarlos sinceramente, como Nuestro Señor y la Santísima Virgen amaron a sus enemigos.

Te ruego que cambies con tu gracia, su odio en caridad, su mal querer en bendiciones, sus detracciones y calumnias en buena reputación que se refiera a toda tu gloria.

Que tu sabiduría vuelva todo el mal en bien, que saque su gloria y nuestra utilidad de todas las persecuciones y de todas las humillaciones con que puedan habernos afligido.

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