Segunda Edición: Publicaciones Providencia, Cali, Colombia, 2003
Dentro de cada cristiano yace un imperioso anhelo de comunicarse con Dios.
I La Oración II Oraciones de la Iglesia III Oraciones Providencia IV Invocaciones La fuerza y la energía de la oración es tal, que en las expresiones más sencillas oculta sentidos de una inmensa profundidad. Felices quienes la meditan y la practican. La Oración es el sincero deseo del alma, proferido o inexpresado, el movimiento de un fuego oculto que se agita en el pecho. La oración es el peso de un suspiro, la caída de una lágrima, la mirada ascendente de unos ojos, cuando sólo Dios está cerca. Señor, enséñanos a orar. El ritmo de la oración debe ser muy suave e íntimo, como un tenue diálogo en voz baja. El corazón humano, cansado y doliente, dialoga con Dios Consolador, confiado en que escucha cada una de sus quejas y lo consuela. Señor Dios, haz que tenga tal nostalgia de ti que me obligue a encontrar un lugar donde pueda contemplarte y encontrarme contigo. Cuando vayas a orar, entra a tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto. Y El, que ve en lo secreto, te recompensará. Dios mío: Te ofrezco mis penas, las uno a las de Jesucristo; dame la paciencia para soportarlas sin murmurar. Señor, no sé lo que debo pedirte. Sólo tú sabes lo que necesito. Tú me conoces mejor que yo. Enséñame a orar. Que seas Tú quien ore en mí. Una Oración Una Plegaria |