HERMANAS de la PROVIDENCIA
y de la INMACULADA CONCEPCIÓN |

El presente documento está tomado del Proyecto, un escrito de génesis sorprendentemente lúcido que contiene la esencia de la inspiración carismática de nuestro fundador, y que interpela hoy tanto como cuestionaba antaño.
PROYECTO
de las Escuelas para el Campo
de las Hermanas llamadas
'de la Providencia'
Juan Martín Moye
1765
El orden conduce a Dios.
Se había pensado enviar primero algunas jóvenes a Toul, para prepararse en el seminario que fundó allí un venerable canónigo con la intención de formar maestras de escuela; pero como todas las jóvenes que salen de esa institución deben tener una renta asegurada, encontré en ello dos inconvenientes para nosotros.
Uno fue que los fondos eran difíciles de obtener, y la necesidad de tenerlos para establecer las maestras de escuela reduciría su número y pondría a los lugares sobre todo a los lugares pobres, donde ellas están siendo más necesitadas en la imposibilidad de recibirlas. Además, la pensión que se les exige en Toul a las jóvenes pobres que estarían en condición de enseñar, obstaculizaría aún más el medio para ser admitidas en nuestro proyecto.
El otro inconveniente fue que, al tener una renta fija, sería de temer que algunas de esas jóvenes abrazaran este estado por interés, a fin de tener una posición estable y de qué vivir el resto de sus días, en lugar de hacerlo por el deseo sincero de procurar la gloria de Dios y la santificación de los niños que les serán confiados, lo que trastornaría la obra de Dios en lugar de establecerla.
Era pues mejor enviar esas jóvenes a todas partes donde las pidieran, sin otros fondos que la Providencia, con la persuasión de que jamás faltará a quienes se abandonan en ella con confianza.
Se propusieron estas razones a los superiores, quienes las aceptaron.
He ahí el Proyecto. Si es según la voluntad de Dios, tendrá éxito; si no es conforme a ella, yo mismo pido que sea destruído y aniquilado.
Sin embargo, tengo ya varias razones para creer que el proyecto viene de Dios, y una de ellas es que varias almas buenas se interesan por él y rezan para que tenga éxito.
Conjuro entonces a todos los que conozcan el proyecto que hagan lo mismo y pidan: primero, que mis pecados y las faltas que yo podría cometer en el ejecución de esta obra, no sean obstáculos para las miras y los designios de la bondad y la misericordia de Dios; y segundo, que la Providencia conduzca todo en este asunto, que aleje o venza los obstáculos que la malicia de los seres humanos o el furor de los espíritus del mal podrían suscitar para detener su ejecución; que disponga todo para que tenga éxito; que secunde mis actividades; que lleve todo a feliz término. En una palabra, que la Providencia haga todo, por la vía que le plazca; que todo suceda según las intenciones de Dios; que Dios mismo comience la obra, la concluya y la perfeccione. Sin ésto, todos nuestros esfuerzos serían vanos e inútiles, según estas palabras del salmista:
"Si el Señor no construye él mismo la casa, en vano trabajan los que la construyen. Si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigila la guardia." (Salmo 127:1-2)
Cualidades necesarias en las jóvenes que se destinan a este quehacer
Puesto que las jóvenes que quieran entrar en este proyecto no pueden esperar ningún beneficio temporal, sino contar con toda clase de penas y de adversidades, es menester que estén dispuestas a soportar el hambre y la sed, cuando la Providencia, para ponerlas a prueba, permita que les falte lo necesario.
Dispuestas a ser despedidas y caer en desgracia, si desagradan a las personas a donde van; dispuestas a sufrir toda clase de groserías de parte de los niños, ingratitudes y críticas de parte de los padres, reprensiones severas de los curas y vicarios, y muchos otros motivos de aflicción que no se pueden prever.
Deben estar también en disposición de dejar todo lo que sería consolador para ellas en la ciudad, las devociones que practican, las ocasiones que se celebran con pompa, los confesores que encuentran allí a su elección, para tomar el que la Providencia les dé.
La mayoría de la gente las considerarán locas o insensatas. Es necesario que tomen la resolución de separarse de la sociedad y de la frecuentación de sus amigas más queridas, para vivir en adelante sólo con gente grosera e ignorante.
El 25 de enero de 1764 hicimos el proyecto de un establecimiento para una aldea donde los animales duermen en el mismo lugar que las personas, donde el más rico a veces tiene que pedir ayuda, y donde los viejos ignoran los principales misterios de la religión y apenas saben que hay un Dios. Se puede pues juzgar por esto lo que deben esperar las que se proponen entrar en este proyecto.
No creo que algunas jóvenes a quienes agradan los proyectos porque son nuevos y extraordinarios, se presenten para éste, en el primer impulso de una solicitud puramente humana y movidas por un fervor imaginario y presuntuoso. Quiera Dios alejar tales personas. Y como sólo espero de la divina Providencia, confío habrá de enviarnos jóvenes que tengan las cualidades necesarias para cumplir los designios de su misericordia con esa juventud campesina abandonada y sumida en la ignorancia.
Para el proyecto que acabo de exponer se necesitan :
Jóvenes que no busquen sino la mayor gloria de Dios, sin ningún interés, puesto que lejos de aspirar a sueldos o pensiones fijas, deberán consagrar lo que tienen como propio dinero, muebles a esta buena obra, para extirpar toda avaricia y búsqueda de sí, a ejemplo de San Pablo que predicaba con sus propios recursos.
Jóvenes fervorosas que se entreguen por entero a la salvación de las pobres niñas que les serán confiadas, de modo que estén dispuestas a soportar toda clase de trabajos para tal fin.
Jóvenes sobrias y mortificadas, capaces de contentarse con una comida mezquina, tal como la que se encuentra en el campo.
Jóvenes desprendidas de todo, listas a renunciar a todo, a dejar todo lo que podría retenerlas en la ciudad, para vivir en una aldea, privadas de todo consuelo humano, sin tener otra ocupación que hacer la voluntad de Dios.
Jóvenes de una virtud probada, y no las que están animadas por un primer fervor, porque este primer entusiasmo a menudo se debilita y falla cuando la calma y el consuelo que encontraban antes en la piedad van dejando de sentirse e incluso se tornan en hastío y en desilusión. Entonces, estas personas regresan al mundo que dejaron, para buscar allí con qué resarcirse de lo que no encuentran más en el servicio de Dios. Por otra parte, las personas que están poseídas por este fervor inicial pueden fácilmente incurrir en excesos e imprudencia y comprometer a quienes están bajo su dirección. Se necesitan personas maduras, prudentes, que cuando se entreguen a algo sea después de un examen serio; se necesitan personas que hayan pasado por toda clase de estados de devoción y de indiferencia; personas que sepan soportar la privación de todo consuelo divino y humano; personas de experiencia, para señalar a las otras las faltas que cometieron, precaverlas contra los peligros que corrieron, y hacerles evitar las malas costumbres y los extravíos en los cuales cayeron ellas mismas.
He ahí, más o menos, las cualidades que deben tener estas jóvenes. Al menos deben estar en la disposición de adquirirlas, y tener en el corazón el germen y el principio de ellas. Ruego al Señor que nos las envíe. Que las forme él mismo con su gracia y que les proporcione talento y capacidad en los lugares donde las destine!
El Evangelio anota que Jesucristo "comenzó a orar y a instruir" (Hechos 1:1), es decir, que comenzó por predicar con el ejemplo, y después con la palabra; comenzó por practicar él mismo lo que enseñaba a los demás.
Del mismo modo, las personas que piensan instruir a la juventud deben, ante todo, santificarse a sí mismas antes que trabajar para santificar a los demás; deben llenarse de las verdades de la religión para comunicarlas a los otros, porque si enseñan estas verdades sin estar penetradas de ellas, no hacen impresión alguna en el corazón de aquellos a quienes hablan. Para inspirar la piedad y la virtud, hay que poseerlas.
Veamos pues, en primer lugar, cómo deben comportarse ellas mismas; enseguida veremos cómo deben comportarse con relación a las niñas a quienes tendrán que enseñar.
Sobre la conducta que las Hermanas deben tener en relación con ellas mismas
Deben considerarse todas como hermanas, porque teniendo todas el mismo padre que es Dios, y la misma herencia que es el cielo, deben, a ejemplo de los primeros cristianos, tener 'sólo un corazón y una sola alma' (Hechos 4:32); y también porque tienen el mismo oficio, las mismas miras, las mismas intenciones. Espero pues que se considerarán y se tratarán como verdaderas hermanas, tomando parte cada una en las necesidades y en las penas de las otras. Las que tengan, que den a las que no tengan. Todo será común entre ustedes como entre los primeros fieles.
Cuando se les dirija la palabra quiero que se las llame, no 'mi querida Hermana', ni 'Hermana', sino 'mi pobre Hermana', para que este apelativo les inspire un vivo sentimiento de humildad sobre nuestra pobreza material y espiritual, haciéndolas reflexionar: 'Ciertamente, soy muy poco delante de Dios, estoy desprovista de virtudes y de méritos, y sujeta a mil pasiones y mil defectos'.
Las consagro al Niño Jesús. Tengan una gran devoción a su divina infancia; hónrenla con toda clase de prácticas; repitan a menudo las letanías del Santo Niño, compuestas por el cardenal Berulle, repitiendo estas palabras: "Niño Jesús, salvación de los niños."
Que los niños con quienes ustedes estén les recuerdan sin cesar las humillaciones del Salvador que quiso reducirse a la pequeñez por amor nuestro, llorando como un niño. Inspiren la misma devoción a sus alumnos, hablándoles a menudo del Niño Jesús y propónganselos como objeto de su adoración, de su amor y de su imitación. Pídanle a menudo que derrame sobre los alumnos de cada una las gracias y los méritos que nos alcanzó por las humillaciones profundas de su divina infancia. Conságrenle mil veces, como lo he hecho yo, todos los niños que les sean confiados.
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