Quince Días con Juan Martín Moye

Georges Tavard



Prier avec le Bx. Jean-Martin-Moye
Publicaciones Providencia, Cali, Colombia, 2004
Traducción: S. Betancur


El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, intercede por nosotros ante Dios,
pues no sabemos cómo orar para pedir como conviene.
- Romanos 8:26


Contenido

Primer Día
Qué es la Vida Interior

Segundo Día
Confianza y Humildad

Tercer Día
La muerte providencial

Cuarto Día
Los Principales Misterios

Quinto Día
Adoración de los Atributos de Dios

Sexto Día
Los Auxilios de Dios

Séptimo Día
La Infancia de Jesús

Octavo Día
Las Heridas del Salvador

Noveno Día
La Oración inspirada

Décimo Día
Oración para los días difíciles

Undécimo Día
Cómo actuar bien

Duodécimo Día
Máximas de Paz

Décimotercer Día
Cuatro Virtudes

Décimocuarto Día
Piedad marial

Décimoquinto Día
La Gloria de Dios


Presentación

En La Vida del Padre Louis Jobal de Pagny, escrita por Juan Martín Moye poco después de la muerte de su querido amigo en plena juventud, el autor señala: "Emprendo la tarea de escribir algo sobre su vida y sobre sus sentimientos con la esperanza de que sirva de consuelo y de edificación para las personas virtuosas, sobre todo para mí mismo. Y como estamos privados de su presencia corporal, para que conservemos el recuerdo de sus virtudes y heredemos su espíritu."

Estas sencillas palabras se pueden aplicar perfectamente al padre Moye, así como a este nuevo trabajo del padre Georges Tavard, asuncionista, teólogo y pariente del padre Moye, sobre quien ha escrito extensamente.

Los escritos de nuestro fundador – "aquel lorenés de poderosa figura", "educador cuyos consejos pedagógicos no han envejecido", como escribió Raoul Plus, uno de sus numerosos biógrafos – reflejan con fidelidad el fervor de su actividad misionera en el sentido amplio del término.

Como señala el padre Tavard, Juan Martín Moye, que guió a tantos cristianos en Francia y en China hacia una vida interior centrada en la Providencia, también nos puede guiar hoy con sus escritos en una reflexión sobre nuestra propia vida interior. Meditemos pues en su mensaje de Providencia, en sus actos de consagración de sí mismo, y veamos en qué medida podemos hacer los nuestros.

Y pidámosle al Señor que derrame sus bendiciones sobre nuestras lecturas en este tiempo de esperanza.


Hna. Esperanza Uribe
Directora de Publicaciones
Hermanas de la Providencia y de la Inmaculada Concepción,
Provincia Colombia-Perú

 

Introducción

Juan Martín Moye (1730-1793), sacerdote de la diócesis de Metz, luego miembro de las Misiones Extranjeras de París y misionero en China donde pasó diez años, y muerto en exilio en Tréveris, Alemania, durante la Revolución Francesa, es aún poco conocido por el público general.

Sin embargo, Juan Martín Moye ocupa un lugar destacado en la historia de las misiones católicas y en la de las congregaciones religiosas femeninas, pues está en el origen de cinco congregaciones - llamadas de la Providencia, o de la Divina Providencia - que se reclaman de él, mientras que otras lo reconocen también, no como fundador sino como inspirador de su espiritualidad.

Beatificado por Pío XII en 1954, el padre Moye merece ser conocido y frecuentado como autor espiritual, y probablemente como uno de los pocos místicos católicos del siglo 18.

Los lectores interesados se pueden remitir a los trabajos señalados en la bibliografía. También pueden encontrar los escritos más importantes de JM Moye en el sitio Internet: moye.chez.tiscali.index.html


Los quince días de meditación y de oración con Juan Martín Moye están organizados por temas que aparecen con frecuencia en sus escritos.

El lenguaje, hay que reconocerlo, es a menudo anticuado; es el lenguaje del siglo 18. Las perspectivas teológicas pertenecen igualmente al contexto de la época, distinguida por el triunfalismo de la contrarreforma, por las polémicas del siglo 17 sobre la gracia, por las controversias alrededor del jansenismo, y en cuanto a la estructura de la Iglesia, por el galicanismo. En estas circunstancias, que parecen muy viejas hoy, se escucha sin embargo la voz de la gran tradición espiritual católica.

En el centro de la espiritualidad del padre Moye reinaba la divina Providencia, patrona de todas las criaturas y de sus destinos. El deseaba en todos los aspectos modelar su voluntad sobre los designios de Dios, conocidos y desconocidos. Sintiéndose llamado, primero al sacerdocio, luego a las fundaciones y después a la misión lejana, no vacilaba en lanzarse a lo desconocido mientras pensara poder discernir allí el dedo de la Providencia, que se manifestaba tanto en los acontecimientos exteriores como en las atracciones espirituales que sentía en el fondo de su alma.

Para seguir a Juan Martín Moye en los quince días propuestos conviene meditar lentamente las oraciones y los textos escogidos para este trabajo. Son caminos abiertos, sugerencias, que cada quien seguirá según las atracciones propias, en la libertad del Espíritu.
Los textos y las oraciones son de Juan Martín; las introducciones y los comentarios en itálicas son del editor. La puntuación y la diagramación fueron modernizadas.


G. Tavard

Décimo Día

Oración para los días difíciles

JM Moye sabía también, pues había vivido la experiencia, que tanto en la vida del alma como en la vida exterior hay momentos difíciles, pruebas interiores que él llamaba "tiempos nublados" :


Los tiempos nublados, cuando la Gracia parece eclipsarse

He observado muy a menudo que hay en la vida, al menos para algunas almas, un cierto tiempo molesto y peligroso en el cual la Gracia parece abandonarnos, y nuestras pasiones regresan de tal manera que nos encontramos distintos a lo que éramos antes.

Lo que antes nos conmovía más sensiblemente ya no hace impresión alguna en nosotros. El gusto por el mundo y por las vanidades del tiempo, que hemos tirado a los pies con desprecio, se presentan ante nuestros ojos con una nueva atracción. Y la piedad deja de parecernos amable. La plegaria, la oración, el recogimiento y los demás ejercicios santos comienzan a convertirse en una carga. Es mucho si uno los continúa sin omitir ninguno.

No hablo solamente de momentos de desolación y de aridez que todo el mundo experimenta de vez en cuando al servicio de Dios. Hablo de un tiempo particular en la vida cuando, después de la conversión más sincera y de las resoluciones más firmes, uno se encuentra de repente o insensiblemente cambiado, al menos en cuanto a los sentimientos. Esto ocurre a veces un año o dos o tres después de que uno se ha entregado a Dios, cuando el fervor sensible nos abandona.

Este tiempo es quizás el que David llamaba "un mal tiempo": in tempore malo (Salmos 36:39), un tiempo crítico, un tiempo peligroso para la salvación, pues en ese tiempo de prueba la mayoría de las personas caen en el estado mencionado, a menos que tomen muchas medidas para sostenerse.

- El Dogma de la Gracia

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