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Ser 'Profetas de Esperanza' como Hermanas de la Providencia Anne Roy _____ < Continuación 3 / Una Respuesta: Una Mística y una Acción Providente En una cultura de muerte que suscita una opción por la vida en la esperanza, la mística de la Providencia es una respuesta. ¿Respuesta posible? No respuesta cierta, experimentada, sino aquella que vosotras dáis al mundo día a día en la gracia inicial de vuestro llamado y en la gracia fundacional de vuestras diversas Congregaciones. Esta vida consagrada y ofrecida 'en Providencia' reune en un punto convergente vuestras fuentes de inspiración, vuestras líneas de pensamiento, el discernimiento de vuestras implantaciones, vuestros motivos de acción, la irradiación de vuestras comunidades en tantos países. Tenéis en común una bella historia secular, cuya relectura en los capítulos sucesivos de actualización, seguramente ha suscitado felices interpretaciones, nuevas traducciones para dar al Carisma formas adaptadas a nuestro tiempo, sin perder, por otra parte, la inspiración original. La decisión tomada por Moye al comienzo del Instituto de enviar a sus hijas "sin otro recurso que la Providencia", se expresaría, sin duda, de otra forma si el Fundador estuviera presente en nuestra época. Destaco de este primer envío misionero en pobreza radical, un mensaje que atraviesa los siglos: el mensaje de la intuición profunda de Juan Martín que "comprende que la transcendencia de Dios y la proximidad del prójimo se expresan por este nombre de Providencia, que sitúa a las Hermanas espiritualmente". Está claro. Es la espiritualidad que vive el Fundador y que propone aquí a sus hijas de forma sintetizada y llena de sentido. Esta mística de Providencia las sitúa espiritualmente y a la vez deberá inspirar, animar, estimular su vida apostólica. Moye no duda en afirmar: "Las Hermanas que no tienen esta confianza en Dios y en este abandono en la Providencia no merecen llevar este nombre" (Directorio 352). Por tanto, necesitan una confianza de cuerpo y corazón para no ser juzgadas. Esta afirmación las 'sitúa' sin ambiglüedad posible en su relación con el mundo para que se abra a cada hombre el espacio evangélico que le es propuesto y del que cada mujer es sacramento. Para mejor situarnos y resituaros propongo esta reflexión en tres tiempos: l. Significación y Fundamentos Bíblicos de la Providencia. 2. Desafíos Actuales y Reconocimiento de la Providencia. 3. Una Mística Providente Día a Día en el Contexto Diferente en que Vivimos. 1. La Triple Significación de la Providencia en sus Fundamentos Bíblicos Sabemos que el vocablo 'Providencia' no aparece en la Escritura, si bien su contenido abarca los dos Testamentos. Igual que la palabra 'espiritualidad' , la palabra 'Providencia ' es una palabra-síntesis, una palabra-experiencia, una palabra-conclusión que resulta de certezas adquiridas en el tiempo. A través de la historia leída y releída, la fe de los creyentes ha sabido descubrir, ver y apreciar la presencia permanente de un Dios próximo, un Dios que Ve, que Prevé, que Provee, digamos de un Dios previsor y proveedor, atributos que la teología ha reconocido y reunido en el único vocablo de 'Pro-vidente' a partir de la etimología latina de 'providere'. Por consiguiente, se trata ante todo de una realidad de mirada, mirada anterior a toda creación y a toda acción. Reconocer la mirada atenta, benevolente y eficaz de Dios sobre el mundo es afirmar su Presencia en la historia de los hombres con una solicitud amante y durable. El descubrimiento progresivo de esta Presencia de Dios no es fruto de una especulación abstracta, es un camino de vida, es una experiencia en la que el pueblo 'ha visto' al Dios que ve. Ningún texto me parece expresa mejor esta certeza que el de Balaám, el pagano, el hombre de "mirada penetrante". Escuchémosle: "el que ve la visión de Shadai, del que obtiene respuesta y se le abren los ojos" (Números 24:4). La mirada de Dios sobre el mundo abre nuestros ojos para ver como El mismo ve. Balaám es el padre de la mística vivida de la Providencia. A. El Dios que Ve: El Dios vidente ... el Dios que ve bien ... Así es como las autoridades sacerdotales en tiempo del exilio han interpretado al Dios vivo en su texto de creación. Todo el Universo se origina en una visión 'providente' del mundo, en una mirada divina sobre la creación, que es captada como el comienzo absoluto de todo; una mirada portadora de un proyecto, de una promesa y de un futuro. Entre la tarde y la mañana del origen de los seres, el texto señala gradualmente: "Dios vio que era bueno" (Génesis l:24), y el superlativo final traduce la satisfacción plena del Creador: "Dios vio que todo era muy bueno" (Génesis l:31b). Por consiguiente, en su visión positiva y benevolente del cosmos somos todos 'situados' originalmente; somos colocados en situación de Providencia. Bajo esta mirada de amor venimos a la existencia. Este 'ver' de Dios eternamente bueno, constructivo y fecundo, es su Providencia contemplada y colmada en su obra, que nos invita a entrar en esa mirada. Pero esta misma mirada que ve el bien y le da gloria a Dios, ve también el mal que destruye la creación: "He visto, he visto" - dice Dios - "la aflicción de mi pueblo en Egipto" (Éxodo 3:7). La insistencia redoblada de este 'ver' presume una decisión importante. Mientras que en un comienzo (por otra parte permanente) Dios vio que todo era bueno, la visión del mal, sobre todo de la opresión, ofende su mirada tan pura, "hiere la pupila de sus ojos" (Zacarías 2:12b). Dios introduce en este comienzo inalterable un elemento nuevo de creación, de recreación: Un pueblo nacerá del Egipto opresor. Creación y liberación son dos aspectos de la misma realidad invariablemente providente. La evidencia del mal provoca en Dios, por así decir, una nueva videncia, su Providencia de amor en favor de las victimas del mal. Dios se revela compañero fiel en la ruta de los hombres: "Caminaré delante de ti, derribaré las fronteras ... Así sabrás que yo soy Yahveh" (Isaías 45:2-3). B. El Dios que Prevé: Un Dios previsor Es necesario comprender bien esta 'pre-visión' divina para no caer en el error de un determinismo que dispensaría al hombre de todo compromiso. "La Providencia no puede tener sentido religioso, espiritual y auténtico si cierra los caminos de la responsabilidad humana; lejos de ello los mantiene abiertos a toda su exigencia." Sólo en el crisol de la experiencia concreta y cotidiana, nuestras 'pre-visiones', es decir, nuestros proyectos, pueden ajustarse a ese Dios que 'pre-viendo' nos ha dado puntos de referencia de conducta para "dominar la tierra y organizarla". En consecuencia, la Providencia no se sustituye por la actividad del hombre; al contrario se pide su colaboración para crear, para co-crear. 'Gaudiun et Spes' habla de "la autonomía de las realidades terrestres", que corresponde a la voluntad del Creador. Los criterios de discernimiento entre la certeza de la acción de Dios y nuestra colaboración me parecen claros en el pensamiento de sor Agnès Kernel: "Al discernir, la Providencia no cambia los acontecimientos, es existencial; es decir, llama a la conversión del corazón." C. Un Dios que Provee: Un Dios proveedor La asistencia 'pre-visora' que Dios concede a su pueblo se transforma también en acción 'provisora', en otra faceta de la Providencia. La Biblia utiliza imágenes muy concretas para describir esta solicitud con cada uno y con todos. Dios provee la alimentación de su pueblo, "haciendo llover sobre ellos el maná y ofreciéndoles codornices" (Éxodo 16:1 y 55). "Dios ama al forastero a quien da pan" (Deuteronomio 10:18). El salmo alaba el acompañamiento providencial de este Dios que se hace tejedor en el seno de cada madre y se adapta a cada uno de nuestros pasos: "¿Dónde escaparé de tu presencia?" (Salmo 138) Ningún lugar quedará oculto a tus ojos. A los lirios del campo los viste, los gorriones picotean y vuelan, el pastor conoce sus ovejas y "los guía por el recto camino". Esta atención continua suscita la nuestra con relación a los otros. "Gratis habéis recibido, dadlo gratis." Entonces la Providencia será el punto de encuentro de la acción creadora de Dios y nuestra libre actividad. La evidencia nos muestra que no es demasiado transparente para nosotros, incluso tenemos dificultad para leer con claridad el secreto de esta articulación. Nuestros ojos aún no son los ojos de Balaám. Por tanto, el lazo que une nuestras libres decisiones a la Providencia de Dios, no es otro que la dependencia filial de nuestro actuar voluntario a la voluntad de Dios. 2. Desafíos Actuales y Reconocimiento de la Providencia Hemos visto estos días, en una cultura de muerte, el mal y el sufrimiento que parecen desmentir la acción de la Providencia divina. Esta mañana vamos a reflexionar con una mentalidad que parte de la modernidad, mentalidad que va al encuentro de la acogida de un Dios Providente que acompaña la historia. El hombre moderno reinvidica el dominio del universo sin referencia a Dios y no acepta recibir de Otro su hoy, aún menos su mañana, que pretende construir sobre valores que él mismo escoge para conducir y orientar su vida. ¿Cuáles son estos valores que no afectan solamente a los individuos sino a las sociedades enteras? Citaré algunos que todas conocemos. Me parece que en la óptica de nuestra búsqueda tienen aquí su lugar para ilustrar la contra-proposición de la modernidad a la doctrina de la Providencia. A. El secularismo Cuando el Dios de la Biblia cesa de ser el Referencial Unico y Privilegiado, el hombre moderno reconstruye becerros de oro de múltiples rostros; los dioses que necesita día a día, "ídolos hechos de manos de hombres" (hoy decimos 'de mentalidad de hombre'), "que tienen ojos pero no ven, boca y no hablan ..." No hay relaciones interpersonales posibles con esas divinidades, que se llaman tecnología o técnicas sofisticadas. Los griegos hablaban del 'Dios Desconocido'. Según las palabras de Juan Pablo II, "hay un areópago que necesita ser evangelizado, aires culturales de la sociedad que son los equivalentes modernos del areópago. Esta constatación nos empuja a ser en el mundo al que somos enviados, testigos creíbles que hablan un lenguaje que interpela y comunica, un lenguaje que propone una nueva síntesis creadora entre el Evangelio y la vida" (JP II - 21). A la ceguera y al mutismo de los ídolos seculares, queremos ofrecer la posibilidad de un Reino, anunciándole en términos nuevos; las palabras de Gregorio el Grande pueden animarnos: "Señor, concédeme la gracia.de ver la vida en su conjunto (mirada providente) y poder hablarle efectivamente." B. El indiferentismo Este nuevo 'ismo' deja al comportamiento humano sin criterios y abre el camino de una permisividad sin límites que finalmente no les satisface. El individuo se convierte en su propio centro de decisión. La subjetividad se erige en regla absoluta. Lo religioso pasa al ámbito privado. No es raro encontrar jóvenes, y a otros menos jóvenes, que sienten en su existencia como un vacío que tratan de llenar con todas las evasiones posibles. El sentido de Providencia resulta ajeno a esta mentalidad. ¿Cómo encontrar motivaciones para ayudar a estos hombres y a estas mujeres a encontrar un camino de vida, sin alienación, según el orden providencial? C. La conflictividad Esta es sin duda el resultado de la ausencia de referencias. Quien hace su propia ley, quien se deja mover e impresionar por su propio deseo, no tarda en encontrar el conflicto. Aunque negociable y discutible, tarde o temprano se manifiesta la angustia. ¿Hacia dónde orientarse? Pensemos en los jóvenes que llaman a la puerta de nuestras Congregaciones, la mayor parte de las veces inquietos después de haber bebido un 'cocktail' de elementos religiosos extraidos de las fuentes más diversas. Se ha dicho que el hombre moderno se identifica a 'mezclas sucesivas'. Esto tiene lugar hasta en su religión. Sobre esta libertad indecisa, conflictiva, incapaz de una elección durable, ¿cómo construir una personalidad que entre en el juego participativo de la colaboración y de la cooperación? ¿Cómo ayudar a poner en obra un proyecto, diferente de un proyecto personal, en una dependencia adulta y libre? D. El consumismo y sus ofertas En el post-modernismo, la felicidad es considerada como la satisfacción sensible que resulta del goce de la acumulación de bienes. En esta perspectiva el trabajo ya no es servicio, puede ser realizado sin responsabilidad. El trabajo es salario, medio de ganar dinero para consumir. Habrá que mirar más de cerca para ver las relaciones entre esta mentalidad y la falta trágica de trabajo, hoy con los estragos del desempleo, existente más o menos en todas partes. Esta no es nuestra finalidad. Lo que detectamos en la mentalidad consumista, tan lejos del Evangelio, son las terribles consecuencias de injusticia social en las relaciones Norte-Sur del planeta, a las que hemos hecho alusión. Aparece también, pienso, como consecuencia de esta mentalidad, una nueva concepción del tiempo. Para producir hay que darse prisa; las fábricas no pueden para algunos trabajos. El tiempo ha perdido su valor de proceso de desarrollo, de germinación, de Providencia. En el mundo industrializado todo está planificado, puntualizado. ¿Cómo recrear espacios de tiempo gratuito que no se mida por el rendimiento? ¿Cómo romper con la exigencia de tener todo y enseguida para encontrar en el Espíritu el Tiempo de espera que madura y fecunda? Estos desafíos son serios. Solamente hemos tratado de recordar algunos. Hay todavía muchos más que debemos afrontar. Pueden ser una posibilidad, una llamada a la Esperanza, una provocación a una visión providente del mundo. La novedad surge siempre en el vacío, como la creación de Dios de la carencia absoluta. Es también la lógica de la Providencia. Allí donde pudiera acabarse la aventura del hombre en la producción anárquica de sus deseos, la ilusión de sus ídolos sin vida, acaso se levanta la aurora de un futuro, si contribuimos a transformar esta ausencia en un lugar de Providencia, donde se conjugan los deseos de Dios y las aspiraciones del hombre. 3 / Una Mística de la Providencia: Responsabilidad y Compromiso Entiendo aquí por 'mística' la motivación profunda que inspira, guía y anima una vida. De ahí resulta un estilo de vida, el que en su tiempo Juan Martín Moye quiso distinguiera a las primeras religiosas. Sin duda ninguna él las enviaría hoy con el mismo ideal, si no a las aldeas aisladas, sí a estos "desiertos de Dios" que constituyen nuestras ciudades y sus periferias. La fidelidad exige inventiva, renovación, pero la responsabilidad permanece y la mística traspasa los límites del tiempo. Propongo tres puntos de reflexión para hoy: A. Una nueva mirada a la vida Sea cual fuere el camino recorrido, abramos los ojos! Siempre tenemos algo que descubrir y buscar el reconciliarnos con la vida.En esta instancia es acaso más necesario que nunca un período de mutaciones aceleradas. Puesto que la Providencia del Señor se origina en una mirada "siempre lenta a la cólera y rica en misericordia", preguntémonos cómo es la nuestra. Esta debe purificarse continuamente en su fuente. Somos responsables de la manera como miramos al mundo. Abramos, por tanto, nuestros ojos 'providentes', vigilantes (videntes), para ver y percibir por encima de las apariencias, la Presencia de Dios en un universo frecuentemente caótico, en gemidos de parto. La visión providente de la humanidad integra bien una visión holística que reconstruye la unidad fundamental y la interdependencia de todos los seres entre sí. Sí, abramos los ojos muy grandes, miremos muy lejos, haciendo nuestras las palabras de Kierkegaard: "Si pudiera desear alguna cosa, no querría ni riqueza ni poder, sino la pasión de lo posible: sólo desearía un ojo, que eternamente joven, brille eternamente con el deseo de ver lo posible." Abramos los ojos de nuestro corazón, corazón previsor y proveedor, para descubrir en el rostro de todos los hombres el misterio de Dios escondido. El encuentro, la fraternidad ofrecida 'en providencia', el camino recorrido con un hermano herido, aunque sea corto, suscitará un poco de esperanza en lo que en él quedaba de deseo de vivir. ¿No somos cada día testigos de la belleza de la vida, aquella sobre la que Dios ha colocado su marca, aunque el hombre la estropee, porque puede resucitar? El ejercicio de este mirar atento al otro, siempre a renovar, esa mirada que rehusa la fatalidad, es la única manera de crear comunión y de fundar toda una existencia en Providencia. Abramos también nuestros brazos de mujeres al abrazo universal. Las causas de la desestructuración de tantos hombres van más allá de lo que podemos ver y de las teorías que existen. Una existencia femenina en Providencia para nuestros contemporáneos puede ser considerada más como un acompañamiento solidario que como una asistencia caritativa, que puede crear una dependencia alienante. Ser Providencia unos para otros es hacerse solidarios en la misma aventura. Este tipo de relación es la que Dios vive con cada uno de nosotros, disponiendo todas las cosas para que pueda actuar nuestra responsabilidad. Esta misión que, como hemos visto, es la misión de toda mujer, adquiere en vuestra vocación propia de Providencia una connotación especial. Pienso en esta parábola de un sacerdote obrero que puede esclarecerlo: Para revelar el Amor a lo humano, es necesario lo humano - decía él - y se explicaba con la imagen de la soldadura que practicaba en su oficio. Cito: "Para soldar un tubo es necesario calor y metal de unión. El calor es nuestro ministerio sacerdotal y el metal es nuestra vida humana." Si me atrevo a parafrasear diré con gusto: Para revelar el Amor es necesario lo femenino. Y en la imagen de la soldadura, el fuego lo encontramos en nuestra consagración religiosa, y el metal es la cualidad providente de nuestra vida abierta, realista, capaz de 'soldarse' a otras lenguas, otras culturas, universos diferentes, recordándonos que la verdad de la atención al más próximo frecuentemente es garantía de la auténtica preocupación por el más alejado. B. Elecciones en favor de la vida Moye hizo esa elección que se inscribía en toda su historia, lo cual no significa que las realizaciones se aclararan inmediatamente. ¿Dónde tenía que concretarlo: en Francia, en China, en América? El Fundador tuvo que pasar por muchas dudas. Después de reflexionar, rezar, discernir e interpretar los signos como "providenciales", Juan Martin Moye parte para China, a pesar de que la entrada estaba cerrada para los misioneros y eran serios los riesgos de la travesía. Necesitó aquella audacia para que le fuese confirmado que "la Providencia quitará el obstáculo en la medida que haga falta". ¿Cómo podría parecer extraño que haya orientado a sus hijas en la misma radical disponibilidad? Recordemos "el pequeño comienzo" del envío de las primeras Hermanas de la Providencia a una pobre aldea donde las gentes yacían en la ignorancia; las enviaba "sin darles dinero ... exhortándolas a abandonarse enteramente en la Providencia" (Directorio 335). Es lógica de una espiritualidad providente elegir los lugares donde la vida se corrompe y está amenazada. Conocemos hoy esos lugares, que pueden exigir desplazamientos y nuevas reparticiones de fuerzas. Los lugares evangélicos, muy significativos y escasos, donde Jesús pasó, pueden aclarar nuestras elecciones. En un librito sobre la Teología de la Marginación, José Sols Lucía los identifica: Belén, lugar de la exclusión de Dios; Nazaret el despreciado, del que nada bueno podía salir; Samaria, el país de la marginación de los paganos; Jerusalén donde Jesús termina su itinerario, lugar de fracaso y de la condenación criminal. Partiendo de esta relectura evangélica ya sabemos a dónde ir. Jesús comenzó ese recorrido apostólico en una disponibilidad total, abandonado en la Providencia: "He aquí que vengo para hacer tu voluntad", y termina con el "Padre, ¿por qué me has abandonado?". En esos caminos misteriosos es donde el Dios Providente provee a la realización de sus designios. Nuestras elecciones providenciales para la Vida, ligadas a nuestro profetismo nos conducirán, quizá a los infiernos, quiero decir, a esos lugares de la tierra donde la esperanza está ausente y los hombres y mujeres ya están sentados en sombras de muerte en los subsuelos de la humanidad. Es una labor urgente volver a restablecer sobre la tierra a los que actualmente viven 'subalimentados y subdesarrollados' en las situaciones descritas en la primera parte. ¿No se impondría como prioridad urgente en una vocación que quiere ser Providencia para todos, comenzar por los más pobres? C. Riesgos hasta el final de la vida Encontrar a Dios en todo hombre es también encontrar a ese hombre creado y creador, en un continuo comenzar y en una transformación progresiva, como nosotros mismos hemos aceptado nacer lentamente y renacer cada día. Por experiencia sabemos que los cambios no son rápidos, las conversiones nunca terminan, los retrocesos son frecuentes y muchos los fracasos. Ese es el balance de toda vida. El desaliento nos alcanza y la duda deteriora nuestras mejores generosidades. Sin embargo, sin ingenuidad y con sano realismo, asumimos hasta el fin el riesgo tonificante de la Esperanza, palanca de posibles transformaciones. Porque si la Esperanza nos pide el sacrificio de la evidencia ¿no nos introduce en la comprensión de la Providencia que ella vive? Esa comprensión faltó a los discípulos de Emaús, incapaces de descifrar el acontecimiento de Jerusalén, y aún menos, de interpretarlo de manera 'providencial'; incapaces también de traducir sin contrasentido el conflicto que contenía la mayor Esperanza. Si lejos de 'ver' la Vida dispuesta a triunfar según la promesa que habían recibido ¿hubiéramos creído nosotros lo mismo? Habían perdido la audacia de creer y abandonado la apuesta sobre la Esperanza hasta el momento en que "sus ojos se abrieron". Continuando con lo que hemos compartido estos días, una relectura del capítulo 24 de Lucas nos permitirá sacarle un nuevo sentido: La manifestación más esplendorosa de la Providencia es, sin duda alguna, la Vida resucitada de Jesús. Mientras las tinieblas cubrían la tierra y la fría piedra sellaba el sepulcro, Dios Padre y Amigo de la Vida había 'providenciado' todo (había puesto toda su Providencia en acción) para la hora más importante de la Historia. Saliendo de las entrañas de la tierra, descendiendo gloriosa de la Trinidad Santa, la Esperanza ha tomado definitivamente un rostro humano-divino en Jesús y en todos los "que El no tiene vergüenza de llamarles sus hermanos" (Hebreos 2:11). Desde entonces, invencible hoy como ayer, la Esperanza habita en el corazón de todo hombre, a veces escondida, frágil, pero nunca totalmente ausente; tanto es así que esa energía resucitadora ha afectado a toda carne humana en Cristo. Para descubrirla también nosotras necesitamos correr "el maravilloso riesgo de la Esperanza". Esa apuesta puede tener duras consecuencias, porque ser fiel a la Vida, en esos sistemas generadores de muerte, encuentran oposición y rechazo. Es peligroso esperar. Pero sabemos que la muerte no tiene la última palabra. Entonces, ¿qué tememos, con la promesa de la Vida sin fin? Los teólogos nos dicen que la 'promissio' contiene la 'missio', es decir, que la promesa implica la misión; la misión primera es 'proveer' las necesidades de la vida oponiéndonos a todo proyecto que conduzca a la muerte. Lo comprendió Julia Esquivel, aquella mujer de Guatemala que, en las más peligrosas circunstancias, hizo de esa opción su programa y su ideal, arriesgando su propia vida ante el opresor, que cito: "Vivo cada día para matar a la muerte, muero cada día para engendrar vida, y en esta muerte de la muerte, muero mil veces y resucito otras tantas, con el Amor que alimenta en mi pueblo la Esperanza." Conclusión Al término de estos tres días, tendríamos quizá que volver a la proposición inicial que tomé de San Lucas para entrar en la actitud de esta mujer en busca de lo que era para ella mediación de vida, humilde signo de su pan cotidiano. Ella trabajó, se ha cansó, se arriesgó sin perder la Esperanza, y vio coronado su esfuerzo. Dios permita que nuestro esfuerzo no sea en vano. Alégremonos pues, y para que la fiesta sea más hermosa, invitemos a todas nuestras Hermanas a entrar en la danza, en un inmenso corro en torno a la tierra, con el corazón desbordante de una Providencia divina y fraterna. "Sobre toda la Tierra, |