HERMANAS de la PROVIDENCIA y de la INMACULADA CONCEPCIÓN

V a l o r e s


A través de su amor, Jesús fue la providencia del Padre para los hombres, y nos enseñó la ciencia de la Providencia: darnos.

- Constituciones: 53



Las Cuatro Virtudes Fundamentales
________________


Las imágenes de las que se sirve el Fundador para designar las Cuatro Virtudes insisten en su mutua dependencia. Él las llama "fundamento inquebrantable", "columnas" que sostienen el edificio.
Se evocaría naturalmente la encrucijada de la bóveda de una catedral. Se pensaría también en los brazos de una cruz, en la cual cada uno es indispensable para que el signo sea.


Abandono en la Providencia

Es necesario que se abandonen sin reserva en la divina Providencia. Esperarán todo de Dios, el alimento y el vestido, la santidad y la fuerza, los talentos; todo en una palabra.
- J M Moye

Al comenzar la obra de las escuelas, Juan Martín había reflexionado seriamente sobre el riesgo que asumía él mismo, y sobre el riesgo que podrían correr las jóvenes que se vinculaban a su proyecto. Era mejor enviar esas jóvenes donde se las requiriera, sin otros fondos que la Providencia, con la persuasión de que ella no le falta nunca a quienes se abandonan en ella, se entregan a ella con confianza.

El ingreso de la postulante se hará "en un acto de fe en las palabras del Evangelio (Mateo 6:25 >) y en un acto de confianza en la divina Providencia". En estas citas de Moye como en muchas otras, nos tropezamos con categorías de vocabulario que aparecen juntas, "abandono" y "confianza", dos términos que se refieren a actitudes del alma vividas conjuntamente.

Aproximadamente, la confianza nos sitúa ante el presente, y el abandono ante lo eterno. El abandono parece ser a la esperanza lo que la confianza es a la espera. El abandono sitúa el alma en una dependencia completa ante Dios. Es incondicional, irreversible. La exigencia de esta actitud comporta una radicalidad.

Si para traducir esta entrega sin reserva a Dios, Moye a menudo se sirve del vocabulario de la confianza, se trata siempre del mismo acto absoluto. Y ese acto es un "renunciamiento". Pero la originalidad consiste en el hecho de que es en Dios en quien las Hermanas abandonan todo lo que constituye su ser. En las "circunstancias difíciles" ellas dirigirán su mirada, no hacia lo que soportan, sino hacia lo que Dios les envía. Pues si esperan que la Providencia las preserve de los males que perciben, saben que "ella les dará la fuerza para soportarlos" si les llegan.

Tal es pues la disposición esencial de quien se abandona, disposición que recuerda la de Job (11:10): "Si Dios interviene, encarcela y cita a juicio, ¿quién se lo impedirá?", o la serenidad de Pablo: "He aprendido a contentarme con lo que tengo, sé llevar la abundancia, sufrir la pobreza" (Filipenses 4:12).

Puesto que lo han abandonado "todo en Dios", las Hermanas están en paz, en una tranquilidad que no es pasiva. Pues serán capaces de darle un sentido al menor acontecimiento, que nunca es banalizado sino que en este contexto toma la importancia que tiene a los ojos mismos del Señor.


Pobreza

Bienaventurados los pobres en espíritu
- Mateo 5:3

Hay que encontrar, reinventar todo en el gesto de la Encarnación de Jesús. A Moye le gustaba repetir este consejo a sus pobres Hermanas: "Que las niñas con quienes ustedes viven les recuerden sin cesar la sumisión del Salvador que quiso reducirse a la pequeñez de un niño."

"La pobreza es un tesoro porque salvaguarda la acción del Espíritu." Las Comunidades de Hermanas de la Providencia tratan de vivir este valor en el mundo entero. Donde quiera que se encuentre, la Hermana es enviada primero a los pobres. Participa de sus sufrimientos, de sus angustias, de sus aspiraciones. Por solidaridad humana, y para que nazcan a la esperanza.

Todas las ciudades del mundo rechazan su miseria enviándola a la periferia. Tomás de Aquino observaba ya en el siglo 13, que "un mínimo de bienestar es necesario para practicar la virtud". Allá, en los suburbios, en las invasiones, como la pobreza raya en miseria, acarrea todas las demás formas de angustia que son la droga, la violencia, la prostitución. Hay Hermanas de la Providencia que han sido llamadas a estos lugares. Dejaron grandes comunidades por unas más pequeñas. Escogieron la presencia sencilla, la proximidad discreta, los medios pobres. Lo que buscan en esas pequeñas comunidades son los signos interiores de riqueza. Allí se comparten alegrías y tristezas. Se canta, se vuelve a confiar en el otro.

Por todas partes en Europa, en América Latina, en Africa, se dibuja el mismo movimiento, el "vivir con", la participación, la colaboración, cada vez que es posible.


Sencillez

La sencillez es una virtud que nos hace ir a Dios sinceramente, sin rodeos, sin disfraz, con una intención recta, sin otra intención que la de agradarle, y que nos hace obrar y hablar con el prójimo con rectitud, sin fraude y sin malicia.
- J M Moye

Moye captó con finura la ambigüedad de nuestros menores gestos. Hay comportamientos buenos que pueden encubrir intereses muy egoístas.

La sencillez no es una cualidad. Es un trabajo constante sobre sí, sencillamente. Es una rectitud de intención que busca agradar a Dios sin preocuparse por lo que piensan los seres humanos.

Con sencillez, Moye busca el acto auténtico. Por ejemplo, más que querer, como todo el mundo, a los niños que tienen cualidades naturales, Moye pide que se interesen por "los genios lentos", por "los espíritus tardíos". Y en su vida diaria, la suya es una sencillez tal que monseñor Pottier, su obispo en China, habla de él como de "un obispo de oro con báculo de madera".


Caridad

La caridad es la ley en su plenitud. - Romanos 13:10

La caridad bien ordenada comienza por los demás.

Sin oro ni dinero, sin provisión ni apego, Juan Martín desea que las Hermanas estén siempre listas para irse o listas para quedarse, como agrade a Dios y a los seres humanos.

Para Juan Martín Moye, las jóvenes que envía a los caseríos son apóstoles. Pero no juega a la provocación. Invierte sencillamente, con Jesús, los valores tradicionalmente atribuidos a la debilidad y a la fuerza. Y no tiene ningún temor de proyectar a las Hermanas hacia afuera, hacia los demás, los niños sobre todo. "Nada tiene mayor importancia que la educación de la infancia y la juventud, de ella depende toda la vida."

Para Juan Martín, la escuela para todos empieza con los más pobres. Para formar multiplicadoras de esta intuición, las Hermanas de la Providencia fundaron rápidamente varias escuelas Normales. Hoy siguen enriqueciendo esta opción privilegiada por los pobres con otras acciones.

La educación es siempre prioritaria, junto con la catequesis, en las parroquias. A menudo engendra la solidaridad. Las numerosas escuelas de las Hermanas de la Providencia, llegaron a ser el eje de toda una infraestructura social al servicio de un mejor estar y de un mejor vivir cristiano. Evangelización y promoción van a la par y presionan como una urgencia.

En ciertos suburbios o barrios marginados algunas madres se organizan para recibir en su casa a los niños de otras mujeres que, así liberadas, ahora pueden ganar el sustento de la familia. Con la ayuda de un médico, de una enfermera, estas mujeres contribuyen a resolver problemas de desnutrición, de tuberculosis.

Aquí las Hermanas vuelven a enseñar a algunos adultos, gestos vitales pero perdidos, a leer y escribir. Allí prestan servicio en un hospicio completamente deteriorado o en casa de ancianos abandonados por su familia, visitan enfermos, presos o también llegan a construir una maternidad y a trabajar en ella. En otras partes, especialmente en la selva, se organizan dispensarios, centros de nutrición, hogares sociales donde pueden formarse las mujeres, en la higiene, la costura, la utilización de los productos de la tierra.

Alrededor de una o dos Hermanas se organizan grupos de laicos. Son de toda condición social y profesional: empleado, vigilante, chofer, jardinero, profesor, padre de familia, exalumna. Y he aquí personas que se comprometen al servicio de los abandonados, en los barrios donde la pobreza lanza un S.0.S. Aquí para ayudar a las Hermanas a reconstruir unas casas destruidas por un deslizamiento de terreno. Allí para ampliar un pequeño dispensario. En otra parte para acondicionar un centro de nutrición o animar una escuela de tareas.

Las Hermanas aspiran a asegurar una "presencia buena" al lado de los pobres, como Jesús. Porque entienden el Evangelio desde dentro, sobre todo mediante sus propios actos.

El espíritu de Providencia sopla sobre todos.

 

Página Inicial

Página anterior

Página siguiente