Compasión: La Energía Libre de la Providencia
Lucy Zientek, CDP
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Durante muchos años, el Evento Providencia de junio 1994 marcó nuestra introducción a la Nueva Cosmología. Fuimos capacitadas en la nueva historia del Universo, ritualizamos nuestra enseñanza al hacer la Marcha Cósmica, y exploramos la Providencia como "esperanza y curación para la Tierra".
Once años han transcurrido desde aquel fin de semana en Terre Haute, Indiana, y permanecemos en medio de una crisis ecológica de proporciones inimaginables. Los seres humanos han puesto los sistemas planetarios mayores en una situación virtualmente imposible de deuda de energía libre, una deuda que algunos ecologistas estiman requerirá al menos diez millones de años para pagar. ¿Dónde está la Providencia en ésto?
Los seres humanos han involucrado a "todos los poderes de la Comunidad Tierra en el proyecto humano", y en el proceso han llevado a esa comunidad al borde del desastre. Según el cosmólogo evolucionista Brian Swimme, es tiempo de que los seres humanos opten por convertirse en "compasión integral" para el resto de la Tierra y sus especies.
Muchos están de acuerdo en que apoyar el bienestar y la diversidad de las formas de vida de nuestro planeta, protegiendo de una mayor depleción sus limitados y decrecientes recursos, y encontrar maneras para mantenerlos y renovarlos, es una parte integral de lo que significa ser humano. Pero esos muchos todavía no son suficientes para marcar la clase de diferencia que se necesita. Continuamos vaciando la Tierra de sus reservas naturales y contaminamos el ambiente con efecto catastrófico. Si continuamos haciéndolo como hemos hecho, es claro que eventualmente nos enfrentaremos con una opción: Si queremos escoger, tendremos que optar por el planeta. ¿Dónde está la Providencia en ésto?
La voraz cultura consumista, practicada y promovida en particular por el mundo occidental industrializado, es responsable de esta lenta crucifixión de la Comunidad Tierra. La teóloga Sally McFague ofrece una convincente perspectiva espiritual cuando dice que la enseñanza cristiana para los cristianos norteamericanos del siglo 21 significa "vivir de manera cruciforme" una noción alternativa de la vida abundante que incluye una filosofía de: con lo que tengo es suficiente, limitaciones en el uso de energía, y sacrificio para bien de otros.
A pesar de los llamados proféticos a la conversión propuestos por McFague y otros, relativamente poco está cambiando. ¿Dónde está la Providencia en ésto?
Sabemos que la Providencia está presente y trabajando, pero ¿dónde?
"La Providencia", dijo Barbara Doherty en 1991, "es un aspecto descubrible o trabajo de Dios que la razón humana puede investigar y discernir". Su solicitud, como anota el Catecismo, es a la vez "concreta e inmediata". La Providencia es cognoscible; actúa concretamente.
La acción concreta debe ser una acción discernible; tiene un aspecto físico. Los seres humanos nunca han tenido una mejor visión de la realidad física y un entendimiento de cómo funciona esa realidad, que los que tenemos hoy. Podemos hablar con alguna confianza acerca del despliegue del Universo, de la evolución de la vida en nuestro planeta, incluso de los procesos del mundo cuántico. ¿Por qué es difícil ver cómo la Providencia está trabajando concretamente en la crisis ecológica?
La Comunidad Tierra está sufriendo muchísimo como consecuencia de lo que se le está haciendo al ambiente, y nosotros estamos necesariamente concentradas en tratar de cambiar esto. Pero incluso mientras nuestra atención es dirigida a lo que le está ocurriendo a "todo en la Tierra", no podemos olvidar que la crisis ecológica también está comprometiendo la creación a nivel cosmológico. Está ejerciendo un impacto sobre el planeta, así como sobre la Comunidad Tierra. Podemos ver ahora que afectar al planeta es afectar al Universo mismo. La crisis ecológica y nuestra respuesta a ella tiene ramificaciones en la realidad material como un todo.
No tendremos un cuadro completo de lo que está ocurriendo en la crisis ecológica hasta que la hayamos considerado también en la perspectiva cosmológica. Hacer esto nos ayudará a ver con más claridad cómo está trabajando la Providencia en esta situación.
Al tratar sobre la Divina Providencia, el Catecismo de la Iglesia Católica dice:
A los seres humanos Dios incluso les da el poder de compartir libremente la providencia [de Dios] al confiarles la responsabilidad de "someter" la tierra y tener dominio sobre ella. Dios permite así [que los seres humanos] sean causas inteligentes y libres a fin de completar el trabajo de creación, perfeccionar su armonía para el propio bien de ellos y el de sus vecinos. Aunque a menudo son colaboradores no concientes en la voluntad de Dios, ellos también pueden entrar deliberadamente en el plan divino por medio de sus acciones, sus oraciones, y sus sufrimientos.
Génesis 1:28 a menudo se considera transmite el plan de Dios en cuanto a nuestras relaciones con la Tierra, encargándonos de "someterla" y de "tener dominio" sobre ella. A veces, este pasaje ha sido interpretado y aplicado con gran detrimento para la comunidad planetaria.
El Catecismo, sin embargo, cita este pasaje como base de nuestro poder para colaborar libremente en el trabajo de Providencia. Al conocer y aceptar nuestra responsabilidad por la Tierra, nos hacemos capaces de "completar el trabajo de creación".
¿A qué se parece el "completar la creación"? ¿Y qué aspira lograr específicamente la Providencia a través de ello?
Para los seres humanos, "esta consumación será la realización final de la unidad de la raza humana". En el Universo visible, esta transformación ocurre "de tal manera que el mundo mismo, restaurado a su estado original, sin enfrentar otros obstáculos, debe estar al servicio de los justos, compartiendo su glorificación en Jesucristo resucitado". Aunque cada ser humano manifiesta realización en su propia manera, la especie humana y el Universo comparten un destino común. Nuestra resurrección corporal y la transformación de toda la realidad material en Cristo, hacen parte de un solo e igual proceso: "completar la creación".
San Pablo se refiere a este trabajo de Providencia:
Dios nos ha dado la sabiduría para comprender plenamente el misterio, el plan que Dios se complació decretar en Cristo, y realizarlo en la plenitud de los tiempos, para hacer que todas las cosas en los cielos y en la tierra tengan a Cristo por cabeza. (Efesios 1: 9-10)
Pablo describe un proceso que implica integrar niveles de realidad material en Cristo. Un proceso tal debe tener un aspecto físico y espiritual. ¿No podríamos esperar observar algún cambio concreto, físico, en el Universo a medida que este proceso tiene lugar?
La creación material está estructurada en niveles entrelazados de ser. Los electrones, por ejemplo, hacen parte de los átomos; los átomos hacen parte de las moléculas; las moléculas hacen parte de cualquier número de moléculas más complejas. En otras palabras, cada ser es a la vez un todo en sí mismo, y parte de algún otro todo. Nuestra percepción de cualquier criatura, a menos que la podamos ver en estas estructuras a la vez, es a lo sumo imprecisa.
Tal es el caso en nuestra percepción del Universo. Hasta hace poco carecíamos de los medios que nos pudieran mostrar el Universo visible como un todo. Reconociendo sólo sus partes físicas, lo definimos como "la totalidad de los objetos conocidos o supuestos y de los fenómenos en todo el espacio". Desconocida para nosotros, esta imagen era deplorablemente incompleta.
En los últimos decenios, hemos aplicado ciencia y tecnología crecientemente sofisticadas a nuestro estudio de la creación material a todos los niveles. Esto ha provisto una enorme cantidad de información acerca del origen, la dinámica y el desarrollo del Universo, y de la evolución de la vida en nuestro planeta. Con base en lo ahora conocido, se cree que la estructura de toda la realidad física está tejida con una única hebra dorada: la energía del Big Bang. Ya no estamos limitados a ver el Universo como la suma de sus partes. Ahora podemos percibir el Universo a nivel "cosmológico" como un todo único, unificado, y como una criatura con derecho propio.
Esta perspectiva es crucial para abocar la crisis ecológica.
En primer lugar, la perspectiva cosmológica revela que la Tierra es más que un planeta. La Tierra también es la más inmediata presencia del Universo para nosotros. Es donde el Universo es más afectado por nuestras acciones, y donde manifiesta sus efectos. Ahora sabemos que cuando actuamos sobre la Tierra como un todo, actuamos sobre el Universo mismo.
En este momento, la situación ambiental es tal que estamos al borde de hacer eso justamente. Estamos actuando tan poderosamente sobre el planeta que estamos haciendo mucho más que cambiar algo en o cerca de la Tierra. Cuando afectamos irreversiblemente la manera como su aire, el agua, la tierra y la vida se pueden integrar entre sí, cambiamos la Tierra misma. Actuamos sobre el Universo.
Pudimos habernos creído incapaces de hacer tal cosa, pero la misma explosión del progreso científico y técnico que nos trajo la visión del nivel cosmológico de la realidad, también nos hizo capaces de operar físicamente a tal nivel. El alcance de la capacidad humana para impactar la creación material se ha ampliado más de lo que soñamos era posible. Ahora podemos actuar sobre el Universo mismo. Llegamos a ser capaces de actuar sobre la realidad física en su totalidad.
En segundo lugar, la perspectiva cosmológica revela que cada ser material es en su raíz un participante en la energía de aquella bola de fuego inicial, la cual se ha extendido por todo el espacio y la cual ha presentado varias secuencias de transformaciones físicas a través del tiempo. La ciencia evolutiva estudia estos cambios y trata de seguirlos en su desarrollo del Universo y sus criaturas. En última instancia, sin embargo, la historia de la evolución es siempre la historia de aquella energía inicial.
El hecho de que toda la realidad física se deriva de una energía primordial única nos dice que cada ser material en el Universo está relacionado con los demás. Igualmente importante, nos dice que la relación física siempre se expresa, es conducida y es reflejada en dinámica energética.
La dinámica de la energía nos ayuda a discernir en términos prácticos lo que significa estar en "Relación Correcta" con otras criaturas, ya que la energía conduce a la existencia misma. Nuestras relaciones de energía con la Comunidad Tierra son cruciales para cualquier consideración de la crisis ecológica y para todo intento de abocarla.
Sin embargo, la situación ecológica afecta al planeta, así como a la Comunidad Tierra. Tiene implicaciones para el Universo, es decir, para la realidad material en su totalidad. Nuestra respuesta impactará la creación a nivel cosmológico, y esto significa que es el tiempo para considerar quiénes somos en el contexto de la realidad material como un todo, incluso mientras continuamos reflexionando en lo que significa ser humano en el contexto de la Comunidad Planetaria.
¿Cuál es la relación entre la creación misma y lo humano? Esta pregunta ahora puede ser considerada, al menos en amplios esbozos, en términos de dinámica de la energía. Este es el lenguaje de toda la realidad material, y describe las relaciones en esa realidad desde un punto de vista estrictamente físico. La dinámica de la energía que describe la relación entre el Universo y lo humano se encuentra en lo que se conoce hoy acerca de la evolución del Universo y el desarrollo de la Comunidad Tierra.
La relación entre el Universo y lo humano incluye la Tierra. Interesantemente, nuestro poder para colaborar con la Providencia también está basada en nuestra relación con la Tierra. Al explorar la relación entre creación y lo humano desde un punto de vista estrictamente físico, mirando el vínculo energético entre ellos, podemos descubrir un cambio físico particular que indicaría progreso a nivel cosmológico como creación "completada". Al fin y al cabo, la dinámica de la energía a este nivel, de alguna manera debe reflejar, en una forma estrictamente física, la acción concreta de la Providencia mientras trabaja para completar la creación en su totalidad.
La crisis ecológica llama a la especie humana a marcar una diferencia concreta para el Universo así como para la Comunidad Tierra. También nos presenta por primera vez la oportunidad de colaborar con la Providencia de manera libre, conciente y deliberada al nivel cosmológico de creación.
Pero, ¿cómo está operando la Providencia en esta crisis? Como anota Pablo, el trabajo de la Providencia, el trabajo de completar la creación, está dirigido hacia "todo en los cielos" así como a "todo en la tierra". La Providencia, como siempre, está actuando concretamente de manera simultánea "sobre la tierra" y "en los cielos", en dos movimientos mutuamente condicionantes que son parte de un solo y mismo proceso. Juntos, están conduciendo toda la creación a su completación final en Cristo.
Como colaboradores de la Providencia en este trabajo, que creemos ya comenzó, parecería que la manera como abocamos la crisis ecológica tiende a ser parte integral de estos dos movimientos. La humanidad y la creación comparten un destino común. Nuestra propia resurrección corporal y la transformación y la renovación de toda la realidad material en Cristo, hacen parte del mismo proceso. ¿Es posible que la crucifixión que vive la Comunidad Tierra hoy, sea de alguna forma el marco a través del cual la dinámica providencial de resurrección y de renovación debe pasar en su camino para abrazar la creación como un todo?
La actividad providencial en la crisis ecológica debe hacerse más aparente si consideramos cómo la crisis afecta la dinámica de la energía al nivel cosmológico de creación. Esta dinámica nos habla, en una forma estrictamente física, acerca de las relaciones de la realidad material. Estas relaciones nos ayudan a discernir en términos prácticos lo que significa estar en "Relación Correcta" con la realidad material como un todo así como con otras criaturas.
¿Qué le está ocurriendo físicamente al Universo como resultado de lo que le está ocurriendo físicamente a la Tierra? A medida que vemos esto con más claridad, queremos precisar nuestra respuesta en consecuencia. De cualquier manera, a su debido tiempo debemos:
... conocer el significado último de todo el trabajo de creación y de toda la economía de salvación, y comprender las maneras maravillosas como la Providencia ha conducido todo hacia su último término.
El Universo como Energía: Actividad Autoorganizante
No podemos hablar concretamente de la creación o iniciar una discusión de la transformación de la realidad material sin considerar su comienzo:
Toda la energía que existiría en todo el transcurso del tiempo hizo erupción como un quántum único una existencia-regalo singular.
Podemos visualizar este Big Bang como una explosión inmediata y masiva de todo el espacio a la vez, si no fuera por el hecho de que no había espacio ni tiempo antes de que esta explosión ocurriera. Al expandirse, la masa de fuego primordial desplegó el espacio-tiempo para crear los contornos del Universo recién nacido. En consecuencia, el comienzo del Universo fue:
... un tiempo cuando la temperatura era tan alta que las colisiones de los fotones podían producir partículas materiales originadas en la energía.
Quienes no son físicos, por lo común no son concientes de que la materia es energía enormemente concentrada, aunque desde un punto de vista más funcional estamos bien familiarizados con la relación entre ellos: consideremos la cantidad masiva de energía liberada por sólo una "pequeña" bomba nuclear.
A medida que el espacio-tiempo se desplegaba, y aquel "regalo singular" de energía se expandía creando el espacio, el Universo comenzó a enfriarse. Ya no era suficientemente caliente para que se produjera mucha materia adicional, y la que ya se había formado se hizo más estable. La energía primordial logró superconcentrar algo de sí misma como partículas de materia. El resto continuó su diferenciación en otras formas, más familiares de energía.
El mismo "regalo singular" de energía presente al nacimiento del Universo todavía está presente hoy en varias formas. Esto significa que la cantidad total de esta energía es constante - y limitada. Toda la creación física se deriva de ella.
Energía no es una "cosa". Más bien, es movimiento; vibración; flujo; etc. En una palabra, energía es actividad.
Vemos entonces que el Universo mismo no puede ser pensado en absoluto como una "cosa". Extraño como parece, la criatura Universo sólo puede ser apropiadamente comprendida cuando la pensamos como actividad.
La actividad puede ser detectada midiendo la temperatura, ya que la temperatura es una medida de movimiento. Vemos actividad en todo el Universo. De hecho:
... el calor dejado por el Big Bang que creó el Universo está por doquier, y mantiene la temperatura en el espacio sin que descienda de 30 K. [cerca de 454º F] La medición de esta temperatura es la evidencia más fuerte que tenemos de que el Big Bang en realidad sí ocurrió.
Sin embargo, el Universo no es una actividad cualquiera, es una actividad muy específica.
Como realidad física en su totalidad, la energía que constituye el Universo es energía que sólo puede actuar sobre y dentro de sí misma. En otras palabras, el Universo es una actividad autoorganizante.
Pero podemos caracterizar más a esta actividad autoorganizante que es el Universo visible anotando que se organiza a sí mismo de manera muy específica. La creación se organiza en criaturas. El Universo es la actividad - energía - que se organiza a sí misma en formas que ofrecen existencia a las criaturas.
Inmediatamente después del Big Bang, el "regalo singular" de energía comenzó a organizarse a sí mismo. Cuatro nuevas criaturas aparecieron: gravedad, electromagnetismo, y dos campos conocidos como las fuerza nucleares débil y fuerte. Estas criaturas son energías fundamentales autoorganizantes - campos - que el Universo a su vez utiliza para organizarse más aún en estructuras, leyes y procesos - todos los cuales son también propiamente criaturas.
Mientras que el Universo es la energía que se organiza a sí misma en formas que ofrecen existencia a las criaturas, las criatura mismas son organizaciones particulares de porciones de esa misma energía. Reconocemos a cada una de esas "organizaciones" como un todo en sí mismo, es decir, una criatura en su propio derecho. Al mismo tiempo reconocemos a cada criatura como "parte" de la actividad autoorganizante - energía - que es el Universo, la cual mantiene su existencia.
Extrañamente, para que cualquier criatura llegue a existir, debe primero adquirir la energía que necesita para organizarse. Es como si se esperara que la criatura que habría de ser, alcanzara el presente desde el futuro, y sorprendentemente de alguna manera logra tener éxito! Una criatura sólo puede entrar y permanecer en existencia sobre una base de relaciones de energía:
La existencia de cualquier cosa estructurada requiere energía. Ningún desarrollo en parte alguna del Universo puede tener lugar sin energía. Cada desarrollo tiene un costo inevitable, un pago de energía es exigido para cada uno y para todos por anticipado.
Además de tener que adquirir la energía libre que necesita para organizarse, una criatura también debe ser capaz de establecer relaciones favorables de energía con las otras criaturas en su vecindario potencial. A veces, esto es imposible.
Energía significa existencia, y la necesidad de energía guía la organización y el desarrollo del Universo. Como la cantidad de energía libre disponible en el ambiente es siempre limitada, muy comúnmente las criaturas se organizan en "sistemas". Esto les permite integrar sus necesidades de energía en una forma mutuamente favorable.
Una región biológica es un ejemplo de un sistema autoorganizante y esencialmente autosostenible. La región biológica mantiene su integridad mientras se adapta a los estreses ambientales, y lo puede hacer porque ha desarrollado y optimizado mecanismos de retroalimentación de energía con su entorno.
A veces, el estrés que sufre un sistema puede exceder su capacidad para adaptarse. En ese caso, debe disolverse, o, si es posible, reorganizarse. Si es capaz de hacer lo último, puede emerger un nivel de organización totalmente nuevo que podría no haber sido previsto del que lo precedió. Un nuevo "orden" de ser puede aparecer, así como ocurrió hace cuatro mil millones de años cuando la interacción entre la química de la Tierra y las condiciones ambientales resultaron en la emergencia de la primera célula viviente.
Ken Kilber anota que no hay nada mágico en esta capacidad "autotrascendente" de los sistemas outoorganizantes:
Auto-trascendencia es simplemente la capacidad de un sistema para alcanzar más allá de lo dado, e introducir alguna medida de novedad, una capacidad sin la cual, es bastante probable, la evolución nunca habría, y nunca podría, haber comenzado. La auto-trascendencia, que no deja un solo rincón del Universo sin tocar, significa no más, y nada menos, que el Universo tiene una capacidad intrínseca para ir más allá de lo que fue antes.
Autotrascendencia es un tipo de actividad autoorganizante. Según Cletus Wessels, "los sistemas parecen tener un sentido interior de dirección y guía que les permite cambiar y reestructurarse desde adentro". Esto siempre ocurre por medio de interacción con el entorno del sistema:
En respuesta a los disturbios ambientales que señalan la necesidad de cambio, el sistema cambia de una manera que permanece consistente consigo mismo en tal ambiente. Los cambios siempre son consistentes con lo que ocurrió antes, con la historia y con la identidad del sistema.
La Tierra como un Sistema Autoorganizante
La Tierra no es simplemente una roca que gira alrededor de una estrella. Es un sistema autoorganizante. Su atmósfera (aire), hidrosfera (agua), litosfera (roca) y biosfera (vida) están tan integradas entre sí que, en conjunto, actúan como un planeta. Este sistema es la Tierra misma.
Como las esferas de la Tierra han desarrollado mecanismos extraordinariamente sensibles y optimizado la reatroalimentación de energía, el planeta tiene una tremenda capacidad para absorber estrés físico, incluyendo el estrés que las acciones de las criaturas de la Tierra ejercen sobre él.
Como todos los sistemas autoorganizantes, las necesidades colectivas de energía de la Tierra, su producción y su flujo, están equilibrados con el flujo en su entorno - el resto del Universo. Este equilibrio total de energía entre la Tierra y el resto del Universo literalmente determina el rango de posibilidades físicas que se pueden manifestar en la Tierra. Este equilibrio también determina la dirección general del futuro desarrollo de la Tierra, así como los límites dentro de los cuales tal desarrollo ocurrirá.
Consideración de la Dinámica de la Energía
La Providencia completa la creación conduciendo, en Cristo, "todo en los cielos" y "todo en la tierra". Como sabemos que la creación en su totalidad física es una red de relaciones de energía, cualquier aspecto físico de este trabajo de la Providencia se debe reflejar de alguna manera al cambiar las relaciones de energía.
Pero el cambio sólo puede ser observado si sabemos en primer lugar cómo la creación se organizó a sí misma en términos de esas relaciones de energía. Como tanto nuestra capacidad física para actuar sobre el Universo mismo y nuestro poder para colaborar con la Providencia están basados en nuestra relación con la Tierra, considerar la dinámica de energía entre el Universo-Tierra y la Tierra-Humanidad, es crucial.
Universo-Tierra
El Universo es una actividad autoorganizante. Tiene control sobre su propia organización. Es la energía que se organiza a sí misma en formas que ofrecen existencia a las criaturas, las cuales, a su vez, son organizaciones particulares de una porción de esa misma energía. La Tierra es una criatura. Hace parte del todo que es la creación material.
La Tierra no alcanzó la existencia como consecuencia de su propia actividad, sino como resultado de una actividad previa que es el Universo. La Tierra no era libre para determinar si alcanzaba o no la existencia, y tampoco cuándo, dónde y cómo.
Tales decisiones son siempre prerrogativa del Universo, no de la criatura. Tales decisiones están implementadas de acuerdo con procesos que son también el Universo mismo, actuando para organizar su energía a muchos niveles en una forma que ofrece a la criatura, en este caso la Tierra, la posibilidad de existencia. Esa posibilidad se extiende a través de la disponibilidad de la energía libre que una criatura necesita para "ser", en un lugar donde también pueda encontrar relaciones favorables de energía con el resto de la creación.
Una vez esa oferta fue hecha, el sistema autoorganizante Tierra tuvo que hacer lo mismo que cualquiera otra criatura. Tuvo que adquirir del entorno la energía que necesitaba para la existencia, y dirigirla hacia su organización y desarrollo propios.
Durante cerca de quince mil millones de años, el Universo actividad autoorganizante ha estado ordenando su propia energía en formas que ofrezcan a las criaturas la posibilidad de existencia. En la relación de energía entre el Universo y la Tierra, vemos que:
- La Tierra no llegó a la existencia como resultado de su propia actividad. La Tierra es una expresión de la actividad autoorganizante que es el Universo.
- La Tierra no fue libre para determinar si adquiriría o no existencia, y tampoco cuándo, dónde y cómo.
- Hace cerca de cuatro mil quinientos millones de años, el Universo se ofreció a sí mismo (energía organizada en una forma que hizo posible la criatura Tierra) para que la Tierra "fuera".
- Toda la energía que la Tierra fue capaz de adquirir del entorno, la Tierra la dirigió a su organización y desarrollo propios.
- La Tierra se desarrolló como un sistema autoorganizante, con alguna capacidad para adaptarse a su entorno. Su desarrollo futuro (es decir, el rango de posibilidades físicas que pueden ser expresadas en y por la Tierra) hasta ahora ha estado ligado a la actividad autoorganizante que es el Universo, y a la dinámica organizadora del sistema Tierra.
Tierra-Humanidad
Todo lo que ocurre en la Tierra ocurre dentro del contexto de un sistema único de energía, el cual es formado por la integración de las esferas de la Tierra: aire, agua, roca y vida. Incluso cuando esto crea un conjunto de posibilidades direccionales para el futuro desarrollo de la Tierra, también le otorga al planeta una cierta flexibilidad física. La Tierra es capaz de absorber una gran cantidad del estrés puesto en una o incluso en una combinación de estas esferas, y aún mantener su integridad organizacional.
En el contexto de este sistema de energía, la Tierra, como toda la creación, es una red de relaciones de energía.
Gran parte del sistema de energía de la Tierra no es "libre". No está en una forma que las criaturas puedan adquirir y utilizar fácilmente. Como energía significa existencia, esto se traduce en una lucha constante entre las criaturas por la cantidad limitada de energía que está libre.
El cosmólogo Brian Swimme anotó que la lucha por la energía libre es el motor que mueve la evolución del Universo. Este motor decide lo que ha de llegar a la existencia, permanecer en existencia, y perecer. Esta misma necesidad de energía libre mueve la evolución de "todo en la Tierra" la Comunidad Tierra.
Tratando el papel que la energía libre ejerce en el desarrollo del planeta, Swimme observa cómo esta lucha por la energía libre (esencialmente las fuerzas de la "selección natural") conformarán todo en un ser viviente, mientras tenga la oportunidad de actuar sobre las poblaciones de especies en el transcurso de millones de años. El lugar donde un organismo obtiene su energía, no sólo determina su anatomía, también su percepción y su conciencia:
Lo que en realidad tiene lugar en el desarrollo de la conciencia es que, en cada paso del desarrollo, la percepción se relaciona con la acción que tiene lugar en la adquisición de energía libre. Nosotros somos resultado de este proceso de miles de millones de años que conformó las mentes particulares, una forma particular de conciencia.
Nuestra discusión de la dinámica de energía entre la Tierra y lo humano debe considerar la conciencia, ya que la elección de conciencia es reconocida como un factor que afecta el desarrollo en el planeta.
Cualquiera sea su mecanismo físico (un asunto aún en mucha discusión y especulación), la conciencia tiene alguna capacidad para integrar a la criatura con su ambiente. Como tal, la conciencia ejerce una influencia en cómo una criatura relaciona su propia energía y sus necesidades de energía con las del mundo a su alrededor. Vemos entonces que la conciencia tiene algún efecto sobre la organización y la dirección del flujo de energía dentro de la red energética.
¿Sabemos si la lucha por la energía libre influenció de alguna manera la organización de la conciencia humana?
Swimme dice que nuestras mentes son en gran parte similares a otras mentes en el mundo de los primates, y que podemos ver cómo la dinámica evolutiva del Universo conformó la mente de los primeros seres humanos.
Como todas las mentes primates, la mente humana fue conformada para concentrarse en el entorno inmediato. Esta mente "local" tenía un entendimiento muy simple de causa y efecto. Observaba y respondía a lo que estaba a mano. Su atención se dirigía a lo nuevo en el ambiente, más que a lo que le era familiar.
Esta mente también fue conformada para enfocarse en su propia especie y para dirigir su energía a su propio "proyecto". Sin embargo, Swimme anota que este enfoque es característico de todas las especies. La energía que adquieren todas las especies la dirigen al servicio de sus necesidades y deseos propios.
Este enfoque tiene modificaciones a lo largo de todo el proceso de vida, pero en su forma primaria este enfoque sobre la especie misma es universal, precisamente a causa de la selección natural. La selección natural favorece a aquellos que dirigen toda su energía libre a producir más descendencia.
Las especies con preocupaciones acerca de su seguridad (tales como los primates) tienen más probabilidad que otras de adquirir la energía que necesitan, de tal manera que el impulso constante a adquirir "sólo un poco más" es una influencia positiva en términos de supervivencia de las especies. Pero siempre es papel de la comunidad mayor (y no de la especie misma) decir "Suficiente!". La comunidad ejerce control sobre las especies en este sentido a través de mecanismos de retroalimentación, con lo cual el "todo (la comunidad) actúa en forma significativa sobre su "parte" (la especie).
¿Qué podría ocurrir cuando una mente conformada de esta manera está inmersa en un sistema económico capitalista y semiaislada del resto del mundo en un continente rico en recursos? En su llamado a una "Reforma Ecológica", Sally McFague habla sobre la forma de la mente norteamericana del siglo 21:
... el modelo individualista de mercado, en el cual cada uno de nosotros tiene derecho a todo lo que pueda conseguir, está devastando al planeta y haciendo pobre a mucha gentes. Nos vemos como si estuviéramos básicamente separados de otras gentes, mientras reconocemos los derechos de otros también a mejorarse a sí mismos en lo mejor de sus capacidades. Este cuadro de nosotros está tan profundamente grabado en nuestra cultura, que para la mayoría de la gente es simplemente "la manera como son las cosas". Es visto como una descripción de la forma como los seres humanos deben responder a otra gentes y a la naturaleza, pero no es una descripción. Es un modelo, una forma de vernos a nosotros mismos y a la naturaleza. Es, además, una forma que crecientemente está mostrando ser dañina para la mayoría de la gente del mundo y para la naturaleza.
Este modelo individualista de la vida humana, al cual se unieron las fuerzas del mercado del siglo 21, ha resultado en consumismo desenfrenado por los norteamericanos. Sentimos que tenemos derecho a cualquier nivel de bienes materiales y de confort que podamos acumular para nosotros. Hoy, 15% de la gente del mundo con mayores ingresos da cuenta de 86% del consumo privado. Nuestro modelo actual de vida humana está en camino de arruinar a nuestro planeta.
Visto de manera rápida, el consumismo galopante de hoy parece ser la mente local, de primate, en un frenesí alimenticio de energía libre.
Swimme le da crédito a una "imaginación resplandeciente" por el notable éxito para adquirir energía. Al comienzo, los seres humanos traviesos y curiosos se vincularon con otras criaturas, y encontraron formas creativas de ponerlas, a ellas y a su energía, al servicio de la especie humana.
Normalmente, los mecanismos de retroalimentación de la evolución habrían conformado la mente humana, de tal forma que supiera cómo manejar toda la energía que estaba siendo concentrada en su especie. Sin embargo, estos lentos controles evolutivos resultaron ser inefectivos sobre la criatura con tal "resplandeciente imaginación".
Creativo, adaptable y móvil, el ser humano sobrepasó dichos controles. Fue capaz de trasladarse a otras partes si sus necesidades de energía excedían lo que una región biológica podía soportar, y fue recursivo para encontrar maneras de extraer energía de una variedad de ambientes. Con el tiempo, la especie humana cubrió el planeta. Y en el proceso adquirió una parte enormemente desproporcionada de la energía de la Tierra.
Swimme dice que hoy estamos en una crisis porque la especie humana controla poder a escala planetaria, pero está tratando de manejar ese poder utilizando recursos de una mente local, recursos de primate. Observando que la evolución ha conformado al ser humano como una "especie planetaria", él cree que el futuro de cada especie, y el futuro de la Tierra misma, están determinados por su interacción con lo humano, que es la nueva dinámica evolutiva en la Tierra:
Las ballenas determinarán su futuro en términos de su interacción con los seres humanos (primero la hidrosfera, la atmósfera, la biosfera). Y no son sólo los animales los que tengan que tratar con nosotros. También el reino de lo elemental.
¿Cuál es la implicación de todo esto en relación con nuestro papel en la Comunidad Tierra?
Swimme sugiere que nos debemos imaginar a nosotros mismos como "la mente del planeta", y trabajar para encontrar "la forma más efectiva de obtener la energía libre que cada especie desea, cada especie como tal". Al optar por convertirnos en la "conciencia" de la Tierra (que Swimme ve como el paso siguiente en la evolución humana), a nuestra vez podemos conformar el planeta por medio de una "compasión integral".
Pero, ¿qué vemos los seres humanos en nuestra relación de energía con la Tierra, si fuéramos a basar nuestra respuesta sólo en los que los seres humanos ya hemos visto en este contexto? ¿Cómo vemos que el Universo, hasta ahora, ha organizado esta relación?
El ser humano es la criatura que extrae, captura y redirige el flujo de energía en cantidades críticas de muchas fuentes, y a escala planetaria, para su propio proyecto.
Una Mirada Más de Cerca
El ser humano actúa como todas las especies cuando dirige la energía que adquiere en esta forma.
En un Universo que es una red de actividad autoorganizante, todas las criaturas se encuentran en una comunidad de energía y deben competir por la existencia. La creación conforma sus criaturas para dirigir hacia sí mismas cualquier energía que obtengan, y regula su capacidad para hacerlo a través de la comunidad mayor. Las criaturas son así todos en sí mismas; parte de algún otro todo; y la red es una parte.
Las criaturas tienen libertad física en esta red, hasta el punto de que son capaces de acceder a la energía y controlar la organización de esta energía en servicio de sí mismas.
El ser humano fue conformado por la misma dinámica autoorganizante que formó a todas las criaturas de la Tierra, pero con una única combinación de habilidades que le permitieron evitar los mecanismos de retroalimentación que lo habrían preparado para la participación en la Comunidad Tierra. Al hacer esto, la evolución creó un extractor natural y controlador de la energía de la comunidad planetaria.
Al "someter" a las criaturas de la Tierra y adquirir control de su energía a escala planetaria, el ser humano se hizo tan poderoso que hoy se encuentra al borde de actuar sobre el planeta mismo. La perspectiva cosmológica nos muestra que esto es actuar sobre el Universo. También sugiere una conclusión basada en la dinámica de energía que hemos observado.
La creación ha hecho al ser humano para una relación directa consigo mismo. En el ser humano, la creación ha conformado un "otro".
Aquí estamos hablando sólo en términos de energía física, pero quizás podemos caracterizar esta relación aún más.
Por primera vez en los cerca de 4.500 millones de años de historia del planeta, el futuro de la Tierra y de todo en ella es más el producto de la libertad humana que el producto de la actividad autoorganizante que es el Universo y la dinámica autoorganizante de la Tierra. Si no fuera por el sufrimiento obvio en toda la Comunidad Tierra hoy, esto podría ser tomado como evidencia de que la "otra" creación, conformada para una relación directa consigo misma, es como ella misma. En cambio, se hace aparente que debe existir una considerable diferencia en la manera como el Universo y la especie humana organizan energía.
El Universo es aquella actividad que se organiza a sí misma en formas que ofrezcan existencia a las criaturas - incluso a nosotros. Todas las criaturas están cimentadas en esta energía, pero como la creación es una red única, deben competir por la energía. El Universo requiere que todas las criaturas materiales dirijan hacía sí mismas la energía que logran adquirir. La criatura debe relacionarse con la energía en una forma que diga "para mí".
La creación, por el contrario, es ese ser que se dirige a sí mismo hacia la existencia de criaturas. Hay una dirección en esta energía autoorganizante que claramente dice "para ti".
La orientación de la energía parece ser una distinción fundamental entre creación y criatura, con una posible excepción - el ser humano.
La Providencia se ocupa simultáneamente de "todo en la tierra" y de "todo en los cielos" a través de dos movimientos mutuamente condicionantes que son parte de un solo y el mismo proceso. La discusión sobre la crisis ecológica naturalmente se enfoca en cómo proveer las necesidades de la Comunidad Tierra. ¿Qué necesidad es expresada por el Universo en esta crisis? ¿Qué se requiere para hacer el trabajo de la Providencia a nivel cosmológico?
Al conformar a la especie humana, el Universo organizó apertura en sí mismo. Creó su propia necesidad, ya que a menos y hasta que el ser humano opte por orientarse a sí mismo, así como hace la creación hacia la energía, la actividad autoorganizante no fluye completamente como hace la actividad "para ti". La creación no es un todo.
Como especie capaz de obtener y organizar la energía de la Comunidad Planetaria, y como una criatura con conciencia autoreflexionante, el ser humano es libre para dirigir su propia actividad en relación a cómo integrar su energía y las necesidades de energía con las de su entorno. Tiene el potencial de hacerse energéticamente similar a la creación, reorientando libremente su relación fundamental con la energía, del "para mí" común a todas las criaturas, al "para ti" de la actividad autoorganizante misma.
La creación le ofrece a la criatura humana la oportunidad de existir no sólo dirigiendo la energía que adquiere para su propio proyecto, sino también organizándola en la misma forma que la creación se dirige a sí misma, es decir, en una forma que ofrezca existencia a otras criaturas.
Posiblemente, como la conciencia integra a la criatura con su entorno, la creación también daría pasos para influenciar la conciencia humana en formas que alentarían esta reorientación. Si fuera a hacerlo así a nivel personal, la persona y la vida de Jesús de Nazaret, como Dios encarnado y plena revelación de la naturaleza humana para nosotros, necesariamente proveería una clave interpretativa.
La energía está en la raíz de toda realidad física. Su dinámica debe llevar y expresar en alguna forma el aspecto físico del trabajo de completar la creación. No existe un marco físico mayor en el cual observar esto que el del nivel cosmológico.
La dinámica de energía de la crisis ecológica ocurre en este marco, y nosotros somos capaces de situar lo que está ocurriendo allí dentro de un contexto más amplio de la relación en curso entre la creación y el ser humano. Esto es posible por lo que ahora se conoce acerca del desarrollo del Universo, la evolución de la vida en la Tierra, y la realidad material a muchos niveles.
Sin embargo, mientras hemos utilizado relaciones de energía para explorar lo que está ocurriendo a nivel cosmológico en la crisis ecológica, el ser humano por supuesto no puede ser equiparado a energía. Para el ser humano es un compromiso de energía unirse a la Comunidad Tierra, pero parece que "completar el trabajo de creación" requiere una reorientación conciente, libre, de parte del ser humano en lo que toca a cómo se relaciona con la energía que adquiere. Esto es lo que parece traer al ser humano a una Relación Correcta con el resto de la creación, y por tanto con lo que hace único al ser humano.
La creación ha conformado al ser humano para relacionarse consigo mismo, al crear sus propias necesidades y hacer que el ser humano satisfaga esas necesidades. La actividad autoorganizante identificada por la ciencia como la energía primordial de la creación se ha ordenado a sí misma en una forma que, a través de lo humano, puede regalarse a sí misma - pero ¿por qué?
La dinámica de energía sugiere que al ser humano se le está pidiendo que haga una reorientación, conciente, libre, en su relación con la energía, específicamente cambiar la relación de esa energía de "para mí" por "para ti". En la creación, energía significa existencia. Energía significa vida. Inevitablemente, tal cambio tendría un aspecto físico (e implica energía), pero se trata de un compromiso de toda la persona.
Es regalarse a sí misma.
En el caso de "todo en la tierra", este regalo significaría vida para el mundo. Actuaría reestableciendo el flujo de energía en el planeta de una manera que el Universo mismo habría organizado. Es como si la energía libre que las criaturas en el planeta necesitan para su existencia energía que todavía se mide en joules y kilocalorías y ergios fuera transfigurada, adquiriendo un rostro humano.
Pero en lo que tiene que ver con "todo en los cielos", ¿es posible que este regalo sea simultáneamente la transformación de la realidad material misma? ¿Es la creación completada al regalarse a sí misma la energía que constituye la persona, y la cual sólo se hace a sí misma en el auténtico darse?
Pero, entonces ¿"quién" recibiría lo que regalamos a la creación?
La Energía Libre de la Providencia
¿Qué "completará" la creación?
Si darse a sí mismo es ciertamente lo que se requiere para completar la creación en su totalidad, entonces el Cosmos nunca renacerá a menos que digamos que estamos "por la Tierra".
"Tierra! No estoy separada de ti! Estoy por ti!" es una declaración de regalarse. También es una declaración íntimamente relacionada con nuestra propia resurrección corporal en Cristo, ya que esta y la transformación de la realidad material son dos "movimientos mutuamente condicionados" del proceso único que completa la creación.
¿Cómo podría ser suficiente para quienes tienen esperanza en la resurrección corporal esperar que no serán separados de Dios en tal estado? ¿La mayoría de los seres humanos no sólo esperan y viven en una forma que refleja nuestro entendimiento de que no seremos separados de la Tierra?
Zizioulas observa: "La comunión es lo que hace que los seres "sean"; nada existe sin ella, ni siquiera Dios."
Dios como comunión. Pero Dios también es "una fuente sin fuente", el "Yo Soy". Dios es porque Dios libremente escoge ser. Esto significa que,
... en último análisis, no sólo en comunión, sino también en libertad, la persona libre constituye el ser verdadero. El ser verdadero sólo procede de la persona libre, de la persona que ama libremente - es decir, que afirma con fuerza su ser, su identidad, por medio de un acontecimiento de comunión con otras personas.
¿Es posible que la Tierra también encuentre su "propio ser" en nosotros?
Si para llegar a ser ella misma, la Tierra requiere que la humanidad se regale a sí misma, no será suficiente para nosotros entrar en una relación de interdependencia mutua con la Comunidad Tierra, ni siquiera llegar a ser la conciencia del planeta.
Existe una compasión naturalmente expresada en el acto de regalarse cuando se ve que este regalo requiere nuestra reorientación fundamental hacia la energía descrita antes. Esta compasión es la Energía Libre de la Providencia, ahora disponible, liberada para todas las criaturas, incluso para la creación misma. Inherentemente, la compasión mueve criaturas en dirección de la Relación Correcta dentro de la red de energía.
La Energía Libre de la Providencia tiene un carácter Trinitario. Fluye dentro de la comunión nada menos que como el uno regalarse. El flujo de esta energía transfigurada y transformada no está separado de la persona. La persona es el flujo. En último análisis, la Providencia no es lo que hacemos, ni lo que somos. La Providencia es regalarse uno. Fluye y danza y se mueve de uno a otro a otro a otro. No puede ayudar sino construir comunión y también dirigir la energía física. Tiene un rostro humano.
La Energía Libre de la Providencia puede ser expresada a través del compromiso humano para unirse a la Comunidad Tierra, pero es más. Es un regalarse. Abraza la totalidad de la finitud física de la Comunidad Tierra como la nuestra propia, y al comprometernos a una reorientación fundamental a la energía, abrazamos límites también para nuestras personas. Todo acerca de nosotros será diferente, incluyendo nuestras posibilidades para el desarrollo futuro, y nuestras posibilidades para determinar cuál de esos caminos seguiremos.
Visión
La humanidad necesita un entendimiento de sí misma más profundo. Hasta que esto ocurra, la creación gime - y espera la liberación de la Energía Libre de la Tierra. ¿Y si la clave para esta liberación no le diera una nueva mente a cada quien, sino una mejor visión de quienes ya somos?
La visión puede marcar una diferencia. Uno de los mayores descubrimientos de la ciencia del siglo 20 tiene que ver con el lugar del observador en un sistema. A nivel cuántico, la ciencia descubrió de que el cómo observamos afecta lo que vemos, no sólo en términos de nuestra propia percepción, también a nivel de la misma cosa o proceso que estamos observando. El descubrimiento de que la realidad no es absoluta sino participativa y contextual, nos desafía a todos a considerar en qué medida nuestra visión conforma nuestro mundo. Como anota John O'Donohue sucintamente:
La mirada humana no es la vista cerrada, fija, de una cámara sino que es creativa y constructiva. Tanto la mirada que ve y el objeto que es visto, se construyen a sí mismos simultáneamente en el acto único de la visión. Mucho depende de cómo vemos las cosas.
Lo que nos construye la imagen de Dios en este planeta (y lo que nos constituye en personas) no es la conciencia, sino el acto libre de regalarnos. La persona no es conciencia. La persona trasciende incluso a la naturaleza al convertirse en regalo, reorientándose de energía "para mí" a creación "para ti". La naturaleza construye y es completada por el regalarse.
En la Trinidad, Dios es Regalo Personal revelado. Y en Jesús de Nazaret vemos este Regalarse convertido en carne. Dios nos dijo, "No estoy separado de ustedes! Estoy con ustedes!" Lo que nos hace más humanos también nos divinizará.
La visión puede marcar una diferencia, y cómo uno mira y quién está mirando, marcan la diferencia en todo el sistema. El poder de la visión es tal que a veces puede conformar un mundo.
Cuando miramos al "cuadro total" para considerar la visión de Providencia concretamente trabajando en el marco más amplio posible, a nivel cosmológico, vemos que somos conducidos "con cuerdas de compasión, con las bandas del amor" (Oseas 11:4). Regalarse es clave para completar la creación.
Regalarse es siempre persona en flujo, la Energía Libre de la Providencia que simultáneamente construye la creación material transformada y el Cuerpo de Cristo. Este es un proceso ya en camino, un proceso basado en el regalarse personal. La consumación de este proceso para los seres humanos "será la realización final de la unidad de la raza humana". Y para el Universo visible, esta transformación ocurre, "de tal manera que el mundo mismo, restaurado a su estado original, sin enfrentar otros obstáculos, debe estar al servicio de los justos, compartiendo su glorificación en el Jesucristo resucitado."
¿Vemos a la Trinidad en esta visión de la estructura de la realidad material como basada en el regalarse personal? ¿Dónde podría conducir tal visión de Dios? No hay manera de saberlo, porque:
Lo que habremos de ser en el futuro aún no ha sido revelado; todo lo que sabemos es, que cuando sea revelado, seremos como Dios porque veremos a Dios como Dios realmente es. (1 Juan 3:2)
Lo que sabemos es que seremos como Dios - no Padre o Creador, no Hijo o Redentor, no Espíritu o Santificador, sino como Dios - el Uno en Tres, a quien hemos identificado como Providencia.
Franz Josef van Beeck, SJ, al sugerir cómo podríamos aproximarnos a la Teología Trinitaria hoy, nos ofrece una idea convincente:
La afinidad interior con el Misterio en el cual estamos vivos y nos movemos y tenemos ser - Padre, Hijo, Espíritu Santo - puede crecer en nosotros sólo en la experiencia de un Dios como 'el Todo'; el Dios de cada uno de nosotros a expensas de ninguno de nosotros, el Dios que nunca llega solo sino siempre con el Cosmos entero y toda la humanidad. Esta experiencia es el corazón de la adoración común, con sus dimensiones cósmica y universalista, su significativo silencio y su significativo lenguaje, su significativo gesto y su inmovilidad, su interacción de lo visto y de lo no visto - en suma, su doxología hecha tangible.
La práctica de compasión por toda la Comunidad Tierra, de la cual hemos estado hablando, es la doxología hecha tangible, la energía libre de la Providencia fluyendo a través de toda la creación, y moviéndonos hacia un nuevo equilibrio a cada nivel. Y ¿quiénes somos en esta doxología tangible?
Mientras el mundo busca ser cuidado, seremos nosotros, que sabemos lo que significa ser cuidado, quienes cuidaremos de él. ¿Se preocupa Dios? ¿Se preocupa Dios por la humanidad? En el cuidado que la Gente Providencia le ofrezca a nuestro mundo, la cara humana de la Providencia se manifiesta una vez más. Somos nosotros quienes cuidamos a Dios.
Y:
Al dibujar este Amor y la voz de este Llamado
No cesaremos de explorar
Y el fin de toda nuestra exploración
Llegará a donde comenzamos.
Una condición de completa sencillez
(Que cuesta no menos que lo demás)
Y todos estaremos bien
Todas las cosas estarán bien
Cuando la lengua de fuego se pliegue
En el nudo coronado de fuego
Y el fuego y la rosa serán uno.
(T. S. Eliot, "Little Gidding")
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